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Estados Unidos de América

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Bandera e himno de Estados Unidos de AméricaBandera e himno de Estados Unidos de América
Esquema
2.6

Flora

En la época en que los europeos empezaron a asentarse en el actual Estados Unidos, los bosques cubrían la mitad de su territorio; hoy sólo abarcan el 31% de la superficie. Del mismo modo, la colonización del continente ha causado la pérdida de pastos y de otras especies naturales.

En el norte, Alaska es una tundra desolada y azotada por los vientos, una región de líquenes, musgos, arbustos bajos resistentes y plantas de flor; en el interior y en el sur, crecen cultivos estacionales y ciertos árboles pueden sobrevivir; unas pocas especies de árboles de hoja de aguja, sobre todo piceas y abetos, dominan un vasto bosque siempre verde, apareciendo también en áreas rocosas cubiertas de líquenes y pantanos cubiertos de hierbas, donde se entremezclan con álamos temblones cortados con señales de fuego. Este bosque, conocido como la taiga, se extiende por el sureste del interior de Alaska y surge de forma aislada en el norte de Nueva Inglaterra y en la región de los Grandes Lagos. Al sur de la taiga se desarrolla un bosque mixto que contiene árboles de hoja de aguja y hoja ancha como pinos, arces, olmos, abedules y robles, así como nogales americanos, hayas y sicomoros. Este tipo de bosque cubría la región que rodea los Grandes Lagos y el este cuando llegaron los colonizadores europeos.

Todavía más al sur, el bosque alcanza su máxima diversidad: el Parque nacional de las Grandes Montañas Humeantes (Great Smoky Mountains), que se extiende por el oeste de Carolina del Norte y el este de Tennessee, contiene más especies de árboles que todo el continente europeo. La zona del golfo de México es más calurosa que esta área montañosa, pero sus llanuras y colinas bajas no albergan un bosque tan complejo; además, los suelos arenosos y los veranos calurosos propician fuegos, que suprimen los robles y otras especies de madera noble y favorecen los pinos de rápido crecimiento que hoy representan el mayor recurso forestal de la nación. Otras especies propias de esta zona son magnolias, pacanas, eucaliptos y tupelos; un número de especies subtropicales y tropicales crecen en el sur de Florida. A lo largo de la costa del golfo de México las zonas pantanosas de sal y las gramíneas de ciprés y mangle ayudan a proteger la costa contra el viento y las olas.

La diversidad de los bosques también decrece al oeste de los Apalaches; en primer lugar, las piceas de las zonas elevadas de las montañas, los abetos y los fresnos desaparecen y, además, disminuyen las precipitaciones en cantidad y regularidad, por lo que los incendios se hacen más frecuentes. Los exuberantes bosques de madera noble de las zonas bajas del valle del Mississippi poco a poco se reducen en tamaño y complejidad. Los bosques de roble y nogal americano dan paso a zonas aisladas de roble y a praderas de hierbas altas, las cuales, antes de ser cultivadas, ocupaban el actual Corn Belt (‘cinturón de maíz’) desde Indiana hasta el este de las Grandes Llanuras.

Hacia el oeste el clima es todavía más seco, y las hierbas altas verticillium albo-atrum producen una grama más corta y una extensión de la gramínea del norte. Las hierbas del norte de las Grandes Llanuras crecen sólo durante el verano corto y florecen a finales del mismo o comienzos del otoño. Por contraste, las hierbas del sur de esta zona crecen rápidamente en primavera, florecen pronto y luego se mantienen inactivas durante los veranos calurosos y secos. La artemisa en el norte, el mezquite y el enebro en Texas son característicos de los prados más pobres.

Las montañas Rocosas y otras cordilleras interrumpen la transición gradual a una auténtica vegetación desértica y los árboles son abundantes en las partes más bajas y medianas de las laderas; los pinos y enebros dominan en el piedemonte, dando paso a álamos temblones, abetos y piceas en las partes más altas; por encima de esta zona está la verdadera tundra. Los desiertos de las partes bajas llenos de arbustos alternan con montañas cubiertas de árboles (y en ocasiones tundra o neveros) a través de todos los estados montañosos y en el interior de los estados cercanos al Pacífico. El valle de la Muerte, que se encuentra por debajo del nivel del mar, es uno de los muchos terrenos bajos prácticamente estériles. La vegetación en estas regiones comprende especies como artemisa, enebro, piñón, hierbas, mezquite, zygophyllaceous y yuca; los “bosques” de cactus que forman una imagen típica de los desiertos se encuentran en realidad en las laderas de las alineaciones montañosas del desierto de Mojave en el sur de Arizona y California. Sobre la más alta pero todavía relativamente seca meseta del Colorado crecen los pinos ponderosa y piñonero.

Los veranos calurosos y secos y los inviernos templados y húmedos de la costa del sur de California producen una característica vegetación arbustiva conocida como chaparral; en esta zona, las plantas se han adaptado a los inviernos lluviosos, los veranos secos, los incendios del otoño y los suelos de poca profundidad. Más al norte, en las laderas occidentales de las cordilleras Costeras y sierra Nevada, la estación lluviosa del invierno es más larga y los bosques de secuoya y secuoya gigante son frecuentes. Todavía más al norte, en la parte occidental de Oregón y en Washington, aparece un auténtico bosque lluvioso: abetos, abetos Douglas, tsugas, cedros, piceas y pinos, cada especie ocupando su propia zona climática de altura; esta zona forestal es la segunda más rica de la nación. Los bosques costeros de Alaska tienen menos especies que los ricos bosques lluviosos al sur pero un crecimiento más rápido que la taiga en el norte.

El aislamiento y la interacción de sus montañas y los húmedos vientos alisios condicionan la vegetación natural de Hawai.

2.7

Fauna

En las áreas árticas y las regiones montañosas de tundra viven marmotas, ardillas de tierra, peces de aguas frías como tímalo y trucha común, y algún que otro oso. Las aguas costeras de Alaska son el hábitat de grandes mamíferos, entre los que se encuentran la morsa y la foca de piel. El caribú y el alce permanecen los veranos en la tundra pero se desplazan a los bosques de coníferas durante el invierno. En los bosques de madera noble del este de Estados Unidos viven alces, osos negros, ciervos, zorros, mapaches, mofetas, ardillas y una diversidad de pájaros pequeños. A lo largo de la costa del golfo de México viven pájaros más grandes y coloridos como el pelícano, el flamenco y el martín pescador verde; también existen ejemplares de caimán americano, peces de agua cálida como el pez gato y serpientes venenosas.

El bisonte está asociado por lo general a las praderas, aunque de hecho una vez ocupó la mayor parte del este de América del Norte antes de que la caza estuviera a punto de exterminarlo; ahora sólo vive en cautividad o en áreas protegidas. Tuzas, conejos, perrillos de las praderas, turones de pies negros, hormigas y otras criaturas que hacen madrigueras son los mejor adaptados a las praderas. Los estados montañosos occidentales, sobre todo Alaska, son el último refugio en Estados Unidos de los grandes animales de caza mayor: alce, berrendo, alce americano, ciervo, muflón de las rocas, cabra montesa, lobo gris y, en unas pocas áreas remotas, oso pardo. El oso americano, el carnívoro más grande de América del Norte, vive en Alaska. Los desiertos tienen pocas plantas y una fauna diminuta: ratas canguro, lagartos y una amplia gama de pájaros son los animales característicos en estas duras regiones. Los animales de Hawai engloban muchas especies endémicas; el único mamífero autóctono de este estado es el murciélago.

2.8

Temas medioambientales

Al abarcar un amplio espectro de latitudes, los Estados Unidos abarcan docenas de tipos de vegetación, formaciones geológicas y zonas ecológicas. La enorme superficie y la variedad de los paisajes siempre han satisfecho las necesidades de la población, pero el crecimiento de ésta, que además goza de uno de los niveles de vida más elevados del mundo, está agotando los recursos naturales. El agua dulce, por ejemplo, escasea en los áridos estados occidentales, donde tiene importancia la agricultura de regadío. Se han construido muchas presas y prácticamente todos los ríos importantes han sido embalsados o modificados de alguna manera, pero la conciencia medioambiental ha impedido mayores aprovechamientos y desvíos de las corrientes. Además, la sobreexplotación de los suelos cultivados en todos los Estados Unidos está haciendo que sufran una fuerte erosión y que se agoten. La mayor parte de las vías de agua están contaminadas con productos químicos agrícolas, si bien se ha cambiado hace pocos años la utilización de pesticidas muy tóxicos por una serie de programas integrados para gestión de las plagas. Las minas de cobre y de carbón a cielo abierto y los procedimientos tóxicos para procesar metales, han tenido unos efectos notablemente nocivos y de amplia presencia sobre la fauna silvestre y el paisaje. El desarrollo urbano continúa transformando en pavimento a algunos de los campos y huertas más ricas del país.

Prácticamente todos los bosques originales de los Estados Unidos han sido talados, excepto los que se encuentran a grandes altitudes o en las localidades más remotas, además de algunas zonas mantenidas para la posteridad como los parques de secuoyas en California. El Servicio Forestal nacional o compañías privadas cuidan de grandes extensiones de bosques de coníferas para hacer talas periódicas. Los desmontes masivos han traído consigo la pérdida de suelo, los deslizamientos de tierra y la degradación de los hábitats acuáticos. El destino que tendrán las pocas zonas naturales que quedan de estas zonas arboladas es motivo de arduas disputas políticas.

Los Estados Unidos tienen una gran variedad de hábitats con su correspondiente biodiversidad. No obstante, prácticamente todos los hábitats naturales han sido alterados de forma significativa y algunos, como las praderas nativas de hierba alta, se han extinguido o se está muy cerca de que ello ocurra. Entre otros hábitats amenazados figuran determinados tipos de desierto, bosques antiguos, comunidades de dunas de arena y humedales, desde los estuarios de la bahía de Chesapeake hasta las marismas boscosas del noroeste.

En 1872, los Estados Unidos establecieron el primer parque nacional del mundo, el Parque nacional Yellowstone. Además de los numerosos parques nacionales, el Gobierno gestiona un sistema de monumentos nacionales, zonas de recreo, zonas de gestión de la fauna silvestre, y refugios para la fauna silvestre. El sistema de gestión de parques nacionales ha sobrepasado su presupuesto en los últimos años y ahora se cobran derechos en muchos lugares para contribuir al mantenimiento de estos parques. Aun así, la utilización pública de los parques continúa en aumento y muchos de ellos se enfrentan al exceso de visitantes, la contaminación y la erosión. Existen organizaciones no gubernamentales, especialmente Nature Conservancy y Trust for Public Land, que han adquirido mucha importancia en la conservación del hábitat natural. En total, el 23,1% (2007) del territorio está protegido, la mayor parte dentro de las propiedades federales de los estados occidentales y Alaska.

Desde mediados de la década de 1970 se ha establecido una mayor conciencia sobre la conservación de la energía en los Estados Unidos. La mayoría de las comunidades tienen estrictos códigos municipales para la conservación de la energía y se ha reducido significativamente el crecimiento en la demanda. En California y en el cálido suroeste existen grandes turbinas de viento e instalaciones de energía solar, aunque su contribución al suministro total de energía todavía es ínfimo. Las plantas térmicas de carbón producen más de la mitad de la energía del país. Otras fuentes importantes de energía son la hidroelectricidad, en el Pacífico noroccidental sobre todo, y la energía nuclear, que tiene mayor presencia en el noreste. Pero la oposición pública, los elevados costos de construcción y la amplia difusión que tuvieron accidentes como el de Three Mile Island en 1979, han detenido el avance del sector de la energía nuclear, impulsada en los años cincuenta.

A pesar de las medidas para la conservación de la energía, los Estados Unidos continúan siendo el mayor consumidor de energía del mundo, además de ser el mayor emisor de gases con efecto invernadero. Aproximadamente la mitad de la contaminación del aire proviene de la industria y el resto pertenece a los gases expulsados por los vehículos. La contaminación urbana del aire está regulada por el Acta federal sobre el Aire Limpio y algunos estados tienen regulaciones incluso más severas. Todo ello ha contribuido a una mejora en los niveles de contaminación del aire con respecto a la década de 1970, si bien el constante crecimiento en el número de automóviles amenaza con la pérdida de estas mejoras. Bajo el Protocolo de Montreal, los Estados Unidos han frenado sus enormes emisiones de clorofluorocarbonos (CFC), que contribuyen a la destrucción de la capa de ozono y al calentamiento global.

Los Estados Unidos han firmado y ratificado el Convenio sobre el Patrimonio de la Humanidad así como diversos acuerdos medioambientales internacionales relativos a contaminación atmosférica, Tratado del Antártico, cambios climáticos, especies en peligro de extinción, cambios medioambientales, vertido de residuos al mar, vida marina, prohibición de realizar ensayos nucleares, capa de ozono, contaminación naval, madera tropical (1983), zonas húmedas y caza de ballenas. Hay 47 reservas de biosfera bajo el programa El Hombre y la Biosfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Los Estados Unidos cooperan con Canadá en numerosos proyectos de conservación, y está previsto el establecimiento de un parque transfronterizo entre Estados Unidos y México.

3

Población

Según el censo de 1990, la población residente en Estados Unidos era de 248.709.873 habitantes. El mayor incremento de población en los últimos años ha ocurrido en los estados de California, Texas y Florida. En 2008, la población estimada de Estados Unidos era de 303.824.650 habitantes.

3.1

Composición étnica

Según el censo de 1990, el grupo más grande (unos 58 millones de estadounidenses) es en parte o únicamente de ascendencia inglesa; a continuación aparecen los 38,7 millones de descendientes de irlandeses, mientras que 32,7 millones lo son de alemanes. En 1990, unos 31,8 millones de estadounidenses de 5 o más años crecían en familias en las que se hablaba otra lengua distinta del inglés.

Los datos del censo de 1990 mostraban que los blancos constituyen el 80,3% de la población; los negros son el 12,1%, los descendientes de indios americanos el 0,8% y los asiáticos e insulares del Pacífico el 2,9%. El 3,9% restante se contabiliza como 'otras razas'. Los hispanos, que pueden pertenecer a cualquier raza, están contados en las categorías anteriores y representan el 9% de la población.

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