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Introducción; Historia; Nuevas tendencias y grandes descubrimientos; La nueva arqueología; Métodos y técnicas; El registro arqueológico
Los descubrimientos en Siria y Palestina son de particular importancia para el estudio de los inicios de la vida sedentaria y, particularmente, por estar asociados a toda una rama del estudio histórico que es conocida como arqueología bíblica. Se han encontrado cuevas mesolíticas y yacimientos en terrazas pertenecientes a la cultura natufiense (c. 10.800-8500 a.C.) en Monte Carmelo, excavados por la arqueóloga británica Dorothy Garrod entre los años 1929 y 1934 y también en el desierto de Judea. Los restos de casas en el valle del Alto Jordán y de estructuras en Jericó son otros ejemplos de grupos natufienses. Durante la transición del mesolítico al neolítico surgieron varias comunidades agrícolas, como la de Mureybat en el Éufrates medio, yacimiento excavado a mediados de la década de 1960 y en los primeros años de la de 1970. En algunos yacimientos neolíticos donde no se fabricaba aún cerámica utilitaria, se enterraron bajo el suelo de las casas mascarillas de barro, modeladas con delicadeza sobre los cráneos de los difuntos. Una vez que el uso de la cerámica se extendió durante el neolítico (c. 6000-4000 a.C.), llegaron una serie de estímulos culturales procedentes del norte, situación que continuó en los inicios del calcolítico, representado en Palestina por los yacimientos de Gasul, en el valle del Jordán, y otros próximos a Beersheva. Se han descubierto ciudades con cierta planificación, fechadas en el bronce antiguo (c. 3200-2200 a.C.) en Biblos, Tell el-Farah y Jericó, en Palestina. Todas estas ciudades estaban amuralladas y contaban con torres cuadradas o semicirculares muy cercanas unas de otras; el magnífico palacio de adobe de Ebla data de finales de este periodo. Los archivos reales, con sus documentos escritos en una lengua semítica y cuneiforme sumerio, sobre tablillas de arcilla, iluminan brillantemente la historia de Siria desde el año 2500 hasta el 2200 a.C. aproximadamente. Los sellos cilíndricos y diversos objetos tallados en piedra, concha o madera, atestiguan el alto nivel de la producción artística en Ebla. Tras una etapa de declive, asociada por muchos investigadores a los movimientos de los amorreos, las ciudades de la zona volvieron a florecer desde el 1900 hasta el 1200 a.C. Las excavaciones francesas en Ugarit (en la costa siria), realizadas desde 1929, han aportado un buen ejemplo de una gran ciudad cananea. Aquí, las cerámicas chipriota, cretense y griega demuestran la existencia de un comercio marítimo hacia el oeste, y han aparecido otros objetos que indican relaciones con Egipto y Babilonia. Los escribas utilizaron papiros en jeroglíficos egipcios, babilonio (un dialecto del acadio), y lo hicieron en cuneiforme hurrita sobre tablillas de arcilla. Para escribir en su propia lengua, el ugarítico, usaban (c. 1400 a.C.) una escritura alfabética de 30 signos que está considerada como el primer alfabeto, en el que se escribieron documentos de toda clase, también mitos sobre sus dioses que nos dan una imagen única de la religión cananea. Los edificios incendiados y arrasados testimonian la violenta destrucción de Ugarit y otras ciudades del bronce final a principios del siglo XII a.C., llevada a cabo por los invasores conocidos en los documentos egipcios con el nombre de los ‘pueblos del mar’, entre los que se encontraban los filisteos y otros pueblos. La edad del hierro ha sido estudiada de forma mucho más intensiva en Palestina que en Siria; en el río Orontes, una expedición danesa descubrió entre los años 1931 y 1938 una ciudadela cuyos edificios habían sido destruidos por tropas asirias en el 720 a.C. así como piedras y marfiles con grabados. Más al norte, las excavaciones dirigidas por el Museo Británico en Karkemish, en la frontera sirio-turca, desenterraron estelas de piedra y una estatua de estilo neohitita probablemente esculpida en el siglo IX a.C. Todavía permanecen en pie algunos edificios monumentales de los periodos helenístico y romano en Siria y Palestina que han llamado durante mucho tiempo la atención de los investigadores. En Petra (Jordania), capital de los nabateos, las tumbas excavadas en la roca muestran una mezcla de motivos orientales y griegos; otros ejemplos de esta fusión de estilos pueden ser observados en Palmira, ciudad comercial situada en Siria, donde se han llevado a cabo extensas excavaciones y en donde es evidente la planificación urbana siguiendo criterios romanos, como en muchas otras ciudades de la región. Los edificios datados en el Bajo Imperio, las iglesias bizantinas, las sinagogas y los posteriores edificios islámicos a veces están adornados con mosaicos en sus suelos. La Gran Mezquita de Damasco está erigida en el lugar de un antiguo templo romano, que luego fue una catedral cristiana; su patio está decorado con exquisitos mosaicos que representan jardines y edificios al lado de un río. Los primeros gobernantes musulmanes aprovecharon la destreza de los artesanos locales, como demuestran los mosaicos y el trabajo en piedra de la villa Omeya (c. 740 d.C.) de Qirbert al-Mafjar, cerca de Jericó; otras villas y fortalezas en el desierto sirio son ejemplos de los conocimientos existentes en los inicios de la arquitectura islámica. Varias instituciones gubernamentales de Siria, Líbano, Jordania e Israel patrocinan excavaciones realizadas con personal propio o por cualificadas misiones arqueológicas extranjeras; las excavaciones están proporcionando continuamente nuevos hallazgos.
Turquía fue escenario de una de las más famosas excavaciones en los comienzos de la arqueología, cuando Heinrich Schliemann trabajó en Troya. La joyería de oro encontrada por aquél y las placas de oro halladas en tumbas de Alaca prueban la gran habilidad de los habitantes de Anatolia durante la edad del bronce antiguo. Las observaciones realizadas por viajeros condujeron al descubrimiento de Hattusa (ahora Bogazköy, al este de Ankara), capital del Imperio hitita (c. 1800-1200 a.C.). Arqueólogos alemanes comenzaron a excavar allí en 1906 y los trabajos continúan aún. En el interior de la ciudad, fuertemente amurallada, hay complejos palaciegos y templos, en algunos de los cuales han aparecido cientos de tablillas de arcilla con textos escritos en lengua hitita. Más antigua que Troya es Çatal Höyük, excavada entre 1961 y 1965. En este lugar, habitado por una comunidad agrícola y ganadera, se creó durante el mesolítico y neolítico un poblado formado por pequeñas casas, muy estrechamente unidas, a las que se accedía por el techo; algunos pequeños santuarios estaban adornados con relieves que representan a la diosa madre, figuras animalísticas y pinturas murales de escenas de cacería. Todos estos descubrimientos, favorecidos por nuevas técnicas para recuperar restos de plantas, han iniciado una nueva fase en el conocimiento de los primeros asentamientos humanos en Anatolia. La península Arábiga, desde el punto de vista arqueológico, la zona peor conocida de la región. Se han recogido útiles de piedra del paleolítico en diversos lugares, pero apenas han sido hallados materiales que antecedan a la cerámica del tipo ubaidí (de El-Obeid) mesopotámico (c. 4000 a.C.). Hay un intervalo de unos 3.000 años antes de la siguiente etapa documentada, en la que las ciudades del suroeste se enriquecieron gracias al comercio de incienso. Las excavaciones en Adén y Yemen han desvelado templos construidos en piedra, inscripciones propias del sur de Arabia y objetos de metal que indican la existencia de relaciones comerciales con Roma y la India.
La secuencia de los periodos correspondientes al neolítico, calcolítico (edad del cobre), edad del bronce y a la edad del hierro describe la evolución de la civilización europea sobre la base del material más empleado en la fabricación de útiles; esta evolución se produjo con un ritmo más rápido y bajo circunstancias diferentes tanto en la zona del mar Egeo como en la Grecia continental. La historia de esta zona aporta fechas correlativas para el resto de Europa, donde la edad del bronce duró desde el 2000 hasta el 700 a.C. aproximadamente. Por lo general, la práctica de la arqueología en Europa ha crecido de forma evidente en la última generación. Cientos de investigadores de países de todo el mundo trabajan en disciplinas que hoy son fundamentales para la arqueología.
La arqueología de Grecia comprende el estudio de la edad del bronce centrada en la denominada civilización del Egeo, que protagonizaron las culturas minoica y micénica, al final de la cual se desarrolló en Grecia la edad del hierro. El estudio de la arqueología griega durante la edad del hierro está dividido en cinco periodos: protogeométrico (c. 1050-900 a.C.); geométrico (c. 900-700 a.C.); periodo arcaico (c. 700-500 a.C.), denominado así por el estilo artístico que se desarrolla; periodo clásico (c. 500-330 a.C.), etapa que vio destacables logros en el arte, la arquitectura y en la literatura, convirtiéndose en un punto de referencia clásico para muchas civilizaciones posteriores; y, por último, el periodo helenístico (c. 330-50 a.C.), en el que la cultura griega se difundió a lo largo de gran parte del Mediterráneo central y oriental, en una expansión iniciada por las campañas de Alejandro Magno y continuada por sus sucesores. Durante todos estos periodos, que abarcan unos 1.000 años, la civilización griega desarrolló formas artísticas, arquitectónicas, literarias y políticas que han tenido un impacto muy duradero, especialmente en la cultura occidental. Los periodos protogeométrico y geométrico se desarrollaron en Grecia continental y en la costa jónica de Asia Menor. A finales del geométrico y durante gran parte del periodo arcaico, las ciudades-estado griegas, incitadas por el crecimiento de las actividades comerciales y quizá por un notable crecimiento demográfico fundaron colonias en Sicilia, en el sur de Italia (que fue conocido en la antigüedad como Magna Grecia) y en la zona del mar Negro. Los arqueólogos han podido establecer la cronología de todo este periodo al relacionar las fechas de fundación de esas colonias en las fuentes literarias antiguas con los materiales hallados en las excavaciones, particularmente en Sicilia y en la Magna Grecia. Las cronologías del periodo clásico y posteriores tienen un respaldo mayor en las fuentes literarias ya que éstas son más numerosas. Mientras que el centro de la cultura griega arcaica y clásica se localiza en Grecia continental, principalmente en ciudades como Atenas, Esparta y Corinto, el periodo helenístico cuenta con sus centros más importantes hacia el este y el oeste, en ciudades como Éfeso (en la costa de Asia Menor), Alejandría (Egipto), Siracusa (Sicilia) y la propia Roma. Recientes excavaciones en la isla de Creta han aportado un amplio testimonio material de los inicios de la edad del hierro que, en ausencia de documentos escritos, ha sido denominada en ocasiones como la ‘edad oscura’. Estas investigaciones, así como las realizadas en otros yacimientos prehistóricos y clásicos a lo largo del Mediterráneo han estado favorecidas por el desarrollo y aplicación de amplios estudios topográficos, de análisis palinológicos (estudio de restos de polen) y arqueozoológicos (estudio de los restos de animales). Las excavaciones en Sicilia, particularmente en su costa oriental, y en Italia (desde el sur de Nápoles) han sacado a la luz cerámica y otros objetos que muestran claras relaciones con la Grecia continental desde finales de la edad del hierro en adelante; es especialmente abundante la cerámica de Corinto y Atenas, muy apreciadas en el comercio. La ciudad de Atenas en particular sobresale en el conocimiento que se tiene de la Grecia continental, puesto que sus ciudadanos han legado un copioso número de textos escritos en miles de inscripciones, libros y obras que han pervivido a lo largo de los años. Atenas ha sido también el centro de la investigación arqueológica desde hace siglo y medio, cuando fue nombrada capital de la moderna Grecia en 1834. El trabajo de los arqueólogos ha permitido conocer una cantidad ingente de objetos: esculturas, figurillas, cerámica, joyas, monedas y utensilios de la vida cotidiana, además de restos arquitectónicos que ilustran la civilización ateniense con gran detalle. Se han efectuado otras investigaciones en varios centros griegos, entre ellos Corinto y Esparta, dos de las más poderosas ciudades-estado, y los grandes santuarios (o lugares sagrados) de Olimpia y Delfos, excavados desde finales del siglo XIX por misiones alemanas y francesas respectivamente. Las recientes excavaciones, realizadas por arqueólogos griegos en el norte de Grecia, especialmente en las enormes necrópolis en las ciudades de Vergina y Pella, han aportado información novedosa sobre el nacimiento del reino de Macedonia, cuyos reyes Filipo y su hijo Alejandro expandieron la civilización helénica a lo largo del Mediterráneo oriental y el norte de la India. Véase también Arte y arquitectura de Grecia; Periodo helenístico.
La arqueología de Roma ha sido dividida en diversas fases: la edad de hierro, que abarca casi el mismo lapso cronológico que en el mundo griego; el periodo arcaico, en el que Roma estuvo gobernada por una serie de reyes; la República y, por último, el Imperio. El periodo arcaico acabó a finales del siglo VI a.C. (según la tradición en el 509 a.C.), cuando la monarquía dio paso a la República. El final de la República y el inicio del Imperio se fechan, de forma convencional, en el 31 a.C., con la victoria total de Octavio (el futuro emperador Augusto) sobre sus rivales y la acumulación del poder en manos de una sola persona. Durante siglos las enormes ruinas de la Roma imperial y la inmensa cantidad de textos escritos centraron la atención de los arqueólogos sobre la historia tardía de Roma, pero las investigaciones llevadas a cabo en el siglo XX han sacado a la luz numerosos restos arqueológicos de la edad de hierro y de la época republicana. Las excavaciones en la colina Palatino (una de las siete colinas de Roma) han mostrado un modesto poblado de la edad del hierro caracterizado por una serie de casas simples, similares a cabañas. La arqueología también ha desvelado el proceso por el cual este poblado y los otros cercanos se unieron para formar una ciudad que, con el paso del tiempo, reemplazó el dominio etrusco sobre Italia central. Durante este periodo, equivalente al periodo arcaico griego, se desarrolló en Roma una arquitectura monumental y la fase inicial de un área urbana central planificada, en la que había un sofisticado sistema de drenaje. Durante el periodo de la República, Roma sometió toda Italia y Sicilia, y gradualmente expandió su dominio durante la época helenística hacia el Mediterráneo oriental. La arqueología ha trazado el crecimiento de Roma siguiendo la construcción de monumentos en la ciudad, donde la mezcla de las formas locales con las adoptadas del mundo griego originaron un estilo arquitectónico propio que hace su aparición en esta época. Una de las mayores contribuciones de Roma a la arquitectura fue el uso de un material similar al hormigón, que liberó a los arquitectos de las restricciones impuestas por el rectilíneo sistema adintelado, al permitirles construir estructuras abovedadas como la cúpula del Panteón. Quizá el más importante y completo testimonio arqueológico de finales de la República y comienzos del Imperio procede de las ciudades sepultadas de Pompeya y Herculano, al sur de Nápoles; destruidas por la erupción del Vesubio entre el 24 y el 25 de agosto del 79 d.C. y enterradas por materiales volcánicos, estas ciudades fueron descubiertas en el siglo XVIII por medio de excavaciones que aún hoy continúan realizándose aunque de forma más meticulosa que hace 200 años. Ambas ciudades han ofrecido un testimonio de gran valor sobre todos los aspectos de la vida, no sólo en estas ciudades de provincia sino también de la misma capital. Las pinturas murales de Pompeya, de gran importancia para la historia del arte, han servido a los arqueólogos para establecer la clasificación y cronología de la pintura romana de finales de la República y comienzos del Imperio. El emperador Augusto y sus sucesores continuaron extendiendo las fronteras del Imperio romano, que, con el paso del tiempo, abarcaría casi todo el territorio comprendido desde las islas Británicas hasta el mar Caspio. Las legiones romanas construyeron nuevas ciudades en todos los rincones del Imperio. La investigación arqueológica de muchas de ellas ha revelado una sorprendente uniformidad en su planificación, a pesar de las variaciones locales. Basada en un sistema reticulado, la ciudad tipo romana presenta un centro oficial que comprende la basílica (edificio rectangular para el desarrollo de múltiples actividades), templos sobre un podio elevado, termas de gran tamaño, gimnasios, estadios, teatros, bibliotecas, mercados al aire libre y cubiertos, y, en muchos casos, sistemas de conducción de agua y de alcantarillado por medio de cloacas; junto a estas características generales existen fuertes elementos de carácter local. Las excavaciones en estas ciudades han aportado información sobre la vida y sociedad hasta los inicios de la edad media. Véase también Urbanismo; Foro romano; Arte y arquitectura de Roma.
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