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Estados de conciencia

Artículo de la enciclopedia
Esquema
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Introducción

Estados de conciencia, no hay una definición simple y consensuada de la conciencia. Ciertas definiciones tienen una orientación tautológica (por ejemplo, identificar la conciencia con el estado de vigilia) o puramente descriptiva (la conciencia como conjunto de percepciones, pensamientos o sentimientos). Además del problema de su definición, el concepto de conciencia ha tenido una historia accidentada. Aunque fue el principal tema de estudio de la psicología durante bastante tiempo, cayó luego en el olvido para resurgir en la actualidad como un área en constante debate.

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Antecedentes históricos

Las principales disertaciones filosóficas sobre la conciencia partieron de la dicotomía cerebro-mente planteada por el filósofo y matemático francés René Descartes en el siglo XVII. Descartes se preguntaba si la mente, o la conciencia, son entidades independientes de la materia, si la conciencia tiene o no una realidad física, y si es autónoma o por el contrario está predeterminada. Filósofos ingleses como John Locke la identificaron con las sensaciones físicas y la información percibida a través de éstas, mientras que otros filósofos como Gottfried Wilhelm Leibniz e Immanuel Kant otorgaron un papel más activo a la conciencia.

El filósofo con influencia más notable en el ulterior estudio y exploración de la conciencia fue el profesor alemán Johann Friedrich Herbart, quien en el siglo XIX planteaba que las ideas tienen propiedades cualitativas y de intensidad, que se pueden potenciar o debilitar. De este modo, las ideas pueden existir como estados de realidad (estado consciente) o estados de tendencia (estado inconsciente). La frontera entre ambas sería el umbral de la conciencia. Este planteamiento de Herbart es el precedente del desarrollo, por parte del psicólogo y fisiólogo alemán Gustav Theodor Fechner, de la medición psicofísica de los umbrales perceptivos y del desarrollo posterior del concepto de subconsciente por parte de Sigmund Freud.

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Desarrollo de la investigación

El análisis experimental de la conciencia tiene su origen en 1876, año en que el psicólogo alemán Wilhelm Wundt puso en funcionamiento su laboratorio de investigación. Para Wundt, la tarea principal de la psicología era el estudio de la estructura de la conciencia, que abarca no sólo el campo de las sensaciones sino también el de los sentimientos, las imágenes, la memoria, la atención, la percepción del tiempo y el movimiento. Debido a que el estudio se centraba en los contenidos y la dinámica de la conciencia, no es extraño que la principal herramienta de estudio fuera la introspección: el propio sujeto refiere o analiza el contenido de su conciencia. Este enfoque introspectivo tuvo su apogeo con el psicólogo estadounidense Edward Bradford Titchener en la Universidad de Cornell. Con el objetivo de describir la estructura de la mente, Titchener se preocupó por individualizar los elementos de la conciencia a través de la exploración introspectiva de su propia conciencia. Por ejemplo, el sabor era el resultado de la interacción de cuatro categorías básicas: dulce, amargo, salado y agrio. Este enfoque fue conocido como estructuralismo.

En la década de 1920, se produjo un brusco cambio de orientación en el campo de la psicología que relegó el interés en la exploración de la conciencia a un segundo plano durante unos cincuenta años, centrándose en otra área: el conductismo. El principal responsable de este movimiento fue el psicólogo estadounidense John Broadus Watson. En un artículo de 1913, escribió: “Creo que se puede escribir un tratado de psicología sin utilizar nunca los términos conciencia, estado mental, mente u otros de la misma categoría”. La psicología centró así su atención en el comportamiento, descrito en términos de estímulo y respuesta, dejando a un lado el estudio de la conciencia. Una revisión de ocho importantes tratados de introducción a la psicología publicados entre 1930 y 1960 reveló que en cinco de ellos no se mencionaba el concepto de conciencia, mientras en dos sólo se hacía referencia como curiosidad histórica.

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Interés en los estados alterados

Sin embargo, desde finales de la década de 1950, reapareció el interés por el estudio de la conciencia, y de una manera concreta por los aspectos y técnicas relacionados con los estados alterados de la conciencia: los sueños, la meditación, los mecanismos de realimentación (o bio-feed-back), la hipnosis y los estados inducidos por drogas. El impulso en la investigación del sueño y la actividad onírica estuvo influido por un hallazgo relacionado con la naturaleza de la conciencia, al descubrirse un indicador fisiológico del estado de ensoñación: a intervalos de unos 90 minutos, aparece una fase de movimientos oculares rápidos (Rapid Eye Movement: REM) que coinciden con unas ondas cerebrales encefalográficas similares a las que se observan en el estado de vigilia. Si se despierta al sujeto durante esta fase REM, casi siempre es capaz de recordar sueños, lo que no ocurre cuando es despertado en otras fases. Éste, y otros descubrimientos, demostraban con claridad que el sueño debía considerarse como un estado activo, y no pasivo, de conciencia.

En la década de 1960, la búsqueda de un estado más elevado de conciencia a través de la meditación se tradujo en un interés creciente en la práctica del budismo zen y el yoga procedentes de culturas orientales. En Estados Unidos se extendió la práctica de programas de entrenamiento autodirigidos, basados en la relajación física y la atención dirigida, como la meditación trascendental. Las técnicas de bio-feed-back también se popularizaron. En ellas, el sujeto trata de someter a un control voluntario ciertos sistemas orgánicos involucrados en el control de la presión arterial o la temperatura corporal para de este modo controlar ciertas respuestas. Por ejemplo, se descubrió que este entrenamiento permite controlar hasta cierto punto el patrón de las ondas cerebrales, sobre todo en los llamados ‘ritmos alfa’, relacionados con estados de relajación y meditación. Este hecho fue relevante para las personas interesadas en la meditación y el estudio de la conciencia, y promovió muchos programas de ‘entrenamiento alfa’.

Durante la década de 1960 mucha gente tuvo contacto con los psicofármacos conocidos como alucinógenos, que inducen alteraciones de la conciencia. Los fármacos más conocidos de este grupo son la dietilamida del ácido lisérgico, o LSD, la mescalina (o peyote), y la psilocibina (alucinógeno aislado de hongos del género Psilocybe). Estos últimos se conocen también por su asociación con determinadas ceremonias religiosas de ciertas culturas. El LSD, debido a su capacidad de alterar el funcionamiento mental, llamó la atención porque se le atribuía la propiedad de optimizar el funcionamiento de la mente, y por sus efectos psicomiméticos (capacidad de producir cuadros semejantes a las psicosis). Sin embargo no se ha demostrado ningún uso práctico de estas drogas, y su utilización es muy restringida.

Otro foco de interés en relación con los estados alterados de conciencia es la hipnosis, que implica la transmisión de contenidos de conciencia de un individuo a otro al que se pretende influir. El hipnotismo ha tenido una historia larga y tortuosa tanto en medicina como en el folclore popular y se ha estudiado mucho en psicología. Se conocen muchos aspectos del estado hipnótico relativos a la personalidad del individuo y la tendencia a la sugestión, lo que ha permitido su desmitificación y puesto en evidencia las limitaciones de este método. En cualquier caso, y a pesar de la utilización creciente del hipnotismo, todavía queda mucho por saber sobre este peculiar estado de conciencia.

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