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Primate

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3

Características físicas

A lo largo de la evolución, los primates han conservado una serie de características físicas que han perdido la mayoría de los mamíferos. Así, por ejemplo, todos los primates conservan clavículas funcionales, que se han reducido o desaparecido en otros grupos de mamíferos. Además, la dentición de los primates ha permanecido prácticamente sin especializar, en comparación con los profundos cambios que ha sufrido la dentadura de otros grupos de mamíferos.

Como consecuencia del proceso evolutivo, muchos mamíferos han perdido gradualmente los huesos de las manos y de los pies, al irse adaptando a los distintos modos de vida. Por el contrario, casi todos los primates conservan la estructura primitiva del miembro pentadáctilo y, en la mayoría de los casos, los dedos han aumentado su flexibilidad. El aye-aye, un prosimio propio de Madagascar, posee en la mano un dedo muy largo y delgado provisto de una garra afilada. Los aye-ayes utilizan este dedo para sacar las larvas de insectos de la corteza o de la madera. El proceso evolutivo también ha afectado al desarrollo de los primeros dedos de las manos y de los pies de los primates. En la mayoría, el primer dedo del pie es oponible y, en muchas especies, también el de la mano. Esto les permite oponer el pulgar a cualquiera de los otros dedos, haciendo una función de pinza que les permite agarrar numerosos objetos. Los dedos de las manos y los pies llevan uñas, otra adaptación que ayuda a estos animales a manipular objetos con gran destreza.

La cola no está presente en simios y seres humanos aunque en la mayoría de los monos y prosimios tiene una función importante, pues les ayuda a mantener el equilibrio cuando se desplazan por la copa de los árboles. Muchos monos del Nuevo Mundo tienen colas prensiles, que les permiten colgarse de rama en rama.

Los ojos se desplazan hacia la parte anterior del rostro; de esta manera se produce un solapamiento de los campos de visión, lo que les permite tener una visión estereoscópica (tridimensional). Además, otra característica distintiva de los primates es el desarrollo del cerebro, especialmente en los primates antropoideos, donde los hemisferios cerebrales se hacen cada vez mayores. Otra diferencia con respecto a otros mamíferos es que la parte del cerebro relacionada con la visión es grande, mientras que la parte relacionada con el olfato es, comparativamente, más pequeña.

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Alimentación

El orden de los Primates incluye unas pocas especies que se alimentan exclusivamente de carne (carnívoras) y también algunas que son estrictamente vegetarianas (herbívoras). Sin embargo, la gran mayoría posee una dieta más variada (especies omnívoras). Los primates carnívoros son las cuatro especies de tarseros que viven en el Sureste asiático. Estos cazadores nocturnos utilizan sus largas patas traseras para saltar sobre sus presas, sujetándolas con sus manos y matándolas con sus dientes afilados.

Otros prosimios, como los gálagos y los lémures, también cazan insectos pero complementan su dieta con otros alimentos, como lagartijas, huevos de aves, frutas y savia de las plantas. Esta forma oportunista de alimentarse es común en la mayoría de los monos y también en los chimpancés. Se sabe que varias especies de monos y chimpancés, aunque no de otros simios, atacan y se alimentan de otros monos. Los babuinos a menudo se alimentan de carne y algunas veces pueden cazar antílopes pequeños.

La mayoría de los simios y los monos se alimentan de diversas partes de las plantas, aunque algunas especies se han especializado en comer exclusivamente hojas. El mono aullador sudamericano y el colobo africano comen hojas de distintos árboles, pero el mono narigudo o násico, que habita en la isla de Borneo, es más selectivo y se alimenta exclusivamente de hojas de los mangles. Los monos que se alimentan de hojas poseen un sistema digestivo modificado, similar al que tienen las vacas, que les permite digerir una comida que otras especies no son capaces de asimilar. Otros simios y monos comen fundamentalmente frutas mientras que algunos, como los lémures y los titís, dependen de la savia de los árboles.

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Reproducción

Comparados con otros mamíferos, los primates tienen pocas crías y su desarrollo es bastante largo. El periodo de gestación, es decir, el tiempo que transcurre entre la concepción y el nacimiento, es largo comparado con el de otros mamíferos de tamaño similar. Un tarsero, por ejemplo, da a luz una sola cría, tras un periodo de gestación de aproximadamente seis meses. En cambio, un roedor de tamaño similar da a luz a seis o más crías después de un periodo de gestación de aproximadamente tres semanas. La mayoría de los primates dan a luz una sola cría, aunque algunas especies pueden parir dos o tres.

Una vez que la cría nace, el periodo de alimentación y protección por parte de sus padres suele ser largo. En prosimios de pequeño tamaño las crías suelen ser destetadas cuando cumplen las cinco semanas. Sin embargo, los simios alimentan a sus crías durante tres o cuatro años y los pequeños pueden permanecer bajo la protección de sus madres durante seis años o más. Esta larga ‘infancia’ —que alcanza su grado extremo en los seres humanos— es una característica importante en el desarrollo de los jóvenes primates porque les permite aprender los numerosos modelos de comportamiento.

Algunos primates tienen épocas reproductoras concretas pero la gran mayoría pueden reproducirse en cualquier época del año. En muchas especies las hembras emiten olores especiales para advertir que se encuentran en estro, el momento del ciclo reproductor de la hembra en que los óvulos son liberados y esta es receptiva al apareamiento. En algunas especies las hembras desarrollan hinchazones llamativos alrededor de sus genitales para indicar que están listas para aparearse. Esos hinchazones son especialmente marcados en los chimpancés. Aunque la mayoría de las copulaciones tiene lugar cuando las hembras son receptivas, en algunas especies, como en los humanos y en los chimpancés pigmeos, la copulación ocurre también cuando la hembra no se encuentra en estro.

Los primates poseen un amplio abanico de comportamientos ligados al momento de la reproducción. Los primates solitarios, como los aye-ayes y los orangutanes, tienen un comportamiento reproductor bastante sencillo. Dentro del territorio que controla cada macho pueden vivir varias hembras, cada una con su propio territorio. El macho se aparea con las hembras de su territorio cuando están en periodo receptivo. Otras especies, como los gibones, forman pequeños grupos constituidos por una pareja monógama con sus crías. Los gorilas constituyen harenes formados por un macho adulto y varias hembras con sus crías. Entre los primates sociales el apareamiento puede verse dificultado por la presencia de varios adultos. Los machos pueden cooperar para defender el territorio del grupo, pero a menudo luchan unos con otros para conseguir reproducirse. En algunas especies, el macho dominante es el único que copula con las hembras del grupo. Las hembras de chimpancé se aparean con varios machos adultos aunque, generalmente, durante los últimos días del estro únicamente copulan con uno de los machos de más alto rango, permaneciendo junto a él todo el tiempo y apareándose con él exclusivamente.

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Inteligencia

Los primates son los animales con cerebros más desarrollados, comparables solo a los de los delfines, las ballenas y quizás también a los de los elefantes. Los primates antropoideos son animales inteligentes y curiosos que aprenden con rapidez nuevos comportamientos. Su ingenio les permite explotar un amplio rango de alimentos y escapar de los ataques de los depredadores.

Muchos zoólogos creen que los grandes encéfalos de los primates evolucionaron en relación con sus hábitos arborícolas y con su manera de alimentarse. Los primates antropoideos, que son los que poseen encéfalos de mayor tamaño, viven en un mundo visual y dependen del sentido de la vista para desplazarse de un sitio a otro y localizar y manipular la comida. A diferencia del olfato y del oído, la visión genera una gran cantidad de información sensorial compleja que tiene que ser procesada y almacenada. En los cerebros de los primates, estas funciones se realizan en una parte del encéfalo denominada corteza cerebral. Otros mamíferos, como las ardillas, que también viven en los árboles, pero tienen menos desarrollado el sentido de la vista, tienen encéfalos bastante menores.

La diferenciación de la corteza cerebral y el aumento de tamaño del encéfalo en los primates han permitido un incremento de la capacidad de estos animales para percibir los estímulos ambientales, así como un aumento de la capacidad de respuesta ante esos estímulos. El desarrollo cerebral no solo les ha ayudado a mejorar sus movimientos y a encontrar comida, sino también a desarrollar otras habilidades. Una de las más destacadas es la fabricación y manipulación de herramientas que implica, necesariamente, la existencia de una imagen preconcebida de cómo debe ser la herramienta que se necesita —algo que únicamente es posible con un cerebro muy desarrollado.

La inteligencia de los primates es también evidente en sus comportamientos sociales. Las especies que viven en grupos deben relacionarse a diario con aliados, parientes o rivales. La limpieza de la piel para eliminar los parásitos ayuda a reforzar estas relaciones, mientras que las amenazas, en ocasiones seguidas de la pelea, mantienen la jerarquía que se establece en el grupo.

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Comunicación

Los primates presentan varias formas de comunicarse. En los prosimios solitarios, que generalmente no se ven entre ellos, la comunicación se realiza por estímulos olfativos. Para ello, los animales usan la orina, las heces o algunas glándulas especiales para marcar el territorio o indicar su disposición a aparearse. En los primates antropoideos sociales, las señales visuales y los sonidos son más importantes. La mayoría de los monos y los simios se comunican con un complejo repertorio de expresiones faciales, algunas de las cuales son parecidas a las que realizan los seres humanos.

Los primates también se comunican mediante un amplio repertorio de sonidos, que varían desde los gruñidos suaves de los colobos a las canciones de los gibones o el rugido de los monos aulladores, que puede ser oído a más de 3 km de distancia. Los investigadores han observado que los chimpancés en estado salvaje utilizan más de 34 llamadas distintas, lo que sugiere que son capaces de transmitir información, como por ejemplo la localización de la comida, utilizando esta forma de comunicación.

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