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Iglesia ortodoxa

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Esquema
2.3

Patriarcado de Moscú

El patriarca de Moscú se encuentra al frente de la Iglesia ortodoxa rusa, que es, sin duda alguna, la que cuenta con un mayor número de fieles. Pese a que después de la Revolución Rusa (1917) tuvo que soportar un periodo muy difícil debido a la implantación de un régimen comunista, ocupa el quinto lugar en la jerarquía de iglesias ortodoxas, por detrás del patriarcado de Constantinopla y de los tres patriarcados melquitas.

2.4

Otros patriarcados e iglesias ortodoxas

Otras comunidades ortodoxas son la Iglesia autocéfala de Grecia, la Iglesia autocéfala de Chipre, el patriarcado de Serbia, el patriarcado de Bulgaria, la Iglesia autónoma de Polonia, las iglesias autónomas de la República Checa y Eslovaquia, el patriarcado de Rumania, el patriarcado de Georgia, la Iglesia autónoma de Finlandia, la Iglesia autocéfala de Albania, la Iglesia autocéfala de América, la Iglesia autónoma de China y la Iglesia autónoma de Japón.

3

Doctrina

La Iglesia ortodoxa, por medio de sus declaraciones doctrinales y de sus textos litúrgicos, mantiene firmemente que es ella la que sostiene la fe cristiana original, que compartió con la Iglesia de Occidente durante el I milenio de la era cristiana. Reconoce la autoridad de los concilios ecuménicos en los que ambas iglesias tuvieron representación unicolegial. Estos sínodos fueron el I Concilio de Nicea (325), el I Concilio de Constantinopla (381), el Concilio de Éfeso (431), el Concilio de Calcedonia (451), el II Concilio de Constantinopla (553), el III Concilio de Constantinopla (680) y el II Concilio de Nicea (787). Las últimas afirmaciones doctrinales de la Iglesia ortodoxa, como por ejemplo los importantes conceptos que se acuñaron durante el siglo XIV con respecto a la comunión con Dios, son considerados sólo como el desarrollo de la fe original de la Iglesia primitiva.

3.1

Tradición

Una de las características de la Iglesia ortodoxa es su preocupación por mantener una continuidad y una tradición. Pero esto no implica un culto al pasado, sino más bien un sentido de identidad y continuidad con los testimonios apostólicos originales, tal y como se realizaban a través de la comunidad sacramental de cada iglesia local. El Espíritu Santo, cuya gracia se recibe en Pentecostés, es considerado el guía de la Iglesia hacia “la verdad completa” (Jn. 16,13). Se concede la gracia para enseñar y para orientar a la comunidad a ciertos ministros (en especial a los obispos de cada diócesis) o se expresa a través de ciertas instituciones (como los concilios). Sin embargo, puesto que la Iglesia no está formada sólo por obispos o por clérigos, sino también por toda la comunidad laica, la Iglesia ortodoxa defiende la creencia de que “el pueblo de Dios” es el guardián de la fe.

Esta creencia de que la verdad es inseparable de la vida de la comunidad, ofrece las bases para el entendimiento estricto de la sucesión apostólica de los obispos. Consagrados por sus iguales y ocupando el lugar de Cristo en la Última Cena, momento en el que se reúne la Iglesia, los obispos son los guardianes y testigos de una tradición que se remonta de forma ininterrumpida hasta los apóstoles y que unifica a las iglesias locales en la comunidad de la fe.

3.2

Cristo y María

Los concilios ecuménicos del I milenio de la era cristiana definieron las doctrinas básicas del cristianismo sobre los pilares de la Santísima Trinidad, de la Persona única y de la doble naturaleza de Cristo y sus dos voluntades, expresando la autenticidad y plenitud de su divinidad y humanidad. Estas doctrinas están expuestas en forma inequívoca en todas las declaraciones de fe ortodoxas y en sus himnos litúrgicos. Por otro lado, y a la luz de esta doctrina tradicional, basada en la persona de Cristo, la Virgen María es venerada como madre de Dios. Sin embargo, el posterior desarrollo de la mariología y el dogma católico de la Inmaculada Concepción no son admitidos por la Iglesia ortodoxa. Se la invoca por haber sido la persona más cercana al Salvador y, por lo tanto, poder interceder por toda la humanidad caída en pecado. Así, María es considerada una figura muy importante, de lo que dan testimonio sus abundantes representaciones iconográficas.

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