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Francia

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7.15. 8

La presidencia de Jacques Chirac

Las elecciones presidenciales de mayo de 1995 convirtieron a Jacques Chirac en presidente de la República, al tiempo que Alain Juppé accedía a la jefatura de gobierno. Sus primeras medidas, destinadas a reducir el déficit público a costa de los servicios sociales, provocaron una dura reacción, que se hizo patente en el invierno de 1995 con huelgas generales y manifestaciones populares.

Tal clima de crisis social e inestabilidad política condujo, con el fin de intentar un reforzamiento de la figura de Juppé como primer ministro, a la convocatoria de elecciones legislativas anticipadas por parte del presidente de la República. Celebradas en segunda vuelta el 1 de junio de 1997, los resultados supusieron un auténtico vuelco en la situación: la coalición formada por el Partido Socialista, los ecologistas y los radicales de izquierda obtuvo la mayoría absoluta, a la vez que la coalición de centro-derecha (RPR y UDF) sufría una severa derrota. Juppé presentó su dimisión a Chirac y se constituyó un gobierno dirigido por el socialista Lionel Jospin, en el que la nota más destacada fue la presencia de cinco mujeres al frente de varios ministerios y la incorporación de dos ministros pertenecientes al Partido Comunista Francés. Se iniciaba así un periodo de ‘cohabitación’, como ya había sucedido durante la presidencia de Mitterrand.

A finales de 1997 y principios de 1998, dos acontecimientos marcaron la vida política y social del país: la aprobación por parte de la Asamblea Nacional Francesa de una polémica ley sobre el derecho a la nacionalidad para todos los hijos de inmigrantes nacidos en territorio francés; y las movilizaciones protagonizadas por el movimiento de los parados. La nueva ley, aprobada en la Asamblea con el voto a favor de socialistas y verdes, suavizaría la legislación hasta ese momento vigente y desde 1993 en materia de extranjería, permitiendo obtener la nacionalidad francesa a todos aquellos hijos de extranjeros a partir de los 13 años, si así lo solicitaran, y a los 18 de manera automática, siempre y cuando hayan vivido en el país durante un periodo no inferior a 5 años. Por otro lado, durante los meses de enero y febrero de 1998 se produjo una gran movilización social por parte de los desempleados, que incluso llegaron a ocupar las oficinas de empleo, con un alcance sin precedentes.

El 21 de abril de 2002 tuvo lugar la primera vuelta de unas elecciones presidenciales que resultarían trascendentales en la historia reciente francesa. Chirac fue el candidato más votado, aunque sólo obtuvo el 19,6% de los sufragios, y a muy escasa distancia quedó Jean-Marie Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional que recibió el 17,07% de los votos. Le Pen superó al primer ministro y líder socialista, Lionel Jospin (16,04%), el gran derrotado en esta cita con las urnas, que se vio perjudicado, entre otros factores, por el alto índice de abstención y por la dispersión del voto entre las hasta 16 candidaturas presentadas (muchas de ellas, representantes de opciones políticas de izquierdas). La segunda y definitiva vuelta de estos comicios presidenciales se celebró el 5 de mayo, concurriendo a la misma Chirac y Le Pen. El temor al programa de este último motivó que todas las formaciones de izquierda, centro y derecha moderada del país solicitaran el voto para Chirac, que obtuvo algo más del 82% de los votos y resultó reelegido presidente de la República. Al día siguiente, Chirac nombró primer ministro al liberal Jean-Pierre Raffarin (perteneciente a un pequeño partido de centro-derecha, Democracia Liberal) para sustituir al dimisionario Jospin, y 24 horas más tarde formó un gobierno integrado básicamente por neogaullistas, lo que ponía fin a los tiempos de la ‘cohabitación’. En los comicios legislativos que tuvieron lugar en el mes de junio siguiente, la coalición gubernamental Unión por la Mayoría Presidencial, integrada por la RPR de Chirac y Democracia Liberal, logró 357 escaños en la Asamblea Nacional y, por tanto, una cómoda mayoría absoluta. También se confirmó el declive del Partido Socialista (140 diputados), mientras que el Frente Nacional no consiguió representación parlamentaria. Tras esta cita con las urnas, Chirac pactó un nuevo gabinete con Raffarin, el cual permaneció como primer ministro.

Raffarin comenzó a aplicar su programa político, centrado esencialmente en las reformas de la fiscalidad, la regulación laboral y el sistema de pensiones. Una de sus primeras medidas fue reducir el nivel de aplicación de la jornada laboral máxima semanal de 35 horas, aprobada durante el gobierno socialista de Jospin. Un año más tarde, en mayo de 2003, el gobierno de Raffarin aprobó una reforma de las pensiones que extendió las huelgas por toda Francia durante su discusión parlamentaria. En los siguientes meses, la agitación social prosiguió debido a otras reformas neoliberales como la del sistema educativo. El referéndum que convocó Raffarin y que se celebró el 6 de julio de 2003 en Córcega obtuvo más del 50% de votos negativos. El proyecto gubernamental pretendía “modificar la organización institucional de la isla”, otorgándole un mayor nivel de autonomía. En abril de 2004, Chirac volvió a otorgar su confianza a Raffarin, pese a la crisis social, pero le sugirió que frenara en lo posible sus más conflictivas medidas neoliberales. No obstante, el gobierno conservador prosiguió modificando la aplicación real de la ley de las 35 horas semanales.

En otro orden de cosas, en noviembre de 2002, se constituyó la Unión para un Movimiento Popular (UMP, las mismas siglas que la coalición que permitió la reelección de Chirac meses antes), el partido que integró a la Democracia Liberal de Raffarin y a la RPR de Chirac y Juppé. La UMP eligió a este último su primer presidente, quien resultó condenado, en enero de 2004, por contratar ilegalmente a siete personas cuando fuera, entre 1983 y 1995, responsable de finanzas del Ayuntamiento parisino gobernado por Chirac, cuyo mandato se vio también ensombrecido por estos hechos.

El 29 de mayo de 2005 fue la fecha elegida por Chirac para la celebración de un referéndum vinculante que habría de decidir la postura francesa frente a la Constitución europea. Dos meses antes, el Congreso (reunión de la Asamblea Nacional y el Senado) adoptó una reforma de la Constitución de 1958 (que hacía la número 18) para aceptar el texto de dicha Constitución de la UE antes de someterlo al citado plebiscito. En las urnas, casi el 55% de los votantes optó por el ‘no’, en tanto que el ‘sí’, preconizado por el centro derecha oficialista de Chirac y Raffarin, y por François Hollande desde el Partido Socialista (en el que hubo disidentes, liderados por Laurent Fabius), fue respaldado por algo más del 45%. Estos resultados, que suscitaron una notable conmoción en la Europa de los 25, tuvieron como consecuencia inmediata la dimisión de Raffarin y de su gabinete. Chirac nombró primer ministro al hasta entonces responsable de Interior, Dominique de Villepin, quien tendría como ‘número dos’ al presidente de la UMP, Nicolas Sarkozy. El nuevo gabinete se comprometió a luchar con urgencia contra el desempleo, considerado el factor que había decantado a los franceses por dar un voto de castigo al anterior gobierno adhiriéndose a la posición defendida desde la ultraderecha por soberanistas y euroescépticos, y desde la extrema izquierda por todos los opositores a la que consideraban Europa del neoliberalismo.

Sin embargo, el descontento prosiguió y así, en octubre de ese año 2005, tuvo lugar una huelga general en el país, convocada por los principales sindicatos contra las primeras reformas del mercado de trabajo emprendidas por el nuevo Consejo y demandando mejoras salariales. A finales de ese mes, la muerte accidental de dos muchachos en un barrio de París, en una supuesta persecución policial, fue el detonante de la que pasó a ser conocida como ‘revuelta de los suburbios’. Tuvo lugar durante las siguientes tres semanas, inicialmente en las poblaciones y distritos socialmente más deprimidos de la periferia capitalina, aunque rápidamente se extendió a otras ciudades del Estado. Más de 4.000 personas resultaron detenidas como consecuencia de los enfrentamientos con la policía, del incendio de millares de vehículos y de la destrucción de numerosos edificios. Los protagonistas de estos graves incidentes pertenecían a los sectores sociales más afectados por el desempleo y la pobreza, cuya subsistencia dependía de subsidios estatales, entre ellos muchos descendientes de población inmigrante. Para poner fin a los disturbios, el gabinete de Villepin (en el que destacó la política de firmeza de Sarkozy, quien, como titular de Interior, personificó la actitud de “tolerancia cero”) declaró el estado de emergencia y autorizó a los prefectos gubernamentales a imponer el toque de queda; al mismo tiempo, se anunció el establecimiento de nuevos programas de medidas sociales (relativas al empleo, la vivienda y la educación, entre otras materias) destinado a atajar la causa profunda de la crisis, identificada con la demanda de igualdad de oportunidades por parte de los sectores más desfavorecidos de la sociedad (también hubo opiniones que culpabilizaban de los conflictos a grupos relacionados con la delincuencia organizada o el islamismo radical, que habrían canalizado, para sus propios intereses, el malestar de los marginados).

La conflictividad social reapareció con fuerza en marzo y abril de 2006, esta vez protagonizada por estudiantes, sindicatos y el conjunto de la oposición de izquierdas, que consideraban inaceptable la reforma laboral aprobada por decreto por el gobierno de Villepin en el marco de la Ley para la Igualdad de Oportunidades. El objetivo de las críticas eran, especialmente, los artículos de la misma que establecían el Contrato de Primer Empleo (CPE) para menores de 26 años (que contemplaba el despido sin justificación ni indemnización en el transcurso de los dos primeros años del primer empleo remunerado). Chirac promulgó la polémica ley, pero congelando su aplicación hasta que fuera modificada; para ello, instó al gobierno a que la suavizara, reduciendo el periodo de prueba a un año y reconociendo el derecho del trabajador a conocer el motivo de su cese. Sin embargo, la presión popular hizo que el gobierno retirara el CPE, que fue finalmente derogado.

El 22 de abril de 2007, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los aspirantes más votados fueron el candidato de la UMP, Nicolas Sarkozy (31,2% de los sufragios) y la socialista Ségolène Royal (25,9%), quienes superaron a François Bayrou (18,6%), de la Unión por la Democracia Francesa, a Le Pen (10,4%) y a Olivier Besancenot (4,1%), de la Liga Comunista Revolucionaria. En la segunda vuelta, celebrada el 6 de mayo siguiente, ganó Sarkozy (recabó el 53,1% de los votos, por el 46,9% de Royal), quien durante ese mismo mes tomó posesión como presidente de la República y nombró primer ministro a François Fillon. A continuación, en junio, se desarrollaron comicios legislativos; si bien la UMP consiguió la victoria y una cómoda mayoría en la Asamblea Nacional, perdió escaños en la cámara, situación inversa a la que vivió el Partido Socialista, que incrementó su número de representantes.

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