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Jerusalén

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Vista de Jerusalén, IsraelVista de Jerusalén, Israel
Esquema
1

Introducción

Jerusalén (en hebreo, Yerushalayim; en árabe, al-Quds), principal ciudad de Israel, situada en un área de colinas y valles entre el mar Mediterráneo y el mar Muerto, a unos 93 km al este de Tel Aviv-Yafo, en el límite entre Cisjordania e Israel. Jerusalén es reclamada por el Estado de Israel como su capital, si bien este hecho no es reconocido por la Organización de las Naciones Unidas. Ciudad santa para las tres religiones principales del mundo —judaísmo, cristianismo e islam—, desde 1948 hasta 1967 fue una ciudad dividida: Israel controlaba la parte occidental (Jerusalén Oeste o Ciudad Nueva) y Jordania el sector oriental (Jerusalén Este), incluida la denominada Ciudad Antigua. En 1967 Israel conquistó la parte oriental durante la guerra de los Seis Días. Desde entonces, toda Jerusalén se halla bajo el control de la administración israelí, pese a que su estatus sigue siendo un motivo de disputa entre israelíes y árabes.

2

Lugares de interés

La Ciudad Antigua de Jerusalén se divide en los sectores armenio, cristiano, judío y musulmán, rodeada por murallas con puertas. Las murallas son los restos de las construidas por los turcos en el siglo XVI. El sector cristiano, al noroeste, contiene la Puerta Nueva; comparte la Puerta de Yafo con el sector armenio en el suroeste y la Puerta de Damasco con el sector musulmán al norte. El sector musulmán, en la parte nororiental de la Ciudad Antigua, contiene la Puerta de Herodes, la Puerta de San Esteban y la Puerta Dorada, al este de la cual, se encuentra el monte de los Olivos y los jardines de Getsemaní. El principal sector judío, que ocupa la parte suroriental, contiene la Puerta de Sión, al sur de la cual se encuentra el monte Sión y la tumba del rey David. En este sector también se encuentra la Puerta Dung. Rodeando la Ciudad Antigua está la Ciudad Nueva, que comenzó a desarrollarse a partir del siglo XIX. Se extiende por las colinas circundantes con suburbios y zonas ajardinadas hasta el desierto. Sus amplias avenidas, sus apartamentos modernos y sus edificios de oficinas contrastan con las calles estrechas, los callejones y las casas pobres de la Ciudad Antigua.

La Ciudad Antigua es un lugar sagrado para los cristianos, ya que consideran que es donde Jesucristo pasó sus últimos días; también es sagrada para los judíos, símbolo de su tierra natal y capital del primer reino judío, y para los musulmanes, que consideran que fue el lugar en el que el profeta Mahoma ascendió al cielo. Entre los monumentos más notables de la ciudad se encuentran la iglesia cristiana del Santo Sepulcro, que se construyó sobre una basílica del siglo IV, la cual, a su vez, se erigió sobre lo que tradicionalmente se considera la tumba de Cristo; el Muro Occidental Judío, también llamado el Muro de las Lamentaciones, es un resto del gran templo construido por Herodes el Grande, rey de Judea; la cúpula o mezquita de la Roca (también conocida como la mezquita de Omar, su constructor, o la mezquita de al-Aqsa), levantada en el lugar en donde se cree que Mahoma ascendió al cielo, que constituye uno de los santuarios más sagrados del islam; y la ciudadela, una estructura del siglo XIV construida en el lugar en que se hallaba la fortaleza de Herodes. En 1981, la UNESCO declaró la Ciudad Antigua y sus murallas Patrimonio cultural de la Humanidad. Los lugares de mayor interés de la Ciudad Nueva son: el museo arqueológico, la universidad hebrea de Jerusalén (1918) y los edificios de la Kneset (Parlamento) israelí.

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Historia

El lugar en que se halla Jerusalén estuvo habitado desde el paleolítico. Los habitantes originarios fueron expulsados entre el 5000 y el 4000 a.C. por un pueblo al que se menciona en el Antiguo Testamento como los cananeos, los cuales avanzaron por el territorio en la edad del bronce. Los invasores, un pueblo muy mezclado entre los que dominaban los jebusitas (o jebuseos), cayeron bajo el dominio de Egipto en el siglo XV a.C., durante las conquistas del faraón Tutmosis III. Más tarde, hacia el 1250 a.C., los hebreos iniciaron la conquista de Canaán bajo el liderazgo de Josué. Sin embargo, Jerusalén se hallaba tan fortificada que no se rindió y resistió durante 200 años hasta que David la ocupó finalmente después de ser ungido rey de Israel (2 Sam. 5,6-9; 1 Cró. 11,4-7).

3.1

Ciudad sagrada de los judíos

Según el Antiguo Testamento, David decidió convertir a Jerusalén en su residencia y en la capital de su reino. El nuevo rey trajo el Arca de Jehová hasta la ciudad desde su oscuridad en Qiryat Ye’crim (un antiguo lugar considerado santo, al oeste de Jerusalén) y lo instaló en un nuevo tabernáculo (2 Sam. 6,1-17); construyó el palacio y otros muchos edificios, y fortificó la ciudad. El hijo de David y su sucesor, Salomón, continuó el desarrollo de Jerusalén. Levantó la muralla de la ciudad y varios edificios con un esplendor desconocido hasta entonces en el reino, entre los que destacaban el templo y el palacio real, rodeados ambos por una muralla. El palacio, dispuesto en forma de terrazas sucesivas, consistía en una vivienda (edificada sobre vigas y pilares de cedro traídos de los bosques del Líbano) que tenía aproximadamente 28 m de ancho, 55 de largo y 17 de alto, la sala del trono, el palacio propiamente dicho, los aposentos reales y la prisión (Re. 5-7; Nehemías 3,25-27; Jeremías. 32,2). Los patios y edificios del templo se construyeron en un nivel situado por encima del palacio. El edificio principal del templo era de una gran belleza, pero comparativamente pequeño, 11 m de ancho y 33 m de largo sin contar la entrada y los aposentos adicionales. El templo se construyó con piedra y madera de cedro (1 Re. 6,3-6) y se hallaba rodeado por un patio que contenía el altar de las ofrendas quemadas y el ‘mar líquido’, un depósito de agua de bronce (1 Re. 7,9-12;23-47).

Jerusalén continuó expandiéndose tras el reinado de Salomón, hasta que diez tribus del norte de Israel se separaron de la casa de David, tras lo cual la importancia de la ciudad, que se había convertido en la capital de dos tribus, Judá y Benjamín, decreció mucho. Jerusalén fue destruida durante los siguientes dos siglos por diversas incursiones militares. Hasta mediados del siglo VIII a.C. la ciudad no comenzó a recuperar su esplendor anterior, siendo incluso destruida por Nabucodonosor II, rey de Babilonia (587 a.C.). Bajo la hegemonía de los Macabeos se inició una época de prosperidad desconocida hasta entonces; se convirtió en la ciudad santa del judaísmo y en el principal lugar de peregrinación del mundo judío.

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