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Esquema
Las investigaciones aún no han determinado con exactitud donde se originaron las lenguas indoeuropeas que se hablan en gran parte de Europa en la actualidad. Algunos investigadores creen que la cultura del kurgan (túmulo), que se inició al norte del mar Negro alrededor del año 2500 a.C., fue una primitiva cultura indoeuropea. De acuerdo con esta teoría, en el año 2220 a.C. aproximadamente, estos indoeuropeos invadieron y se extendieron por los Balcanes, e introdujeron los caballos en la región; después se dispersaron por toda Europa. Por consiguiente, a mediados de la edad del bronce los pueblos de los Balcanes y Europa central pudieron haber hablado lenguas indoeuropeas. No obstante, y con la excepción de las civilizaciones de Creta y Grecia, en el segundo milenio a.C., la mayor parte de Europa desconocía la escritura. La primera civilización que maduró en Europa fue la de Creta, en el segundo milenio a.C. Llamada civilización minoica por el legendario rey Minos, esta sociedad de la edad del bronce controló el Egeo alrededor del año 1600 a.C. (véase Civilización del Egeo). La fecha de la llegada de los primeros invasores griegos a Grecia es poco fiable. Muchos eruditos están de acuerdo en que fue cerca del año 1900 a.C. Hacia el año 1400 a.C. aproximadamente, estos griegos (llamados micénicos por su principal ciudad, Micenas) habían conquistado los dominios cretenses. La civilización micénica mantenía contactos comerciales con Oriente Próximo y Britania. No obstante, después del año 1200 a.C., la sociedad micénica fue casi totalmente destruida debido a la invasión de los pueblos del Norte, probablemente de griegos dorios, quienes, a pesar de tener una cultura menos avanzada, habían aprendido a fabricar armas de hierro. El comienzo de la edad del hierro se caracterizó por una regresión cultural.
A finales de la edad del bronce, la población había comenzado a incrementarse rápidamente en otras zonas de Europa. A principios de la edad del hierro, que comenzó aproximadamente en el año 1000 a.C., las tribus de la cultura de los Campos de Urnas de Centroeuropa comenzaron su expansión a lo largo de los ríos más importantes y dieron lugar a importantes grupos, como los celtas y los eslavos, al igual que los itálicos y los ilirios. Al norte de Italia, la cultura de Villanova (alrededor de 1000-700 a.C.) adquirió gran importancia, y otra cultura similar, la de Halstatt (aproximadamente 750-450 a.C.) se difundió a gran parte de Europa occidental con la expansión de los celtas entre los siglos VII y IV a.C. Los celtas también se identifican con la cultura de La Tène (aproximadamente 450-58 a.C.), cuyo precedente inmediato era la de Halstatt. Alrededor del año 500 a.C., los germanos comenzaron a expandirse desde Escandinavia meridional y el Báltico. En la península Ibérica, los celtas se encontraron el año 900 a.C. con los iberos, que ya se habían instalado en ella mucho antes, procedentes del sur. Fue el primer gran mestizaje peninsular.
Alrededor del año 800 a.C. la civilización griega comenzó su resurgir tras la conmoción de la invasión doria, pero en una forma diferente de la cultura micénica. Esto se debió en gran parte a los fenicios, que habían establecido puestos comerciales en el Mediterráneo y difundido elementos de la civilización de Oriente Próximo hacia el Oeste. Los griegos tomaron de ellos el alfabeto fenicio, al que añadieron vocales llenas. En el siglo VIII a.C. las ciudades-estado griegas comenzaron a expandirse, estableciendo colonias en el Mediterráneo occidental; en el siglo siguiente, la civilización helénica había alcanzado su madurez. La creación de colonias aumentó y la prosperidad del comercio entre estos asentamientos y con otros pueblos tuvo como consecuencia la difusión de la civilización griega. La mayoría de estas nuevas ciudades griegas, aunque casi independientes, estaban unidas por una cultura común. Eran conscientes de su herencia helénica y consideraban a los otros pueblos bárbaros. La mayoría de los grupos étnicos del Mediterráneo occidental (incluidos los etruscos, que habían sustituido a los miembros de la cultura de Villanova) pronto adoptaron elementos de la cultura griega. La mayoría de los centros urbanos importantes del área, griegos o no, pasaron de ser monarquías a crear regímenes aristocráticos, que finalmente dieron lugar a oligarquías comerciales (plutocracias). Aproximadamente en el siglo V a. C. algunos centros griegos, como Atenas, se habían convertido en democracias. En esa época, Grecia comenzó a ser amenazada por la expansión del Imperio persa, fundado en el siglo anterior. Pronto los persas conquistaron toda Asia Menor y, en el año 490 a.C., atacaron Grecia. Después de que los persas fueran rechazados definitivamente (479 a.C.), la Atenas democrática surgió como la mayor potencia del mundo griego. Se estableció un imperio ateniense en el Egeo que precipitó la integración económica y cultural de la región; el siglo V a.C. fue la edad de oro de la civilización griega clásica. No obstante, las políticas expansionistas atenienses y las antiguas rivalidades económicas y políticas provocaron la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) en la que gran parte de Grecia fue devastada; las guerras entre las ciudades griegas continuaron en el siglo siguiente. Macedonia, situada al norte de Grecia, no había sido en su origen parte del mundo griego. Alrededor del siglo IV a.C., sin embargo, su clase dirigente se había helenizado. Bajo Filipo II, Macedonia conquistó gran parte de Grecia, y su hijo, Alejandro Magno añadió el Imperio persa a estas posesiones. Tras su muerte, sus sucesores dividieron el imperio, por lo que los centros de gravedad durante el siguiente periodo (conocido como helenístico) se trasladaron a ciudades como Alejandría, en Egipto, y Antioquía, en Turquía. Finalmente, Macedonia y Grecia fueron conquistadas por Roma en el siglo II a.C.
Al contrario que Grecia, a principios de la edad del hierro Italia estaba fragmentada en numerosos grupos étnicos y lingüísticos. Mezclados entre las primeras culturas neolíticas, hubo varios grupos de indoeuropeos que se infiltraron en el norte de Italia a finales del segundo milenio a.C. y posteriormente se expandieron por toda la península. El más numeroso de estos grupos fueron los itálicos. Una importante cultura de la edad del hierro (la de Villanova) se desarrolló al norte y tuvo un gran impacto en las regiones vecinas. Probablemente durante el siglo X a.C., los etruscos, o al menos su clase dirigente, emigraron desde Asia Menor. Se establecieron en Italia central y septentrional y crearon una civilización compuesta por elementos villanovianos y orientales. A esto se añadió una intensa influencia de la civilización griega, incluido el alfabeto, procedente de las colonias griegas del sur. Alrededor de esta época —la fecha tradicional es el año 753 a.C.— se fundó Roma junto al río Tíber. Los romanos eran un pueblo latino perteneciente al grupo itálico. Roma (al principio una simple aldea) fue ocupada y civilizada por los etruscos hasta finales del siglo VI a.C. Posteriormente, los romanos comenzaron la conquista de las zonas vecinas, y, a principios del siglo IV a.C., habían conquistado la importante ciudad etrusca de Veii. Tras un revés temporal causado por la invasión de los galos (una tribu celta), los romanos continuaron anexionándose grandes zonas de Italia; a principios del siglo III a.C. la mayor parte de Italia central y septentrional era romana. Al contrario que los griegos, los romanos conectaron sus dominios con carreteras y garantizaron la total o parcial ciudadanía a los asentamientos situados fuera de Roma, una política que finalmente dio lugar a una lengua y una cultura más o menos uniformes.
En las llamadas Guerras Pírricas (280-271 a.C.), Roma consiguió el control de la Italia meridional griega y, al absorber esta área, se helenizó en parte. La conquista puso a Roma en confrontación directa con Cartago, una antigua colonia fenicia del norte de África, por el control del Mediterráneo occidental. En las posteriores guerras con Cartago (véase Guerras Púnicas), Roma obtuvo la victoria y Sicilia, Córcega, Cerdeña, y el norte de África cayeron bajo su esfera de influencia. El dominio romano de la península Ibérica no fue fácil y entre los episodios de resistencia se hizo célebre la defensa de Numancia, cuyos habitantes prefirieron morir antes de entregarse. Frente a los romanos, el héroe peninsular Viriato inventó un tipo de acción militar que se hizo célebre, la guerra de guerrillas. A mediados del siglo II a.C., Cartago había sido destruida por Roma, que también conquistó Macedonia y Grecia. Los romanos limpiaron los mares de piratas y extendieron sus carreteras por toda la región, con lo que facilitaron las comunicaciones y favorecieron la unión cultural. Esta amalgama cultural romano-helenística fue bilingüe: el latín dominó al oeste y el griego al este.
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