![]() |
Resultados en Windows Live®
Resultados en Windows Live® Esquema
Bibliofilia, adquisición de libros por parte de un coleccionista privado, una institución o una biblioteca. El término se emplea generalmente para referirse a la compra o búsqueda de ejemplares raros y excepcionales, pero en ocasiones se limita a las actividades de los bibliófilos especializados en este tipo de libros.
La rareza y el valor de un libro se establece analizando diversos criterios, muchos de los cuales no guardan ninguna relación con el mérito literario de la obra. El valor de los libros puede venir determinado por: la limitación de la tirada, el modo de impresión, el tipo de papel o el alto coste de los procedimientos y los materiales empleados para su reproducción y su encuadernación. Los libros más codiciados por los coleccionistas suelen ser las primeras ediciones (por lo general muy reducidas); los de escritores de prestigio que no alcanzaron la fama hasta el final de su vida o incluso después de su muerte; los llamados incunables (ejemplares impresos en Europa desde la aparición de la tipografía hasta 1501); y los libros publicados en los años inmediatamente posteriores a la invención de la imprenta (desde mediados del siglo XV hasta finales del XVII). Muchos de estos libros han desaparecido con el paso de los años, y otros han sufrido importantes daños, lo que aumenta considerablemente el valor de las escasas copias que aún se conservan. Entre los libros raros algunos adquieren un valor especial para los bibliófilos por haber sufrido daños en la impresión y encuadernación: una cubierta defectuosa, una página de créditos superflua o desaparecida o un error tipográfico importante; o por haber pertenecido a personajes ilustres, que anotaban inscripciones o comentarios en sus páginas. Otros ejemplares codiciados por los coleccionistas son los manuscritos miniados, es decir, libros caligrafiados e ilustrados a mano y encuadernados antes de la invención de la imprenta, así como los manuscritos originales (en esta categoría se incluyen asimismo las obras modernas mecanografiadas o en galeradas). La primera categoría posee una importancia intrínseca, desde el punto de vista histórico y artístico; la segunda interesa especialmente a los filólogos y los críticos, porque contienen cambios y correcciones realizados por el autor durante el proceso de creación y edición. Además de libros raros, los bibliófilos se interesan por colecciones temáticas que responden a sus intereses personales. Pueden ser libros de viajes, los ilustrados por ciertos artistas, ejemplares impresos por particulares, biografías de un personaje determinado, o todas las ediciones de los libros de un mismo escritor. El coleccionista que consigue reunir una colección especial a lo largo de su vida contribuye a la preservación de los libros para la posteridad, ya que muchas de las grandes bibliotecas académicas del mundo se crearon a partir de colecciones particulares.
La historia de la bibliofilia se remonta a la fundación de la Biblioteca de Nínive por el rey asirio Assurbanipal (669-627 a.C.), aunque el filósofo Aristóteles (384-322 a.C.) ya poseía una colección privada que, al parecer, sirvió de modelo para la gran Biblioteca de Alejandría, fundada por el rey egipcio Tolomeo I Sóter y ampliada por su hijo, Tolomeo II Filadelfo, que llegó a contener hasta 700.000 volúmenes de papiro. En Pérgamo, Eumenes II reunió otra importante colección de libros formada por unos 200.000 pergaminos. Durante la edad media, gracias a los esfuerzos individuales y colectivos, se fundaron importantes bibliotecas en iglesias, monasterios y catedrales. Las universidades lo hicieron a partir del siglo XII. El interés por el coleccionismo de libros se relata ya en el Philobiblon (1473), obra de Richard de Bury, obispo de Durham. Animados por el espíritu del humanismo, la aparición de la imprenta y el aumento general del nivel de vida, los grandes comerciantes y gobernantes de los siglos XV y XVI reunieron importantes colecciones de manuscritos y de los primeros libros impresos; así nacieron, entre otras, la Biblioteca Vaticana y la española del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Durante los siglos XVII y XVIII la bibliofilia causó auténtico furor en Europa, especialmente en Francia. Personajes como el cardenal de Richelieu, Giulio Mazarino y Jean-Baptiste Colbert figuran entre los coleccionistas más destacados. Durante esta época se crearon también importantes bibliotecas de corte, que más tarde se convertirían en bibliotecas nacionales. Hacia finales del siglo XIX el centro de la actividad bibliófila internacional se desplazó de Europa a Estados Unidos y, ya en el siglo XX, nació en Moscú la Biblioteca Lenin, la más grande del mundo en cuanto a número de ejemplares. Los libros raros alcanzan precios muy elevados en las subastas y las transacciones privadas. En 1812 se vendió en Londres una copia de la primera edición de El Decamerón, de Giovanni Boccaccio, por 2.260 libras; fue probablemente el precio más alto pagado por un solo ejemplar desde que comenzaran las subastas de libros en el siglo XVII. En el siglo XIX Londres se convirtió en el centro internacional del mercado de libros raros (aquellos que por diferentes causas se convierten en una excepción). Algunos de ellos llegaron a adquirir una especial relevancia histórica, entre los que figuran la Biblia de Gutenberg (impresa en Maguncia entre 1450 y 1456), la primera edición de las obras completas de William Shakespeare (1623), de La Celestina (de origen bibliográfico desconocido), El septenario de los dolores de María Santísima de José Antonio de San Alberto (1781, considerado el primer libro impreso en Buenos Aires y del que sólo se conservan dos ejemplares) o la edición impresa en hojas de corcho de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.
© 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos. |
© 2008 Microsoft
![]() ![]() |