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Esquema
Introducción; Desarrollo histórico; Dinastía Shang; Dinastía Zhou; Dinastías Ch’in, Han y las Seis Dinastías; Dinastía Tang; Dinastía Song; Dinastía Yuan; Dinastía Ming; Dinastía Qing; Arte chino en el siglo XX
La corte continuó patrocinando la academia real de pintura, pero la calidad de su producción no iba más allá de la buena imitación de los estilos Song. Como en siglos anteriores, las mejores pinturas procedían de los artistas letrados. Durante el reinado de la dinastía Qing surgieron dos escuelas bien diferenciadas de wen-jen-hua: los que basaban su obra en los maestros del periodo Yuan y los llamados individualistas, que practicaban una pintura más libre, menos restringida. En el primer grupo había destacados artistas como Wang Huei, quien, además de realizar un enorme número de obras al estilo de pintores como Huang Kong-wang y Tong K’i-ch’ang, desarrolló un estilo propio de compleja ejecución. Otros pintores, como Hong Jen, dominaban la forma de pintar de un solo artista Yuan (en este caso de Ni Tsan), copiando y trabajando exclusivamente en sus obras. La otra escuela de wen-jen rechazaba el enfoque ortodoxo de los seguidores de los modelos Yuan. En lugar de ello, se esforzaban por cultivar un estilo personal de ejecución. El monje budista Chun Ta trabajaba sin trabas, a la manera de los pintores Zen del periodo Song del sur. Aunque muchas de sus figuras parecen distorsionadas, nunca llegan a ser abstractas, y sus pájaros y rocas, dibujados velozmente, conservan su forma orgánica. De forma parecida, la pintura de Tao Tsi, conocido también como She T’ao, trasluce un profundo conocimiento de la naturaleza, acentuando el dinamismo de las composiciones mediante zonas de aguadas azules o rosas. Publicó un tratado en el que defendía la independencia del artista frente al ciego servilismo a la obra de los antiguos maestros.
Las artes decorativas del periodo Qing denotan más técnica que belleza. El proceso de esmaltado se perfeccionó durante esta época, junto con innumerables nuevos tonos para la porcelana de vidriado monocromo. En los siglos XVII y XVIII se exportaban a Europa preciosas porcelanas. Cuando los hornos occidentales empezaron a producir porcelana azul y esmaltada, la calidad de la cerámica china empezó a decaer. Las piezas más interesantes salían de los pequeños talleres de provincias donde los alfareros, sin competir con los hornos imperiales, creaban delicadas piezas por encargos locales. La loza Yi-hsing de la provincia de Jiangxi, un tipo de gres rojo y pardo sin vidriar, era la preferida de los estudiosos de la región y ningún caballero dejaba de tener una pequeña tetera, un soporte para la pluma o un cuentagotas en su escritorio.
Los estilos ornamentales preferidos en la época Ming fueron seguidos por los artistas Qing en metalistería, laqueado y talla en jade. Eran únicos trabajando con minuciosidad el cristal soplado y, tanto en China como fuera, eran muy populares los frascos de rapé de vistosos colores. Los muebles de madera decorados con laca, que algunas veces era dorada, tenían gran aceptación en la corte imperial y entre los funcionarios ricos y los comerciantes.
También en la arquitectura continuaron muchas de las tradiciones Ming. Los mongoles habían rechazado el delicado estilo Song e iniciaron una tendencia hacia las estructuras más bajas y macizas, que fue adoptada por los arquitectos Ming, quienes crearon muchos edificios rectangulares. Los templos Ming conservaban algunos detalles Song, como las figuras de madera tallada y policromada con vivos colores. A su vez, los emperadores Qing preferían interiores amplios, casi monótonos, desprovistos de detalles. Los palacios, muchos de los cuales aún existen en la ciudad de Pekín, son la marca distintiva de la arquitectura Qing, que se caracteriza por sus formas macizas y por una estricta simetría. El color desempeña un importante papel en estos edificios de tejados dorados, molduras rojas y escaleras de mármol blanco. También existen algunas variantes, como la residencia veraniega de Yuan Ming Yuan, del siglo XVIII, basada en el estilo del palacio de Versalles en Francia. En el extremo opuesto se encuentra el Altar del Paraíso (iniciado en el año 1420, restaurado en el año 1890), estructura circular de tres pisos, inspirada en las descripciones de los estilos arquitectónicos anteriores a la dinastía Han.
Debido a una serie de problemas de muy diversa índole, en 1911 fue derrocada la dinastía Qing. Con la fundación de la República de China bajo el mandato de Sun Yat-sen se inició un proceso de modernización del país y de adopción de ideas occidentales, que lógicamente afectó también al arte. Muchos pintores salieron a estudiar al extranjero, primero a Japón y por último a Europa, sobre todo a París. Al regresar a China eran portadores de nuevas ideas, como atrevidas gamas de colores y otras características de la pintura europea en cuanto a pincelada, perspectiva y tendencia a la abstracción. Las artes decorativas, sin embargo, fueron menos receptivas a la influencia exterior, por lo que los estilos tradicionales se siguieron cultivando. El establecimiento de la República Popular de China en 1949 introdujo otro cambio importante en el arte y la cultura del país. Bajo el mandato de Mao Zedong, la pintura y las artes decorativas se vieron impregnadas de contenido político. Los artistas practicaban un lenguaje pictórico próximo a las escuelas posteriores a la dinastía Qing, pero incluían en su obra temas de alabanza a la reconstrucción socialista. Muchas artes populares tradicionales, que no habían sido reconocidas como tales durante los periodos dinásticos, pasaron a ocupar un lugar destacado. El arte del tejido, de la cestería, de la joyería y del grabado en madera se sumaron a la cerámica, la laca y la talla en jade, ante la importancia cobrada por la artesanía tanto para el uso interno como para la exportación. A partir de la muerte de Mao, acaecida en 1976, el arte chino se presenta menos politizado en todos los sentidos, lo que permitirá juzgar mejor su evolución futura dentro del contexto de su tradición histórica.
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