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Resultados en Windows Live® Equilibrio políticoArtículo de la enciclopedia
Esquema
Equilibrio político, doctrina de las relaciones internacionales que mantiene que las tendencias agresivas de un Estado o de una alianza de Estados pueden ser contrarrestadas mediante la formación de otra alianza con un poder igual o mayor. De esta manera, en un sistema en el que una parte aislada es más fuerte que cualquiera de las demás, se puede preservar la paz mediante una alianza de las partes más débiles.
Uno de los primeros ejemplos de esta práctica, si no la formulación misma de esta doctrina, fue la creación de la Liga del Peloponeso en la antigua Grecia. Ninguno de sus miembros podía frenar a Atenas sin los otros, pero juzgaron que juntos disuadirían a los atenienses de la agresión, o, si eso no funcionaba, derrotarlos en la batalla. Los diferentes Estados chinos, en lucha continua durante el periodo de los Estados Combatientes (403-221 a.C.), también utilizaron la táctica del equilibrio de fuerzas. Como doctrina fue expuesta claramente por vez primera en el siglo XVI por Francesco Guicciardini, que señalaba en su Storia d'Italia que el objetivo de la política florentina era impedir que la península fuese dominada por un solo Estado italiano. Durante el siglo XVI y principios del XVII la lucha por conservar el equilibrio de fuerzas en Europa se centró en evitar la dominación de los Habsburgo, para lo que establecieron varias alianzas. Posteriormente la amenaza más importante provino de Luis XIV de Francia, quien acabó provocando una alianza entre casi todos los demás Estados europeos, frustrando así sus ambiciones hegemónicas. En el siglo XVIII la formación de bloques de Estados puso el equilibrio en peligro de la misma manera que antes lo hicieron países aislados. Así sucedió en las guerras de Federico el Grande de Prusia. Al principio Prusia era aliada de Francia y de Baviera contra Gran Bretaña y Austria, pero luego Gran Bretaña y Prusia lucharon contra Austria, Francia y Rusia. La guerra de Independencia estadounidense provocó un regreso a la situación anterior, cuando Gran Bretaña, a la que se consideraba ya demasiado poderosa, se tuvo que enfrentar a una alianza de Francia, los Países Bajos, España y las colonias angloamericanas sublevadas. La Francia revolucionaria y Napoleón obligaron a los Estados europeos a formar una serie de alianzas para preservar el equilibrio de fuerzas. El poder de Francia entonces era tan grande que las coaliciones tardaron veinte años en restaurar el equilibrio. El agotamiento posterior bastó para mantener la paz, hasta que la unificación de Alemania y de Italia condujo a la realineación de potencias a finales del siglo XIX y principios del XX. Las alianzas resultantes eran de una potencia tan igualada que cuando las dos partes se enfrentaron en la I Guerra Mundial, la resolución del conflicto fue sólo posible por la intervención de una potencia ajena: Estados Unidos.
Desgastada Europa, replegada la Rusia revolucionaria y con el aislacionismo de los Estados Unidos, no fue preciso ocuparse del equilibrio de fuerzas, pues no había ningún Estado suficientemente fuerte para amenazar la situación resultante tras la guerra. Sin embargo el resurgimiento de Alemania, junto con los propósitos expansionistas de Italia y de Japón en la década de 1930, condujo a dichos Estados a formar una alianza de alcance mundial: el llamado Eje Roma-Berlín-Tokio. Esta alianza no fue quebrada hasta el final de la II Guerra Mundial por la actuación conjunta de la Unión Soviética, Gran Bretaña, Estados Unidos y otros países. En el periodo posterior, la Unión Soviética trató de incrementar su poder y consiguió alarmar a los países de Europa occidental y Estados Unidos hasta el punto de que formaran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). A esto le siguió una serie de alianzas defensivas alrededor del bloque comunista, lo que a su vez condujo a la creación del Pacto de Varsovia.
El desarrollo de arsenales nucleares en la década de 1950 y 1960 llevó a una situación conocida como el equilibrio del terror, en la que el disuasivo crucial entre Estados Unidos y la Unión Soviética (las dos superpotencias), era la enorme destrucción que provocaría un conflicto nuclear por ambos bandos. Aunque los dos Estados intervinieron en numerosos conflictos limitados (en especial en Corea, Indochina, Oriente, Afganistán y el golfo Pérsico), siempre evitaron el enfrentamiento directo para mantener las tensiones por debajo del umbral nuclear. El momento de máximo peligro para un enfrentamiento frontal entre ambas superpotencias fue la crisis de los misiles cubanos de 1962, en la que Estados Unidos estableció un bloqueo para impedir que la Unión Soviética instalara una base de misiles en Cuba. Posteriormente Estados Unidos y la Unión Soviética intentaron negociar la limitación o reducción de sus arsenales nucleares. Los rápidos cambios políticos en Europa oriental y en la Unión Soviética a finales de la década de 1980, que culminaron con la disolución del Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS en 1991, convirtieron a los Estados Unidos y a sus aliados de la OTAN en la mayor potencia militar. Las crisis políticas en la antigua Yugoslavia y en la desaparecida Unión Soviética, junto con la diseminación del armamento nuclear en el Tercer Mundo, figuraron a comienzos de la década de 1990 las amenazas más serias a este equilibrio de fuerzas unilateral.
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