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Cómic

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Mutt y JeffMutt y Jeff
Esquema
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Las tiras diarias

La explosión de tiras diarias horizontales de cómics se disparó con el éxito Mr A. Mutt, un tipo que apostaba en las carreras de caballos, posteriormente Mutt y Jeff, de Bud Fisher, que se inició en 1907 en las páginas deportivas del diario San Francisco Chronicle. Humorísticas y con asuntos para adultos, las tiras diarias dirigidas a los lectores de periódicos pronto se convirtieron en el vehículo perfecto para el suspense cotidiano, con Wash Tubbs, de Roy Crane, Anita la huerfanita, de Harold Gray, The Thimble Theatre, de E. C. Segar, donde apareció Popeye por primera vez, y muchos más.

En 1916, surge la primera tira diaria en Argentina, El negro Raúl, de Arturo Lanteri, y en 1921, Don Cantarino, en México. Unos años después, también en México, se haría muy famosa la tira cómica familiar titulada La familia Burrón, mientras que en España gozó de popularidad durante muchos años La familia Ulises, de Marino Benejam.

Más tarde aparecieron personajes no humorísticos, como el detective Dick Tracy, de Chester Gould, y el astronauta Buck Rogers. En busca de mayor realismo en las tiras de aventuras, el estilo caricaturesco dio paso en la década de 1930 al encanto ilustrativo de Flash Gordon, de Alex Raymond, y al claroscuro de Milton Caniif en Terry y los piratas.

Dentro del cómic de mayor calidad artística hay que situar El príncipe Valiente, de Harold Foster, mientras que Blondie —en español Lorenzo Parachoques y Pepita—, de Chic Young, o Li'l Abner (Chiquito Abner), de Al Capp, incidían en los aspectos de la vida cotidiana. Durante la década de 1950, las tiras de aventuras serializadas se redujeron o desaparecieron por completo, y las tiras cómicas se convirtieron en chistes, surgiendo un humor ingenioso y afilado, especialmente en la fábula Pogo, de Walt Kelly, los filosóficos Peanuts (Charlie Brown y Snoopy), de Charles Schultz, la contestataria Mafalda, del argentino Quino (Joaquín Salvador Lavado), las viñetas de Jules Feiffer, y Doonesbury, de Garry Trudeau. A pesar de las reducciones en tamaño, número y calidad, las actuales tiras diarias todavía cuentan con muchos seguidores.

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El cómic en Europa

En Gran Bretaña los primeros cómics estaban dirigidos a los niños, con personajes como Teddy Tail (1915) y Rupert (1920), todos con el texto impreso debajo. W.K. Haseldam hizo evolucionar la tira diaria de carácter político, pero fue Pop, de John Millar Watts, en 1921, el que utilizó la narración con globos dentro de las viñetas, seguido en Bélgica por Hergé en su tira semanal Tintín, que se haría popularísima a partir de 1932.

A partir de 1932, en Inglaterra, Jane, de Norman Pett perdía regularmente su ropa, contribuyendo a mejorar la moral de las tropas durante la II Guerra Mundial. Mientras que en la década de 1950 el humor lo encabezó el holgazán Andy Capp, de Reg Smythe, con sus comedias domésticas. Un éxito más reciente lo constituyen las feroces sátiras políticas de Steve Bell tituladas If.

En España las primeras revistas infantiles carecen de historietas ilustradas hasta 1915. Sin embargo, ya en 1904 ha aparecido una revista en catalán, titulada Patufet, profusamente ilustrada. El diario madrileño ABC lanza un suplemento infantil, Gente menuda, mientras que la revista T.B.O. nace en 1917, a la que sigue tres años después Pulgarcito. Esta revista infantil es la primera que utiliza exclusivamente guionistas y dibujantes españoles, y durante los numerosos decenios de existencia ha hecho populares a personajes como El reporter Tribulete, de Cifré; Zipi y Zape, Doña Urraca y Carpanta, de José Escobar; junto a Las hermanas Gilda, de Vázquez. En San Sebastián, a partir de 1925 se edita la revista Pinocho, que incluye muchos de los primeros cómics norteamericanos. Chicos, que aparece en 1938, dio a conocer, entre otros, a dos grandes dibujantes españoles, Emilio Freixas y Jesús Blasco.

En Francia destaca la revista Pilote, con personajes tan representativos como Lucky Luke o El teniente Blueberry, y sobre todo el popularísimo Astérix, de Uderzo y Goscinny.

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Las revistas de cómics

En contra de la creencia general, no fueron los estadounidenses, sino los japoneses quienes publicaron las primeras revistas de cómics baratas y producidas masivamente en la década de 1920. Impresas por lo general en color y distribuidas cada mes, recurrían en principio a material estadounidense, pero ya en la década de 1930 empiezan a incluir material original y de mérito artístico. El formato tuvo tanto éxito en Japón que dio origen a la aparición de librerías especializadas exclusivamente en cómics, conocidos por manga, que continúan disfrutando, y ya a escala global, de una gran aceptación. La primera revista estadounidense de cómics apareció en 1933, regalada por un producto comercial con fines de promoción. Al año siguiente se publicó la primera revista de cómics comercial, Famous Funnies 1, que incluía reimpresiones de tiras cómicas.

Según aparecían más revistas de cómics, los editores no contaban con suficientes tiras para reimprimir y se vieron en la necesidad de producir material nuevo y barato, encargado por lo general a dibujantes muy jóvenes. Después de cinco años de rechazos, dos jóvenes de Cleveland, el guionista Jerry Siegel y el artista Joe Shuster, consiguen vender su héroe, Superman, a las páginas de Action Comics, en las que se publica por primera vez en 1938, convirtiéndose en un éxito inmediato. Este éxito de Superman hizo que surgieran numerosísimos imitadores. Cuando Estados Unidos empezó a participar en la II Guerra Mundial, la legión de superhéroes se había virtualmente apoderado de los cómics. Muchos no merecían la pena, pero unos cuantos lograron sobrevivir, como Batman, de Bob Kane y Bill Finger, seguido por La antorcha humana, Sub-Mariner, The Flash, Capitán América, que constituyeron todo un ejército propagandístico de personajes con superpoderes que luchaban contra Alemania y Japón. En 1943, un artículo de la revista Newsweek calculaba que entre niños y adultos se leían 25 millones de revistas de cómics mensualmente. Hacia 1950, la cifra se había doblado a 50 millones, alcanzando la cima en 1954 cuando se publicaban 150 millones al mes.

Durante la guerra, en Alemania no hubo cómics porque Hitler los despreciaba, pero los italianos lanzaron a Romano el Legionario y, sobre todo, a Dick Fulmine, que fue muy popular en los países de habla española con el nombre de Juan Centella. Por su parte en Japón, contaban, entre otros muchos, con Norakuro.

La guerra tuvo eco, también, en naciones no directamente beligerantes como España y Argentina. Los 'superhéroes' declinaron con el final de la guerra y ocuparon su lugar otros géneros, desde animales basados en dibujos animados, a historias del Oeste, la jungla, crímenes, romances y terror. Destacan en esta época los detectives Rick Kirby y Steve Canyon, creados respectivamente por Alex Raymond y Milton Caniff, dos de los maestros indiscutibles del género.

A algunos psicólogos, padres y educadores les preocupaba que las revistas de cómics, en especial las de crímenes y terror, influyeran en la delincuencia juvenil, y ante sus exigencias los propios editores impusieron férreos controles. Muchas de las empresas, debido a ellos, tuvieron que cerrar. Aunque limitados por los códigos de censura y la competencia de la televisión, algunos editores consiguieron revivir en la década de 1960. Un caso destacado fue el de Marvel Comics, con el guionista Stan Lee, y los dibujantes Jack Kirby y Steve Ditkon, que concibieron un universo interconectado de héroes trágicos como Los cuatro fantásticos, Spiderman, Doctor Extraño y Silver Surfer —en español Estela plateada— cuyos poderes sólo les creaban problemas. A partir de entonces, el género de los superhéroes ha dominado la industria del cómic y el estilo impulsado por Marvel se ha impuesto.

Durante estos años también florecieron los coleccionistas que se organizaron y publicaron revistas, o 'fanzines', celebraron convenciones, establecieron premios y contribuyeron a que se abrieran tiendas especializadas que en la actualidad son las que realizan el mayor número de ventas. También la contracultura publicó cómics para adultos, conocidos por comix, o underground comics, que no sólo liberaron al medio rompiendo muchos tabúes, sino que desarrollaron unos estilos muy originales, como ocurrió con Robert Crumb, y sus famosas creaciones Fritz el gato y Mr Natural, o Gilbert Sheldon y sus Freak Brothers. En España tuvo su equivalente en la revista El víbora, donde, entre otros, destacaron Gallardo y Mediavilla, con su personaje Makoki, y Nazario.

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El cómic hoy

El cómic ha adquirido un estatuto de producto cultural a partir de la década de 1960. Artistas como el italiano Guido Crepax, el francés Philippe Druillet, el japonés Shinji Nagashima, el filipino Alex Niño, el estadounidense Art Spiegelman, el mexicano Alejandro Jodorovski, o el español Enric Sió, entre otros muchos, desarrollaron historias para adultos de indudable calidad gráfica y literaria. Sus personajes han pasado a formar parte del acervo cultural y resultan tan conocidos como sus contrapartidas literarias o cinematográficas. Por su parte continúan publicándose infinidad de revistas y se editan novelas gráficas que, en ocasiones, superan en calidad, a los textos literarios en que se basan.

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