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Biografía, versión escrita de la vida de una persona. Es una de las formas más antiguas de expresión literaria, y tiene como variante la autobiografía, que es una biografía del propio autor. El término biografía se refiere en la actualidad a un género literario que emplea un amplio número de recursos, estrategias y aproximaciones y, por lo general, entra en aspectos no siempre conocidos de la personalidad y de la experiencia, intentando presentar un panorama lo más amplio posible del sujeto de la biografía, no sólo relatando los acontecimientos de su vida. El narrador puede identificarse con él en todas las etapas de su existencia o adoptar una actitud más distante y crítica. Idealmente, el autor reseña hechos de la vida del sujeto —nacimiento y muerte, estudios, ambiciones, conflictos, medio social en el que se desarrolló, trabajo, relaciones y anécdotas, entre otros—, en un libro que puede adoptar las leyes de construcción del ensayo, la novela y hasta la poesía.
Las biografías son tan antiguas como la propia expresión escrita. Personajes ricos y poderosos del antiguo Egipto, de Asiria o Babilonia ordenaron grabar sus hazañas en tabletas de arcilla. El Antiguo Testamento contiene numerosas vidas breves de patriarcas y profetas, y los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento se pueden considerar como biografías paralelas de Jesucristo. Durante la época clásica se llevaron a cabo interesantes biografías, como Memorabilia de Jenofonte, centrada en la figura de Sócrates, Vidas paralelas, de Plutarco, y Vidas de los doce césares, de Suetonio, sembrada de anécdotas sobre los hechos de su época. En España, surgieron durante la edad media numerosos cronistas y biógrafos, que se ocuparon, fundamentalmente, de escribir las vidas de los reyes del momento. Así, cabría citar a Pero López de Ayala, cronista de los reyes castellanos Pedro I, Enrique II y Juan I; Hernando del Pulgar, que esboza vidas de destacados personajes de su tiempo en su Libro de los claros varones de Castilla; al igual que Fernán Pérez de Guzmán, autor de Generaciones y semblanzas, y Francisco Pacheco. Hasta aproximadamente mediados del siglo XVII, en la cultura occidental, las biografías eran exclusivamente conmemorativas, tenían una intención edificante o moralizadora y trataban de un modo didáctico, tanto las vidas ruines de malhechores y tiranos, como las vidas ejemplares de héroes y heroínas. Tras la extensión del cristianismo, sus sujetos principales habían sido santos, mártires y padres de la Iglesia, que eran tratados no como seres individuales sino más bien como actores del drama de la salvación humana. Una de las últimas obras producidas en el campo de la hagiografía fue El libro de los mártires, escrita en latín por el martirologista inglés John Foxe, y publicada en 1563. En la misma década apareció la versión original en italiano de Vida de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos (1542-1550), de Giorgio Vasari, una obra que reflejaba el nuevo espíritu del humanismo renacentista. La primera biografía moderna, estimulada por el nuevo conocimiento de Erasmo y Tomás Moro, fue Historia de Ricardo III (hacia 1513) del propio Moro, que constituyó una fuente importante para la obra homónima de William Shakespeare. Cabría también destacar, dentro de las biografías del periodo inmediatamente posterior, la que el poeta inglés John Dryden llevara a cabo de Plutarco, en la que se utilizó por primera vez en la lengua inglesa la palabra biografía.
La publicación, en 1791, de Vida de Samuel Johnson, de James Boswell, que estableció la reputación de su autor como el primer biógrafo moderno, es considerada unánimemente como el inicio de la 'época dorada' de la biografía, que se extiende hasta nuestros días. Durante el siglo XIX se llevaron a cabo obras muy significativas centradas en las vidas de literatos. En Francia, algunos autores, inspirados por la insistencia del romanticismo en la valía personal de los poetas, llevaron a cabo numerosas biografías de artistas, como la de Stendhal, Vida de Henri Brulard. Al mismo tiempo se comenzaron a publicar materiales de gran utilidad para la confección de biografías (diarios, cartas personales y documentos por el estilo), tradición que ha tendido a desaparecer en nuestros días debido a la proliferación de los modernos y veloces medios de comunicación. En América Latina, a partir de mediados del siglo XIX, empezaron a proliferar los libros de biografías colectivas dedicados a recoger la vida y los hechos de los insurgentes, libertadores y próceres, que habían protagonizado la independencia y los primeros años de organización política de la América española. Surgieron y se multiplicaron en todos ellos, en un marco de exaltación y pedagogía nacionalista. Un segundo periodo, en el que se diversificaron estas obras de carácter colectivo, también en forma de diccionarios y enciclopedias, así como biografías individuales, dedicadas a los libertadores más eminentes (Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O'Higgins, Antonio José de Sucre y Miguel Hidalgo), fue la celebración del primer centenario de la Independencia. En nuestro siglo, Sigmund Freud y otros observadores científicos del individuo y la sociedad aportaron un nuevo impulso al examen de la personalidad del autor a través de sus escritos. Un gran número de autores, entre los que cabe citar a André Maurois y Jean Paul Sartre (autor de San Genet, comediante y mártir, sobre el escritor Jean Genet), continuaron la línea de Freud y le aportaron visiones existencialistas en las biografías que realizaron durante los primeros años de la segunda mitad del siglo XX. En España, sobresalen dos autores que llevaron a cabo interesantes biografías: Antonio Pérez y el polifacético médico y escritor madrileño Gregorio Marañón, autor de numerosos ensayos sobre medicina, arte y literatura, que escribió El conde-duque de Olivares o la pasión de mandar (1936), centrada en el valido del rey español Felipe IV. En este periodo se vivieron numerosos avances en el campo de las biografías, en especial el abandono del estilo tradicional y el aumento en cuanto a variedad y calidad, que llevaron a la aparición y consolidación de la crítica biográfica como género literario. Tal y como afirmó Thomas Carlyle en 1827, 'una vida bien escrita es casi tan difícil de llevar a cabo como una vida bien vivida' y, un siglo más tarde, Lytton Strachey se hizo eco de esas palabras y describió la biografía como 'la más delicada y humana rama del arte de la escritura'. Durante todo el siglo XX, y a pesar de las fluctuaciones en las modas, ha aumentado el interés de los lectores por las biografías, de modo que hoy en día conforma una parte muy importante de toda la producción literaria mundial.
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