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Esquema
Introducción; Historia; Nuevas tendencias y grandes descubrimientos; La nueva arqueología; Métodos y técnicas; El registro arqueológico
Con toda esta información, el arqueólogo intenta sintetizar las cronologías regionales en una secuencia de culturas y ecosistemas de áreas más amplias o de regiones relacionadas entre sí. Esto conlleva idealmente la descripción dinámica de los procesos que pueden ser analizados para determinar las causas del cambio cultural, es decir, no sólo cómo suceden los cambios, sino también por qué se producen.
A continuación se presentan algunas de las conclusiones a que han llegado los arqueólogos al estudiar el pasado del hombre y se describen algunos de los yacimientos y objetos más importantes descubiertos en los dos últimos siglos.
Ya desde los comienzos de la investigación arqueológica realizada de una forma sistemática, el Oriente Próximo (de Mesopotamia a Egipto, desde los tiempos más antiguos hasta la época islámica) ha constituido una de las principales zonas de investigación y quizás sea la región donde se han producido los descubrimientos más espectaculares.
La investigación arqueológica en Mesopotamia comenzó con los trabajos que realizó C. James Rich en Babilonia y Nínive. Guiado por sus informes, el cónsul francés Paul Émile Botta inició las excavaciones en las ruinas de Nínive y en Jursabad (Jorsabad) entre los años 1843 y 1845. Dos años más tarde, el viajero británico Austin H. Layard siguió los mismos pasos en Nínive y en Nimrud (la antigua Calach). Ambos fueron apoyados por sus respectivos gobiernos. Henry C. Rawlinson, Edward Hincks y otros eruditos, apoyándose en el desciframiento de la escritura cuneiforme persa por el primero de ellos, tradujeron la escritura cuneiforme asirio-babilónica, con lo que pudieron leerse los textos grabados en piedra y en cientos de tablillas de arcilla halladas en Nínive, y reconstruir la historia de los distintos reinos. Los grandes palacios, con numerosísimos relieves esculpidos, demostraban el poder de los reyes asirios, sólo conocido antes por referencias bíblicas y de textos griegos. Las excavaciones en los palacios asirios han continuado de forma esporádica hasta el presente. Doce campañas de excavaciones arqueológicas británicas entre 1949 y 1963 en Nimrud han sacado a la luz cientos de placas de marfil bellamente grabadas (decoración de mobiliario), botín de los ejércitos asirios. Un equipo alemán excavó (1903-1913) las ruinas de Assur, capital del Imperio asirio; con gran habilidad fueron desenterrados los vestigios de templos y palacios construidos con adobes y fechados desde el III milenio a.C. hasta el siglo III d.C. Esas estructuras mostraron la cultura de la antigua Asiria y su dependencia de Babilonia; además, las numerosas inscripciones proporcionaron una importante información histórica. Un poco más al sur, otra misión arqueológica alemana, dirigida por Robert Koldewey, trabajó desde 1899 hasta 1914 en Babilonia y desveló la planta de la ciudad en su apogeo, es decir, durante el reinado de Nabucodonosor II; la Puerta de Istar, recubierta de azulejos con motivos animalísticos en relieve, el templo de Marduk, el palacio real, la muralla de la ciudad y un puente que en su día cruzaba el Éufrates fueron los principales hallazgos. En 1877, el cónsul francés Ernest de Sarzac descubrió en la ciudad de Lagash (la actual Tell al-Hiba, en Irak) una serie de magníficas estatuas del gobernante sumerio Gudea (c. 2144 a.C.-2124 a.C.), lo que proporcionó importantes pistas sobre el elevado nivel cultural que allí floreció hacia el 2130 a.C. y aumentó el interés por Sumer y su civilización. Una expedición estadounidense inició su trabajo en Nippur en 1887 y encontró miles de tablillas en escritura cuneiforme, con notables composiciones literarias en sumerio. La labor de Leonard Woolley en Ur, entre 1922 y 1934, permitió descubrir las tumbas de los reyes sumerios (c. 2500 a.C.) con espléndidos ajuares y unas casas bien construidas (c. 1800 a.C.). El arqueólogo francés André Parrot excavó en Mari (actual Tell Hariri), en el Éufrates medio, un gran palacio datado hacia el 1800 a.C. que además de una serie de edificios, trajo a la luz diversas esculturas del III milenio a.C. Los hallazgos alemanes en Uruk (actual Warka) desde 1928, han demostrado la gran capacidad técnica de arquitectos y artesanos del IV milenio a.C. También han permitido la obtención de los textos escritos conocidos más antiguos. El trabajo ininterrumpido desde la II Guerra Mundial ha ampliado el conocimiento de todos los periodos, especialmente de los más antiguos (c. 6000-3000 a.C.), correspondientes a los primeros asentamientos en Babilonia. La investigación sobre los vestigios de los imperios de los partos y de los reyes Sasánidas (c. 250 a.C.-650 d.C.) han descubierto edificios palaciegos y templos en Hatra, Ctesifonte y Kis (todas ellas en Irak). Se han excavado, o al menos prospectado, yacimientos islámicos como Sāmarrā y Wasit; también se han restaurado los restos arquitectónicos que permanecen en pie.
El conocimiento exhaustivo del antiguo Egipto comenzó cuando Napoleón I Bonaparte llevó consigo científicos para estudiar el país durante la campaña de 1798. El descubrimiento de la piedra de Rosetta (un bloque de basalto, ahora en el Museo Británico), que presentaba una inscripción en escritura jeroglífica, demótica y griega, permitió a Jean François Champollion descifrar en 1822 los jeroglíficos egipcios y a partir de ese momento se pudieron leer las inscripciones de los monumentos. Karl R. Lepsius y otros investigadores comenzaron a estudiar los monumentos que aún permanecían en pie, trabajos que continúan siendo valiosos hoy día porque muchos de estos monumentos han sufrido daños o han sido destruidos. Al mismo tiempo, la expoliación a gran escala de objetos para colecciones particulares o públicas han originado la pérdida de mucha información. En 1858 se fundó el Museo Nacional de Egipto en El Cairo y se fue controlando progresivamente el saqueo de los yacimientos. Finalmente, en 1880, Flinders Petrie comenzó las excavaciones sistemáticas e interpretó sus hallazgos de forma más metódica. La investigación en el sur del país, desde la década de 1960, ha localizado yacimientos donde las poblaciones del paleolítico superior cultivaron cebada en los primeros intentos de aprovechar los ricos suelos de la cuenca del río Nilo. Más tarde, las culturas neolíticas iniciaron la auténtica agricultura, la producción de cerámica y de tejidos, que culminó en la cultura tasiense (del yacimiento arqueológico de Tasa), que en su fase final se mezcla con el inicio de la metalurgia de la cultura badariense (del yacimiento de Badari), momento en que se utilizó por primera vez el cobre. También aparece en Egipto una cerámica de superficie pulida de color rojo con su borde superior en negro. El hallazgo entre 1894 y 1895 de 3.000 tumbas en Nayada (Nagada) realizado por Petrie permitió conocer el periodo inmediatamente anterior al inicio de la etapa histórica egipcia (c. 3400 a.C.); estudios posteriores han diferenciado la cultura del sur de Egipto de la del norte, donde las influencias asiáticas occidentales fomentaron el progreso de la cerámica (pintada con representaciones de figuras humanas y de barcas) y de la metalurgia. Según la tradición, el rey Narmer (quizás al que denominaron Menes los griegos) unificó el Alto y el Bajo Egipto al comienzo del periodo dinástico (c. 3100 a.C.). Una serie de paletas de pizarra de cosméticos de esa época representan escenas grabadas de batallas y de caza; la más importante es la denominada paleta del rey Narmer (c. 3100 a.C.). Grabados similares en cabezas de mazas y en asas, de piedra o marfil, revelan contactos con otras culturas del Oriente Próximo; los textos jeroglíficos conocidos más antiguos proceden de esta época. La historia más lejana del norte de Egipto era virtualmente desconocida hasta que recientes excavaciones han revelado testimonios de los periodos predinástico y dinástico. Con la aparición de poderosas familias de gobernantes, surgen las primeras tumbas egipcias con ricos ajuares. Las necrópolis de Nayada, Abidos y Saqqara suministran testimonios considerables sobre la historia y cultura de esta época. Las grandes pirámides escalonadas (mastabas) de Saqqara son los antecesores de las grandes pirámides posteriores, como la de Keops en Gizeh, que se construyen en bloques uniformes. A pesar de haber sido saqueadas a lo largo del tiempo, las pirámides hablan de la habilidad de los canteros y de la maestría de los ingenieros para desplazar esos bloques en época tan remota. El mobiliario funerario de madera con planchas de oro de la reina Heteferes (c. 2600 a.C.), enterrada de nuevo tras haber sido saqueada su tumba, fue brillantemente restaurado a partir de una masa de fragmentos por George A. Reisner, de la Universidad de Harvard, entre 1924 y 1927. El rey Mikerinos (Micerinos) es conocido por su bella estatua, hallada por Reisner, que en la actualidad se conserva en el Museo de Bellas Artes de Boston. Hasta hace poco, la arqueología egipcia se centraba en las tumbas y en los templos, puesto que los antiguos poblados continúan habitados. Por lo general, se hallan situados en las tierras húmedas del valle del Nilo, donde los materiales perecederos no se conservan; los enterramientos se realizaron en el desierto, cuyo ambiente seco ha conservado los restos y materiales orgánicos. Los útiles de madera usados en las actividades domésticas y depositados en las tumbas, las pinturas y grabados murales y los objetos enterrados con el cadáver nos han proporcionado una visión más completa de la vida en el antiguo Egipto que en cualquier otra civilización. La tumba de Tut Anj Amón (reinó en 1334 a.C.-1325 a.C.) destacó por la riqueza del ajuar hallado; la mayor parte de éste se exhibe en el Museo Nacional Egipcio en El Cairo. Cientos de tumbas desde la I Dinastía han mostrado las formas de vida de los distintos grupos sociales. Próximo a los sepulcros reales del Valle de los Reyes se encuentra un poblado completo donde vivieron generaciones de constructores de tumbas y artesanos. Ha sido excavado de forma científica y sus casas complementan el material hallado en las tumbas, se han encontrado numerosas notas garabateadas en trozos de cerámica o lascas de piedra que identifican a algunos de los obreros y sus casas, proporcionándonos datos sobre su trabajo, alimentación y creencias. Las creencias religiosas monoteístas de Ajnatón (Amenofis IV), le hicieron fijar una nueva capital en Ajtatón (ahora Tell el-Amarna). El hallazgo casual en 1887 de unas 400 tablillas de arcilla con escritura cuneiforme llamaron la atención sobre el lugar; estas tablillas constituían la correspondencia mantenida entre los principales estados del Oriente Próximo desde el 1375 a.C. hasta el 1330 a.C. La excavación de la ciudad ha sacado a la luz casas de obreros, además de ricas villas. El arte de este periodo está caracterizado por un naturalismo inusual en el Egipto faraónico, como ilustra el exquisito busto de Nefertiti, la reina principal de Ajnatón IV. Los estudios de los grandes templos de Karnak y Luxor han desvelado las distintas fases de construcción de los mismos, y con frecuencia han conducido a la recuperación de bloques esculpidos reutilizados, lo que supone un autentico enigma para los actuales estudiosos, especialmente en la zona del delta del Nilo. Ramsés II y sus sucesores vivieron en Pi-Ramsés, situada en el Delta. Al principio, los arqueólogos buscaron la ciudad en Pelusio (Pelusa) y más tarde en Tanis, donde la abundancia de bloques de piedra labrados con el nombre de Ramsés sugería que la ciudad había estado allí. Esos bloques fueron transportados a Tanis en el periodo que abarca desde la XI Dinastía hasta el siglo VIII a.C., periodo en el que esta ciudad fue la capital de Egipto. La moderna investigación sugiere que las piedras de Ramsés II proceden de Qantir, 29 kilómetros al sur de Tanis, donde Ramsés tuvo con certeza un palacio; de hecho Qantir ha sido identificado con Pi-Ramsés. Los arqueólogos han detectado contactos comerciales entre el mar Egeo y Egipto desde el siglo XV hasta el XIII a.C. La asociación de cerámica micénica con tumbas de reyes egipcios conocidos es vital para el estudio de los inicios de la arqueología griega, aunque no del todo satisfactoria. Comerciantes, mercenarios e incluso viajeros griegos estuvieron en Egipto desde el siglo VII a.C., y dejaron testimonios de su presencia. Al conquistar Alejandro Magno Egipto, la lengua griega comenzó a sustituir a la egipcia. Se han encontrado miles de papiros en las ciudades de la región de Fayum, cerca de El Cairo, abandonadas cuando el sistema de regadíos dejó de funcionar; en otros yacimientos se han encontrado miles más. Estos papiros recogen todos los aspectos de la vida con sorprendente detalle y además constituyen las copias más antiguas de muchos libros griegos y del Nuevo Testamento.
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