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Introducción; Historia; Nuevas tendencias y grandes descubrimientos; La nueva arqueología; Métodos y técnicas; El registro arqueológico
El neolítico y el calcolítico son los periodos en que se introdujeron la agricultura y ganadería en Europa, que más tarde, se adaptaron al clima templado de la Europa transalpina. Como en Grecia e Italia, la edad del bronce constituyó en el resto de Europa la fase de formación de la que emergerían los patrones de posteriores y más diversificadas culturas. Debido a la ausencia de testimonios escritos, la identificación de pueblos y de culturas específicos continúa siendo objeto de investigación. Los nombres usados por los autores clásicos contemporáneos para referirse a determinados pueblos, a pesar de tener probablemente una representatividad limitada para las antiguas poblaciones europeas organizadas en tribus, son todavía útiles: celtas para los habitantes de Europa occidental, pueblos germanos para los habitantes de Europa central y escitas para las tribus de las estepas al sur de Rusia, entre los Cárpatos y el Cáucaso. Sus construcciones (también las fortificaciones) eran de madera y por tanto muy efímeras. La pintura y la escultura eran ajenas al interés de estos pueblos, si bien su habilidad en la confección de manufacturas gozó de una impresionante calidad artística a finales del I milenio a.C. La cultura de Hallstatt (denominación procedente de un yacimiento austriaco) es el nombre que se utiliza para referirse a la primera fase de la edad del hierro en el centro y suroeste de Europa (c. 750-450 a.C.). La excavación de tumbas de túmulos han desvelado complejos enterramientos, con ricos ajuares formados por cuencos, joyas y armas de metal, además de productos de lujo importados de zonas tan alejadas como Grecia; incluso se han encontrado carros. Estos enterramientos sugieren la existencia de una estratificación social y los inicios de una economía mercantil europea relativamente sofisticada. La fase siguiente, que se extiende por Europa central y Noroccidental, se denomina La Tène (c. 450-58 a.C.) por el nombre de un yacimiento localizado en un lago suizo donde se hallaron armas, útiles y joyas. En ocasiones, la decoración en los objetos de La Tène no es figurativa y presenta complejos motivos circulares, que en muchos casos proceden de prototipos mediterráneos. Todo ello, junto a las representaciones expresionistas de animales derivadas del arte escita, constituye un importante estilo por ser precursor del estilo ‘bárbaro’ que floreció durante las migraciones de los pueblos germanos durante los primeros siglos de la era cristiana. Por lo que respecta a los territorios que actualmente conforman España, su suelo ha sido generoso en aportaciones a la ciencia arqueológica, permitiendo conocer sus más remotos orígenes. El paleolítico inferior (con sus restos culturales y humanos asociados) está bien representado en los yacimientos del Aculadero (Puerto de Santa María, Cádiz), Orce (Granada) y especialmente en el de Atapuerca (Burgos), donde los nuevos hallazgos realizados en la década de 1990 anuncian una auténtica revolución de los conocimientos existentes sobre la prehistoria, no ya española sino europea. Destacados son igualmente los restos arqueológicos del paleolítico medio (cueva de Morín, Cantabria) y superior, en cuya transición hacia el neolítico se sitúan las muestras artísticas de los ciclos de pintura levantina y macroesquemática, así como de la denominada cerámica cardial. Profusos son los estudios arqueológicos de la edad de los metales en España: desde la muy antigua cultura del cobre de Los Millares, hasta las brillantes muestras del bronce de El Argar y Las Motillas, y las del hierro, tales como la cultura de los castros o la baleárica cultura talayótica.
En tanto que en algunas regiones de Asia la investigación arqueológica se inició hace más de 100 años, otras regiones son desconocidas desde el punto de vista arqueológico. Por consiguiente, la calidad y cantidad de los datos arqueológicos en este continente varían cronológica y espacialmente.
El subcontinente indio pudo haber sido poblado por migraciones procedentes del norte que cruzarían la meseta irania, o bien por otra corriente migratoria a través de la costa suroccidental desde África. Los restos humanos más antiguos (un fragmento de cráneo de un arcaico Homo sapiens) fueron hallados en el valle del río Narmada (antiguo Narbada) en la India central. Aunque el cráneo de Narmada no estaba asociado a restos materiales de ningún tipo, hay varios yacimientos arqueológicos que potencialmente lo fechan con una antigüedad superior a los 300.000 años. La India y el Sureste asiático manifiestan la presencia más oriental del achelense, fase cultural del paleolítico inferior que también aparece en África, Europa y Próximo Oriente. Los yacimientos achelenses se caracterizan por numerosos útiles de piedra como bifaces, choppers y perforadores, así como una amplia variedad de lascas usadas para cortar y raspar. Son raros los hallazgos de restos fáunicos y de plantas, pero indudablemente esos grupos humanos eran cazadores-recolectores. En las regiones más al norte, los yacimientos donde no se han encontrado bifaces han sido atribuidos a la cultura soaniense (así denominada por haber aparecido principalmente sus restos en el valle del río Soan), aunque poseen útiles similares. Existen diversos estadios pertenecientes al paleolítico medio y superior a lo largo del sur de Asia, pero se sabe poco de sus patrones culturales, ya que son escasos los lugares de habitación y los datos medioambientales. La información obtenida de diversos yacimientos sugiere que la tecnología paleolítica y la forma de vida cazador-recolectora persistieron en el sur de Asia hasta alrededor del 10.000 a.C., e incluso en época más moderna. Hace unos 25.000 años, en pleno desarrollo de la tecnología lítica, se produjo la sustitución de los grandes útiles por instrumentos más pequeños y con formas geométricas, denominados microlitos, que se utilizaron para cortar, raspar, perforar, hendir y grabar. Los yacimientos en que se encuentran estos microlitos evidencian la explotación de todos los recursos naturales disponibles; este utillaje aparece en campamentos temporales o estacionales en los que, a causa de una más larga ocupación, se encuentran también diversos enterramientos. Las estructuras varían según las zonas: desde sencillas tiendas a cabañas de techo de paja recubierto con barro, realizadas en madera, en bambú o con ambos materiales a la vez. Se documenta hacia el 5000 a.C. la fabricación de cerámica y objetos de adorno personal, como pulseras y anillos en el valle del río Ganges. La asociación de útiles de hierro con grupos de cazadores-recolectores, como en Langhnaj, cerca de Ahmadābād (India), indican que éstos mantenían relaciones con otros grupos con un mayor desarrollo tecnológico y social; incluso algunos pueblos se habían dedicado a una incipiente agricultura. Hay indicios de que el arroz estaba siendo cultivado en Koldihwa, en el valle del río Ganges, antes del 5000 a.C. En Mehrgarh, cerca de Sibi (Pakistán), se identificaron restos de diversos cereales cultivados, como trigo y cebada, y de animales domesticados, especialmente ganado vacuno, pero también cabras y ovejas. Este antiguo poblado con estructuras construidas con adobe tiene una fecha anterior al 6500 a.C. Sus pobladores también realizaron diversas actividades artesanales, como la cestería, el trabajo de piedras semipreciosas, ornamentos en cobre y, a partir del 5000 a.C., la producción de cerámica; las necrópolis fueron localizadas dentro del propio pueblo. Algunas de las tumbas descubiertas contienen objetos artísticos y restos de cabras domesticadas. La edad del bronce antigua en el noroeste vio la aparición de diversos grupos agrícolas característicos: las culturas de Amri, Sothi y Kot Diji (que reciben su nombre de sus respectivos yacimientos), todos ellos en Pakistán. Cada una tiene su propio estilo en la cerámica y son abundantes los objetos de piedra, hueso, concha y metal. Sus habitantes vivían en poblados de casas de adobe, y sólo unos pocos yacimientos son lo suficientemente grandes como para poder ser calificados como ciudades. Estas culturas mantuvieron ciertos contactos entre ellas, reflejados en el comercio de conchas marinas, objetos metálicos y piedras semipreciosas, síntomas de que existieron otros tipos de relaciones. Aunque cada una de estas culturas compartieron rasgos característicos comunes con la civilización del valle del Indo, no existe consenso entre los investigadores para señalar en particular a una de ellas como la precursora directa. Con el paso del tiempo, algunas de estas culturas sobrevivieron y fueron contemporáneas de la civilización del valle del Indo. La civilización del valle del Indo (2500-1700 a.C.), también conocida como cultura de Harappa, según el nombre de la antigua ciudad de Harappa, se extendió por todo el valle de este río. El yacimiento más importante de esta civilización es la ciudad de Mohenjo-Daro, al sur de la actual Larkana (Pakistán), excavada por el arqueólogo británico John Marshall en la década de 1920. Los centros urbanos se caracterizan por una gran similitud entre los objetos, como la cerámica roja y negra, joyas, utensilios metálicos, pesas de piedra y sellos con una escritura característica aún sin descifrar. Todos los asentamientos tienen edificios públicos y una planificación urbana, aunque aún no se han encontrado ejemplos definitivos de templos, palacios o cementerios reales. Los cambios ecológicos ocurridos después del 2000 a.C. forzaron el abandono de muchos asentamientos del valle del Indo, especialmente las ciudades, por lo que se produjo una corriente migratoria desde el este hacia el valle del río Ganges y desde el sur hacia la región de Gujarāt. La última etapa de la cultura de Harappa se caracterizó por la aparición de pequeñas comunidades agrícolas. Se conocen algunos grandes poblados pero todavía no han sido excavados. Continuó la producción de los objetos característicos de esta cultura y se detecta un aumento de las variaciones regionales, aunque los sellos y la escritura parecen más inusuales en esta época final y no se conocen ciudades del periodo tardío de esta cultura. Los inicios del periodo histórico estuvieron caracterizados por el surgimiento de una organización estatal, el uso de instrumentos de hierro y al menos dos tipos nuevos de cerámica: la cerámica gris pintada (1100-300 a.C.) y la cerámica bruñida negra del norte (500-100 a.C.). Los productores del primer tipo vivían principalmente en poblados de casas de adobe y de ramaje recubierto de barro; en algunos yacimientos esta cultura era contemporánea de la fase final de la cultura de Harappa, y por tanto enlaza el bronce final con la fase inicial de la edad del hierro. Durante el periodo de la cerámica bruñida negra se constituyó el Imperio de la dinastía Maurya y los documentos escritos complementan los datos arqueológicos. Véase también Arte y arquitectura de India.
Los restos de un Homo erectus hallado en la cueva de Zhoukoudian, cerca de Pekín, asociado a huesos de animales, útiles líticos usados para cortar, raer y hendir y huellas de hogares, han sido datados con una fecha que se remonta a casi medio millón de años. La mayor parte de los huesos encontrados en la cueva fueron posiblemente llevados allí por animales carnívoros, seguramente hienas. Los sencillos hogares en este lugar representan el testimonio más antiguo del uso del fuego por seres humanos, al margen de escasos y controvertidos casos en África. El hombre llegó al Lejano Oriente procedente de Asia central o del Sureste asiático, donde se han hallado ejemplares de Homo erectus primitivos de hace 1,8 millones de años. Poblaciones de este homínido quizá persistieran hasta unos 250.000 años en China, mucho más que en ninguna otra parte. Es reducido el número de testimonios de grupos de cazadores y recolectores a finales del pleistoceno en China; tan sólo en el norte se han encontrado algunos yacimientos, como el de Sjara-osso-gol, zona que hace unos 30.000 años estaba ocupada por grupos que establecieron campamentos cercanos a recursos acuíferos al aire libre y que vivían, probablemente, en sencillas chozas y empleaban útiles líticos para raer y cortar; se han conservado algunos restos de animales. Durante la época posglacial proliferaron los asentamientos a lo largo de ríos y lagos, especialmente en el sur, cuyos habitantes explotaron las plantas y animales que había alrededor de ríos y lagos; con el paso del tiempo acabarían por plantar semillas. La primera etapa de producción de alimentos en China se fecha entre el 7000 y el 5500 a.C. en Pengtoushan, en el valle medio del Yangzi Jiang, donde los arqueólogos han identificado granos de arroz cultivado. Entre el 5000 y el 3000 a.C. surgió la cultura agrícola de Ma-xia-pang, en la región del lago Tai Hu, en el valle bajo del Yangzi Jiang; allí se localizan poblados de casas de madera en elevaciones del terreno o sobre túmulos artificiales cercanos a los recursos acuíferos. Los cultivos principales fueron el arroz y las calabazas, y se domesticaron el perro, el búfalo de agua y el cerdo, aunque continuó siendo importante la actividad recolectora y la caza. Además de los útiles líticos, los arqueólogos han encontrado hachas, azuelas y azadones de hueso, una variedad de instrumentos de madera, bambú y de hueso de cornamentas, así como cerámica. La llamada cultura Ho-mu-tu, localizada en una pantanosa región al sur de Shanghai, se desarrolló paralelamente a la anterior; este grupo construyó palafitos de madera y produjo cerámica cordada impresa, de la que se han hallado variedades regionales en los primeros poblados agrícolas a lo largo del este y sur de China. Hacia el 5000 a.C. un grupo similar en Taiwan (Formosa) se dedicó a la pesca y recolección de conchas marinas y al cultivo de cereales. Grupos agrícolas semejantes se expandieron por el sur y este de China hacia el 3000 a.C.; las excavaciones de enterramientos en esta zona muestran el nacimiento de sociedades jerarquizadas, fenómeno que continuó durante la edad del bronce al desarrollarse los primeros poderes políticos. El resto de los datos arqueológicos de estos grupos son insignificantes. En el noroeste de China y hacia el IV milenio, se localizan los poblados agrícolas de la cultura de Yangshao, en torno al valle del río Huang He (o río Amarillo), que han sido también asociados a la cerámica cordada impresa. Los investigadores dudan sobre el grado de desarrollo de la agricultura en esta cultura. Los pobladores explotaron las plantas silvestres y la fauna de la zona en especial el cultivo del panizo común y la domesticación de perros y cerdos. El yacimiento de Banpocun en la provincia de Shaanxi, prototipo de asentamiento de esta cultura, estaba rodeado por un foso y poseía numerosas construcciones de habitación de zarzo recubiertas de barro y parcialmente subterráneas. En el centro del poblado había una estructura grande y elaborada que acaso fuera la casa de un importante personaje o quizá un edificio público. Además de la agricultura, los pobladores criaron gusanos de seda, tejieron hilo, tallaron jade y en las últimas fases elaboraron una característica cerámica pintada. Dado que los objetos hallados en los distintos yacimientos son sorprendentemente similares, algunos investigadores piensan que surgieron grupos socioeconómicos de artesanos especializados. Tras una serie de complejos cambios sociales, políticos y económicos que afectaron a los grupos de la cultura de Yangshao, surgió la cultura de Longshan en el norte de China. Como en la cultura anterior existe una gran similitud entre los objetos hallados en los distintos poblados de la cultura de Longshan, especialmente en la bella cerámica negra. Los poblados aumentaron de tamaño, los rodearon de grandes murallas y estuvieron habitados durante más tiempo. Continuó el cultivo de cereales y se introdujo el arroz, procedente del sur. También hay testimonios de la fabricación de armas y de muertes violentas, lo que induce a pensar en la existencia cada vez más frecuente de conflictos sociales. Aparece por vez primera la escritura sobre huesos que servían de oráculos y tenían grabados símbolos cuyo significado está relacionado con técnicas adivinatorias. La excelencia de los objetos de artesanía, la escritura, las murallas y la variada riqueza de ajuares funerarios sugieren la compleja estratificación social de la cultura de Longshan. Los cambios internos que se produjeron en la cultura Longshan permitieron su evolución gradual hasta dar origen a la primera civilización china, que engloba las dinastías Xia y Shang. La mayor parte de la información sobre este periodo procede de los yacimientos cercanos a Zhengzhou, y durante la dinastía Shang aparecen los primeros documentos escritos, al igual que la arquitectura monumental, la especialización artesanal, las ciudades y una notable jerarquización social y política: Anyang, la segunda capital de la dinastía Shang, tenia un recinto amurallado que aislaba a las residencias nobiliarias, mientras que los artesanos y los agricultores vivían en el exterior; estos artesanos fabricaron los objetos característicos de este periodo, entre los que destacan las manufacturas de bronce. Cerca de Anyang se han excavado el centro administrativo y ceremonial de Xiaotun y la necrópolis real de Xibeigang; estos yacimientos de la dinastía Shang han proporcionado miles de huesos utilizados para la adivinación que ofrecen nueva información sobre esta cultura. Los espectaculares objetos de arte y otros signos de riqueza, además de los indicios de numerosos sacrificios humanos aparecidos en el cementerio real, muestran el poder político y económico de la nobleza. Todos los rasgos característicos de la civilización china estaban ya establecidos en el momento en que la dinastía Shang fue sustituida por la Zhou a finales del II milenio a.C. Véase también Arte y arquitectura de China.
Los fragmentos de Homo erectus hallados en el Sureste asiático, especialmente en Java (Indonesia), han sido fechados en 1.800.000 años atrás. Los restos culturales del paleolítico se limitan a dispersos hallazgos de bifaces, choppers, raederas sobre lascas y cuchillos, que evidencian la actividad de grupos cazadores y recolectores. Parece que entre el 15.000 y el 10.000 a.C. se explotaron intensivamente plantas silvestres como el arroz, la batata y el taro (planta de la zona cuyos tubérculos son comestibles) además de la caza. En la cueva del Espíritu (Tailandia, 7000-5700 a.C.) uno de estos grupos cazadores-recolectores fabricó azuelas de piedra, cerámica y una especie de cuchillo de pizarra, que ha sido asociado en periodos posteriores al cultivo del arroz, aunque no se han evidenciado testimonios directos del cultivo de cereales. Otros yacimientos en Tailandia que indican un probable cultivo del arroz son: Khok Phanom Di, en la costa (entre el 2000 y el 1400 a.C. aproximadamente), la cueva del valle de Banyan en el norte, con depósitos que pueden ser datados entre el 5500 a.C., como fecha más antigua, y el 800 a.C. como fecha más reciente, y Non Nok Tha en el río Mekong (c. 3000-2000 a.C.), donde existen pruebas de la domesticación de ganado. La polémica rodea la aparición de la metalurgia en Tailandia. Se han encontrado sofisticadas hachas de bronce en el cementerio real de Non Nok Tha, fechado inicialmente en el 3700 a.C. pero cuya cronología se considera en la actualidad que abarca desde el 2000 hasta el 1000 a.C. aproximadamente. Algo parecido ocurre con los sofisticados bronces de la necrópolis de Bang Chieng, en el norte de Tailandia, que fueron fechados inicialmente en torno al 2100 a.C., fecha que también ha sido cuestionada. Recientes excavaciones en Non Pa Wai en el noreste de Tailandia han revelado amplias actividades de fundición de cobre que se han datado aproximadamente en el 2000 a.C. como fecha más antigua. Se han recuperado objetos de bronce similares a éstos en yacimientos vietnamitas, fechados en el II milenio a.C. Japón estuvo habitado durante el pleistoceno, han aparecido en muchos yacimientos útiles líticos similares a los de la culturas asiáticas de este periodo. A finales del pleistoceno, grupos de cazadores y recolectores explotaron los recursos marinos y plantas silvestres, tendencia que persistió hasta la introducción en el sur del cultivo del arroz y de la cebada poco después del 1100 a.C. Los miembros de la cultura jomon, como es conocido este periodo, vivían en pequeños poblados de casas semienterradas, asociadas a montículos concheros, donde se han encontrado restos de cerámica datados en el 14.000 a.C., los primeros conocidos en el mundo antiguo. En Honshū, la principal y más grande de las islas que conforman Japón, también se ha hallado cerámica jomon muy sofisticada en grandes grupos de casas bien construidas en madera, que se fecha aproximadamente poco después del 5000 a.C. El periodo jomon pervivió hasta el 350 a.C. aproximadamente y fue seguido por el periodo yayoi, durante el cual se fue conformando la cultura tradicional japonesa. Véase también Arte y arquitectura de Japón.
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