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Arqueología

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Esquema
6.4

El continente americano

Los estudios arqueológicos en América han revelado cinco etapas, generalmente sucesivas aunque a veces se superponen, de la prehistoria de este continente: los periodos lítico, arcaico, de formación, clásico y posclásico.

6.4. 1

El periodo lítico

Esta primera etapa comenzó cuando grupos cazadores-recolectores, probablemente mongoloides, alcanzaron el continente americano cruzando el estrecho de Bering, antes tierra firme, que unía Asia y América durante el periodo glacial; los primeros seres humanos quizá llegaron hace unos 50.000 años. Las evidencias arqueológicas sugieren cuatro oleadas migratorias, aunque modernos estudios lingüísticos sobre tribus actuales consideran que fueron sólo tres.

Los arqueólogos han estado profundamente divididos sobre cuándo llegaron por primera vez esos primeros pobladores del continente americano. Algunos mantienen que no hay testimonios sólidos de una presencia humana anteriores a los 11.500 años, fecha de las puntas de lanza halladas en Clovis (Nuevo México); otros consideran que los hallazgos arqueológicos en lugares como Meadowcroft Rockshelter (Pennsylvania) o Monte Verde (Chile), fechados hace 16.000 y 13.000 años respectivamente, prueban una presencia anterior a la de Clovis, lo que permite establecer una fecha incluso más antigua para otros hallazgos de naturaleza más fragmentaria.

Los útiles de este periodo lítico, procedentes de hallazgos escasos y dispersos, muestran una progresión generalizada durante el transcurso de 20.000 años, desde los cantos de piedra y huesos trabajados por una sola cara, pasando por puntas bifaciales en forma de hoja hasta llegar a las puntas con estrías, como las utilizadas por los habitantes de Clovis, con las que cazaban mamuts y otros grandes animales hasta el final del pleistoceno; en algunas zonas, como la Tierra del Fuego, el periodo lítico perduró hasta tiempos históricos.

6.4. 2

El periodo arcaico

Al extinguirse la macrofauna pleistocénica, muchos grupos abandonaron la caza mayor y se dedicaron a la recolección; esta nueva situación ofreció muchas posibilidades de subsistencia que a veces condujeron a formas de vida dependientes de las diversas estaciones climatológicas. Quizá el modo de vida más característico de este periodo fue el adoptado en el este de Estados Unidos entre el 9000 y el 4000 a.C., donde los grupos humanos, en ocasiones asentados a lo largo de los ríos, desarrollaron técnicas especiales para la caza mayor y menor con utilización de dardos, propulsados por una especie de arco. También aprovecharon los recursos acuáticos, usando frecuentemente redes con plomadas; recolectaron raíces que molturaban con piedras de moler y usaron diversas clases de raederas con filo en forma de uña para múltiples funciones.

Los grupos recolectores de los bosques boreales de Canadá y Alaska y los de la costa del océano Ártico hasta el estrecho de Bering mantuvieron cierta relación con los anteriores; también procedían de Asia y representaron un nuevo sistema de vida en la parte más septentrional de Norteamérica. Entre sus utensilios más significativos destacan diversas clases de microláminas en forma de lengua hechas con huesos de frutas, similares a las encontradas a menudo en Siberia, Mongolia y Japón. Practicaron la caza mayor con dardos y lanzas, capturaron animales pequeños con trampas y se dedicaron a la pesca en los lagos. El pueblo de tradición microlaminar del noroeste, que vivió fundamentalmente en tierras del interior, contrasta con el que habitó a lo largo de la costa, que pertenecía a la tradición microlítica; aunque con el paso del tiempo fabricó microlitos, puntas de flecha y otros objetos adaptados para la caza del caribú en las tierras interiores y para arponear animales acuáticos.

Durante este periodo, tanto en el norte como en el sur del continente, muchos pueblos se adaptaron a la vida en las zonas costeras, donde se han encontrado grandes montículos formados por conchas, sin embargo existen muchas diferencias locales entre estos grupos. Los del noroeste del Pacífico trabajaron la pizarra y construyeron una especie de canoas, los grupos californianos se hicieron sedentarios y recolectaron moluscos, mientras que los pueblos que habitaron la costa atlántica de América del Norte decoraron dagas hechas en hueso y placas de pizarra y enterraron a sus muertos realizando ceremonias complejas en las que destaca el uso de pintura roja. En Mesoamérica algunos grupos comenzaron a construir botes con los que quizá alcanzaron las Antillas. Otros grupos, como los peruanos, explotaron ciertas áreas (lomas) del interior de las regiones costeras en una estación y el mar en otra.

En general, los pueblos del periodo arcaico del desierto suroccidental de Estados Unidos y de las tierras altas de México y Perú contrastan de forma muy notable con los grupos recolectores descritos anteriormente. Aunque también pueden ser considerados recolectores, su entorno medioambiental les ofrecía plantas potencialmente cultivables y sus actividades de carácter estacional, en las que explotaban diferentes ambientes, requerían sistemas de almacenamiento; algunos de estos grupos comenzaron a cultivar plantas. Con el paso del tiempo, estos primeros cultivos condujeron a la agricultura y con ello a la vida urbana y a la fabricación de cerámica, características propias del periodo de formación. No obstante, la vida urbana agrícola del periodo de formación nunca llegó a desarrollarse en muchas zonas, como las tierras bajas tropicales de California, la Gran Cuenca (Great Basin) estadounidense, la Pampa argentina o los bosques del norte de Canadá. En todas ellas perduró bastante tiempo el periodo arcaico.

6.4. 3

El periodo de formación

La fase Woodland, desarrollada en el este de Norteamérica, constituye uno de los primeros estadios del periodo de formación. Comenzó hacia el 500 a.C. y continuó hasta el siglo XI de nuestra era; estuvo caracterizada por sus rituales con tumbas en forma de túmulos y una cerámica tosca a veces decorada con impresiones cordadas. A la fase Woodland sucedió, especialmente en el sur y sureste de Estados Unidos, una segunda etapa caracterizada por templos en túmulos, una agricultura más avanzada, cerámica incisa y grandes poblados con empalizadas, similares a las del posterior periodo clásico.

Quizá la cultura más características de este periodo de formación sea la desarrollada por los hoy llamados indios pueblo, en el suroeste de Estados Unidos, y sus diversos predecesores, así como los denominados ‘hombres de las cavernas’ (poblaciones agrícolas que cultivaron y molieron maíz y judías y produjeron una hermosa cerámica blanca y negra, también policromada, con motivos geométricos). Este periodo de formación de los indios pueblo, iniciado a comienzos de la era cristiana, perdura hasta el presente.

Contemporáneos son los grupos del este de Estados Unidos que usaron una cerámica sin pintar y practicaron una agricultura de subsistencia. Aunque cultivaron las mismas plantas, su agricultura era menos intensiva y sus poblados no estaban construidos con piedras o tapias sino con troncos de madera sin descortezar.

El periodo de formación comenzó entre los pueblos que habitaron las Grandes Llanuras de Estados Unidos y Canadá más tardíamente, incluso ya iniciada la era cristiana. Estos pueblos fabricaron cerámica tosca y sin pintar y la mayoría no practicó la agricultura o lo hicieron de forma muy superficial, su economía se basaba en la caza de búfalos. Sólo a lo largo del río Missouri desarrollaron una vida urbana y agrícola justo antes del inicio de la época histórica.

Más al norte existieron otros grupos que parecen pertenecer a este periodo de formación, aunque realmente no es así; los inuits, por ejemplo, usaron la cerámica y junto a los aleutianos vivieron en poblados, pero en lugar de la agricultura desarrollaron una economía fundada en la caza de ballenas. Los pueblos de la costa noroeste también dependían de los recursos marinos para su subsistencia y además emplearon barcos de navegación de altura. Vivieron en poblados de casas de tablones de madera, no desarrollaron la cerámica, pero son famosos por sus tótems y objetos tallados en madera; a pesar de no practicar la agricultura (el rasgo más característico del periodo de formación), su nivel de vida era ciertamente más elevado que el de los pueblos del periodo arcaico.

El auténtico periodo de formación se inició principalmente en América Central y sus proximidades; su zona más destacada se extendió, no obstante, desde México hasta Perú. Los pueblos de este área desarrollaron una vida urbana con casas estables y con características pirámides, una cerámica cuidadosamente pintada y figurillas de arcilla. Practicaron una agricultura de subsistencia cuyos alimentos básicos eran maíz, judías (frijoles) y diversas frutas; en México cultivaron amaranto, aguacates, habichuelas y otras diversas plantas; en América Central, en la zona septentrional de América del Sur y en las Antillas se cultivó tapioca como elemento adicional a esos productos básicos; en Perú se cultivó la patata (papa) y el cacahuete (maní) y se domesticaron la alpaca, la llama, los cobayas y el pato.

En el núcleo central de esta zona, todos estos progresos del periodo de formación desembocaron en la formación de culturas más complejas en la última etapa del periodo, pero fuera de él, en el sur, en la Amazonia, el norte de Chile y Argentina, sus pobladores continuaron manteniendo el nivel de vida de este periodo de formación hasta épocas históricas.

6.4. 4

El periodo clásico

Sólo en el área mencionada anteriormente, después del periodo de formación surgieron culturas más complejas, con la creación de pueblos y auténticas ciudades que requerían una organización política muy jerarquizada y una división social del trabajo, aparecieron trabajadores especializados a tiempo completo, no solo en el sector textil (como en Perú), sino también en la metalurgia (Colombia y América Central) y en el trabajo de la piedra para la realización de sus obras arquitectónicas y escultóricas (Guatemala y México). Gran parte de todos estos avances tuvieron lugar inmediatamente antes del inicio de la era cristiana. Esta fase llegó hasta el 700 o 1100 d.C. pero en Centroamérica y el norte de Sudamérica perduró hasta la conquista española.

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