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La práctica de la religión ha estado controlada por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), siendo incluso perseguida durante casi siete décadas; ello ha provocado la aparición de numerosos credos, sectas y confesiones religiosas desde la disolución de la URSS. Los misioneros y otros proselitistas han conseguido la introducción en Rusia de una amplia variedad de credos religiosos y nuevas filosofías de vida. El restablecimiento de la religión como tal ha motivado el resurgimiento de las religiones tradicionales, en particular la de los cristianos ortodoxos junto con otras formas de cristianismo, islamismo, budismo y judaísmo. Los musulmanes y budistas residen en áreas específicas: los primeros se concentran en las repúblicas del norte del Cáucaso y la región del Volga medio, mientras que los budistas se aglutinan en la República de los Calmucos, en la costa noroccidental del mar Caspio. En contraste, los judíos y los cristianos no ortodoxos están dispersados por todo el territorio nacional. La fe ortodoxa (véase Iglesia ortodoxa) fue adoptada en el siglo X por los eslavos del este gracias a la actividad de misioneros procedentes del vecino Imperio bizantino y es la práctica religiosa mayoritaria del país. Alrededor de 37 millones de personas (esto es, una cuarta parte de la población) profesaban la religión ortodoxa a principios de la década de 1990. Los no creyentes ven con respeto una Iglesia que es símbolo de la herencia y cultura rusas. Los días de fiesta ortodoxos están regulados por el gobierno y los mismos dirigentes políticos participan en las fiestas eclesiásticas. Durante su presidencia, Borís Yeltsin se reunió en repetidas ocasiones con el patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Alexei II, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, la cual conserva un papel importante en la sociedad postsoviética a pesar de estar dividida: una facción antisemita, de gran repercusión nacional y muy intolerante, está en oposición a todas las otras facciones más tolerantes, orientadas hacia propósitos ecuménicos extensibles a todo el mundo. Los puntos de controversia a los que ha tenido que hacer frente a la Iglesia ortodoxa rusa son la resurrección de la Iglesia uniata de Ucrania, que adopta los mismos ritos ortodoxos pero reconoce la supremacía del Papa de la Iglesia católica, y el establecimiento de iglesias ortodoxas independientes en las antiguas repúblicas soviéticas.
La educación e instituciones culturales en Rusia han estado restringidas y supervisadas exclusivamente por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) durante casi siete décadas, momento a partir del cual consiguieron una mayor libertad, en particular, bajo la política de glasnost (en ruso, ‘transparencia’) del dirigente soviético Mijaíl Gorbachov (1985-1991). Esta liberalización se aceleró tras la caída del PCUS y la disolución de la URSS; desaparecieron las imposiciones ideológicas y en las escuelas públicas se desarrollaron y promovieron nuevos métodos de enseñanza, a la vez que se establecieron escuelas privadas y desaparecieron las prohibiciones de carácter antirreligioso o de expresión artística. No obstante, con la disolución de la URSS, las instituciones educativas y culturales sufrieron el peso de los problemas financieros que la política monetaria gubernamental no pudo amortiguar. Para conseguir su financiación, muchos de los museos y centros culturales emprendieron actividades comerciales.
Rusia ha heredado del periodo soviético un sistema educativo de importante desarrollo. Las autoridades soviéticas establecieron una extensa red de instituciones para los niveles de preescolar, enseñanza primaria, secundaria o media y de enseñanza superior, además de proporcionar una educación continuada de carácter gratuito para adultos. Los niños entran en la escuela con 6 años, iniciando un periodo que dura cuatro años; la educación intermedia comienza en el quinto curso y continúa hasta el noveno; después, los niños entran en escuelas superiores o en institutos de formación profesional o técnica donde realizan periodos de prácticas. En el curso 2000 se matricularon 5.702.348 alumnos en enseñanza primaria. Tanto las guarderías y jardines de infancia como las escuelas infantiles están muy bien dotadas. En 1989, casi el 70% de los niños en edad preescolar, es decir menores de 6 años, pasaron por una de estas instituciones estatales, lo que supone una de las mayores proporciones en relación a otras repúblicas de la antigua Unión Soviética. El país cuenta también con un gran número de orfanatos (alrededor de un millar, que equivalen al 70% del total de las antiguas repúblicas soviéticas). El sistema especial de educación secundaria o media está también muy desarrollado. En 1989 Rusia contaba con 2.595 instituciones especializadas en este tipo de educación, lo que equivalía al 57% del total de las antiguas repúblicas soviéticas. La tasa de escolarización en 2002–2003 fue de un 95%. Las escuelas de enseñanza media e institutos especializados forman tanto a profesionales como a trabajadores semicualificados: técnicos, enfermeros, maestros de educación primaria y otros especialistas que normalmente actúan como asistentes de profesionales titulados por las instituciones de enseñanza superior. Los programas de este tipo de escuelas duran más de cuatro años y los alumnos graduados reciben el equivalente a una educación media, además de estar especializados en materias técnicas. Las escuelas de formación profesional imparten programas de uno a tres años en la enseñanza de disciplinas total o parcialmente especializadas; así los estudiantes pueden completar una educación media a la vez que obtienen una formación profesional. En 2002–2003 Rusia contaba con instituciones de educación superior con un número de estudiantes que suponía el 69% del total de la población en edad superior a los 15 años. Las universidades sólo suponen una pequeña proporción de estas instituciones, ya que la inmensa mayoría son institutos especializados en formación profesional. Un elevado porcentaje de estudiantes completa cursos a distancia o acuden a las clases sólo a tiempo parcial. La enseñanza ha sido siempre gratuita, incluso los estudiantes reciben un salario mensual, pero algunos centros universitarios están hoy proyectando el cobro de las inscripciones. Las universidades más importantes del país son la Universidad estatal M.V Lomonósov (1755) en Moscú, la Universidad estatal de San Petersburgo (1819), la Universidad estatal de Kazán (1804) y la Universidad estatal de Novosibirsk (1959). Otras universidades importantes son las de Rostov del Don, Nizni Nóvgorod, Tomsk, Vladivostok y Vorónezh. Aparte de estas universidades e institutos, entre las más importantes instituciones culturales figura la Academia de Ciencias Rusa, que es una de las primeras organizaciones mundiales dedicadas a la investigación. Para graduarse en las instituciones de enseñanza superior es necesario aprobar cuatro o cinco cursos lectivos, tras lo cual los estudiantes pueden acceder a cursos especiales para graduados que duran de uno a tres años. Los alumnos ya graduados que aprueban todos los cursos y los correspondientes exámenes, y han llevado a cabo la lectura de sus tesis, reciben el título de candidato en ciencias, equivalente al de doctor en Estados Unidos. Hay, no obstante, un título superior, el de doctor en ciencias, otorgado sólo a personas con varios años en el ejercicio de su carrera y que han contribuido al progreso de sus disciplinas.
Todos los éxitos en literatura, música, ballet y teatro se representan en las distintas instituciones culturales. Rusia cuenta con un gran número de museos de todo tipo, entre los que se encuentran museos al aire libre bien conservados. La mayor parte de estas instituciones están reunidas en Moscú y San Petersburgo; aquí está el Museo del Ermitage, de gran fama por ser una de las mejores pinacotecas del mundo. Moscú es sede del Museo de Armas ubicado en el Kremlin, la Galería Tretyakov, que reúne una importante colección de arte ruso, el Museo estatal Pushkin de Bellas Artes, el Museo de Arte Tradicional, el Museo Central y el Museo de la Revolución, además de otros muchos, con colecciones más especializadas. La colección permanente de las actividades económicas nacionales en Moscú ofrece una gran panorámica de los logros contemporáneos en disciplinas tan variadas como ciencia, industria y agricultura. Al noreste de Moscú hay un conjunto de seis viejos kremlims (ciudadelas) que se utilizaron como sedes de gobierno de las ciudades-estado durante la edad media. Estas villas se han restaurado como parte de un circuito turístico conocido como el “anillo dorado”. Rusia cuenta con miles de bibliotecas de distintas especialidades. De entre ellas, la más conocida es la Biblioteca Estatal de Rusia, ubicada en Moscú, que alberga más de 30 millones de volúmenes en 250 lenguas, siendo por tanto la mayor colección del mundo. Otras bibliotecas importantes son la Biblioteca estatal pública M. E. Saltykov-Shchedrin en San Petersburgo (con unos 28,5 millones de volúmenes), la Biblioteca de la Academia de Ciencias Rusa, con 12 millones y la Biblioteca estatal M.V. Lomonósov en Moscú, con unos 6,6 millones de volúmenes. Los teatros más conocidos de Moscú son el Bolshói (‘el grande’), el Maly (‘pequeño’) y el Teatro de las Artes de Moscú. Además, en el Palacio de Congresos del Kremlin, con más de 6.000 localidades, se representan las producciones más importantes de ópera y ballet del Bolshói. Otros teatros de interés son el Teatro Central Infantil de Moscú, el Teatro de los Jóvenes Espectadores de Moscú, el Teatro Central de Títeres de Moscú, el Teatro de las Artes de Moscú, la Academia de la Música, el Teatro de la Ópera y el Instituto de Artes en San Petersburgo junto con el Teatro Académico de Ópera y Ballet de Kírov, el Teatro de la Ópera Maly y el Teatro Académico Dramático Pushkin.
Al igual que en otras antiguas repúblicas soviéticas, la economía se ha visto afectada de forma muy negativa por la disolución de la URSS. El declive económico, que comenzó en los últimos años del periodo soviético, alcanzó el 20% en 1992. En 2006 el producto interior bruto (PIB) fue de 986.940 millones de dólares. La inversión ha disminuido en un tercio desde los últimos años de la década de 1980, y la inflación anual ha llegado a ser del 1.000%. El poder adquisitivo de la moneda rusa, el rublo, ha caído de forma alarmante desde el valor oficial de 0,6 rublos por dólar estadounidense en 1988, a algo más de 1.000 rublos por dólar en 1993. El enorme déficit presupuestario, heredado del periodo soviético, es el equivalente a una quinta parte del producto nacional bruto. Las causas de esta depresión económica son el hundimiento del modelo comercial tradicional y la demora en la ejecución de las reformas económicas. El comercio entre Rusia, el resto de las antiguas repúblicas soviéticas y los países de Europa del Este ha disminuido de forma considerable desde los últimos años de la década de 1980, en que estos países europeos acabaron con sus respectivos regímenes comunistas y con el sistema comercial bajo el control soviético, a partir de lo cual la producción empezó a estancarse. Además, los acuerdos comerciales entre Rusia y otras repúblicas han generado problemas, en especial sobre el precio de las exportaciones del petróleo ruso. Las reivindicaciones por parte de los diferentes estamentos administrativos de Rusia no han hecho más que añadir confusión a la hora de establecer posibles acuerdos con el gobierno ruso. Las reformas de mercado, perseguidas con gran vigor por parte del presidente Borís Yeltsin y sus partidarios, comenzaron en 1992, pero se enfrentaron con una resistencia generalizada encabezada por los directivos del sector industrial y de otros más conservadores. A pesar de las protestas de los funcionarios públicos, el Banco Central de Rusia emitió en 1992 ayudas a gran escala para financiar a las empresas en declive, lo cual contribuyó a aumentar la inflación y el déficit presupuestario. A comienzos de 1993, la banca privada se adhirió a las directrices gubernamentales sobre ayudas financieras. La privatización continuó —alrededor de un tercio de todas las empresas municipales y estatales fueron privatizadas a finales de 1993—, pero este proceso dependió en gran medida del apoyo de las administraciones locales; en algunas ciudades, como Nizni Nóvgorod, San Petersburgo o Yaroslavl este proceso se llevó a cabo mucho más rápidamente que en el resto del país. Además, el armazón legal para llevar adelante la privatización estaba incompleto. La propiedad privada, venta y arrendamiento de tierras no se legalizaron hasta octubre de 1993, cuando el presidente Yeltsin emitió un decreto que revocaba una moratoria de diez años, que impedía la reventa de tierras, impuesta por la legislación entonces vigente. Esta acción legal pretendía acelerar la liberalización económica de Rusia, aunque las previsiones del futuro económico inmediato seguían siendo bastante poco prometedoras.
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