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Las ciudades más antiguas de China evolucionaron en el siglo XV a.C. bajo la dinastía Shang. Las ciudades han sido importantes desde hace muchos siglos para cubrir las funciones ceremoniales (administrativas y religiosas), así como de lugar de residencia de la corte china y como lugar de intercambio comercial. En el siglo XX, y especialmente desde la década de 1950, las ciudades chinas han ganado gran relevancia como centros industrialmente productivos. Sin embargo, han mantenido su significado ceremonial bajo el gobierno comunista. Según estimaciones para 1992, China tenía 40 ciudades cuyas poblaciones superaban el millón de habitantes. La ciudad más grande de China y su principal puerto es Shanghai (13.680.800 habitantes); Pekín (11.807.000 habitantes), la capital y centro cultural de China; Tianjin (9.393.100 habitantes), una ciudad portuaria en la unión del río Hai y el Gran Canal; Shenyang (6.800.000 habitantes); Wuhan (7.811.900 habitantes), una ciudad portuaria en la confluencia de los ríos Han y Yangtzé, y Cantón (7.607.220 habitantes), ciudad portuaria en el Zhu Jiang (río Perla). Todas estas ciudades han desarrollado grandes zonas industriales.
Los chinos han disfrutado de un idioma escrito desde hace más de 3.000 años. Aunque el idioma chino está formado por más de una docena de grandes dialectos hablados, toda el sistema de escritura se realiza con los mismos caracteres. Esta unidad literaria ha sido importante para la unidad histórica del pueblo chino desde la dinastía Shang (c. 1766-c. 1027 a.C.). Uno de los ambiciosos esfuerzos del gobierno comunista chino desde 1949 ha sido la modificación de la lengua china. El idioma hablado de forma oficial por los chinos es el putonghua (habla corriente); a veces los occidentales lo conocen como mandarín y es el dialecto del norte de China. En 1955 este dialecto fue declarado idioma común en la Conferencia Nacional de la Reforma del Idioma Chino Escrito. Se han realizado grandes esfuerzos también para modificar el idioma escrito. El uso de caracteres simplificados (caracteres escritos con menos trazos), se ha incrementado poco a poco, lo que ha facilitado el objetivo del gobierno de ampliar la alfabetización. En 1977 los chinos realizaron una petición formal a las Naciones Unidas para utilizar los caracteres del alfabeto latino en la escritura o grafía pinyin (ortografía fonética) con el fin de poder transcribir los nombres de lugares en China de acuerdo a pautas comprensibles para el resto del mundo; se creó este método de transcripción a finales de la década de 1950 y ha sufrido modificaciones constantes. Algunos dirigentes chinos aseguran que el pinyin llegará finalmente a reemplazar los caracteres chinos y se convertirá en el idioma chino escrito; sin embargo, no se espera que esto ocurra en un futuro cercano. Los más de 70 millones de personas que componen las minorías étnicas de China tienen sus propios idiomas hablados, entre los que se encuentran mongol, tibetano, miao, tai, uigur y kazajo. Antes muchos de estos idiomas minoritarios no tenían una forma escrita, pero el gobierno chino ha animado el desarrollo de formas escritas de estos idiomas, utilizando el pinyin. También se anima a estos grupos a continuar las tradiciones que promocionarán el conocimiento de su herencia etnolingüística. El dialecto mandarín es el que se enseña en las escuelas, generalmente como segundo idioma y su conocimiento es indispensable en toda China. Ver Lengua china.
Una de las primeras acciones del Partido Comunista Chino (PCCh) al obtener el control en 1949 fue eliminar, de modo oficial, la religión organizada. Antes, las religiones dominantes en China habían sido el confucianismo, el taoísmo y el budismo. A causa de la naturaleza casi secular del confucianismo, y debido a que la mayor parte de los chinos estaban vinculados a las tres grandes creencias, por lo que carecían de una fuerte fidelidad a una sola religión, la población ofreció muy poca resistencia al cambio del ejecutivo. Además del budismo y taoísmo, las principales religiones formales de China, eran el cristianismo y el islam. La mayor parte de los templos y escuelas de estas cuatro religiones se secularizaron. Sólo con la Constitución de 1978 se permitió el desarrollo oficial de las religiones organizadas en China, aunque también establecía que la población tenía el derecho a no tener creencias religiosas y ‘a propagar el ateísmo’. Desde que se han garantizado los derechos religiosos, los grupos cristianos en las ciudades y las sectas budistas tanto en el campo como en la ciudad han sido muy activas. Los chinos musulmanes étnicos (o hui) así como los pueblos musulmanes minoritarios como los uigur, kazajos y kirguises, mantienen su fe en el islam, pero hoy practican su religión de un modo más abierto.
China tiene una larga y rica tradición cultural en la cual ha desempeñado un importante papel la educación. A lo largo de todo el periodo imperial (221 a.C.-1912 d.C.) tan sólo los que tenían una educación tenían posiciones de liderazgo social y político. La primera Universidad se estableció en el año 124 a.C. para formar a los futuros funcionarios públicos en el conocimiento del confucianismo y los clásicos chinos. Sin embargo, a lo largo de la historia muy pocos chinos han sido capaces de llegar a aprender de forma total y correcta el complejo idioma y su literatura. Se estima que en 1949 tan sólo el 20% de la población de China sabía leer y escribir. Para los comunistas chinos, el analfabetismo era un obstáculo para la promoción de sus programas políticos, por lo que combinaron la propaganda política con el desarrollo educativo.
Uno de los programas más ambiciosos del Partido Comunista ha sido el establecimiento de la educación pública universal para toda la población. En los dos primeros años del nuevo gobierno (1949-1951) más de 60 millones de campesinos acudieron a las ‘escuelas de invierno’, establecidas para aprovechar la estación de descanso de los trabajadores agrícolas. Mao declaró que una meta primordial de la educación era reducir las diferencias de clase por lo que era fundamental reducir las distancias sociales entre el trabajo manual y el intelectual, entre los residentes en la ciudad y el campo, y entre el obrero y el campesino. El desarrollo más radical en la educación de China tuvo lugar entre 1966 y 1978. Durante la Revolución Cultural de 1966 a 1969, se cerraron prácticamente todas las escuelas del país. Los 131 millones de jóvenes que estaban inscritos en las escuelas primarias y secundarias tuvieron que abandonarlas; muchos se involucraron en los esfuerzos de Mao por crear una nueva elite china, en la que hubiera jóvenes críticos que revisaran los programas políticos gubernamentales. En 1968 y 1969 se volvieron a abrir, pero hasta el periodo de 1970 a 1972 todas las instituciones de educación superior permanecieron cerradas. Las políticas gubernamentales respecto a la educación cambiaron de un modo drástico. Los trece años tradicionales desde el jardín de infancia hasta el grado 12 se vieron reducidos a un plan de 9 o 10 años para la escuela primaria y secundaria (o media). Las escuelas universitarias que tradicionalmente habían tenido una duración de cuatro o cinco años, adoptaron un programa de tres años, y parte de este tiempo se dedicaba a un trabajo productivo para apoyar a la escuela. También se hizo indispensable un periodo de dos años de trabajos manuales para la mayor parte de los graduados de la escuela secundaria que deseaban continuar estudios universitarios. Tras la muerte de Mao en 1976 se revisó profundamente esta política. Como resultado de ello, y a causa de un creciente interés por el desarrollo de las áreas científicas, el sistema educativo volvió a ser similar a la de los años anteriores a la Revolución Cultural. Los programas para la escolarización primaria y secundaria (en sus dos ciclos) se fueron reajustando gradualmente para volver a los doce años de estudio, y los graduados del segundo ciclo de la escuela secundaria o preparatoria ya no tuvieron que ir a trabajar al campo durante dos años para poder acceder a las escuelas universitarias. Un cambio importante en el sistema educativo ha sido la reinstauración de pruebas o exámenes normalizados para el acceso a la universidad. Estos exámenes formaban parte del mecanismo de ascensos existente en China antes de la Revolución Cultural. Durante esos años, los antitradicionalistas fueron capaces de eliminar los exámenes de ingreso argumentando que se favorecía a una elite que tenía una herencia intelectual que procedía de sus familias. Cuando se volvieron a abrir las universidades, entre 1970 y 1972, se permitió la admisión de muchos candidatos por sus actividades políticas, sus actividades dentro del partido y por el apoyo que recibían del mismo. Este método de selección terminó en 1977 cuando los dirigentes chinos lanzaron su nueva campaña para las ‘cuatro modernizaciones’. El gobierno estableció como objetivo la rápida modernización de la agricultura, industria, defensa, ciencia y tecnología que requería niveles elevados de preparación. Estos programas educativos tenían que basarse necesariamente en habilidades teóricas y formales, más que en actitudes políticas o en el espíritu revolucionario. En la actualidad, la tasa de alfabetización es del 87,3% de adultos. En el curso 1998–1999 había 145 millones de alumnos en las escuelas primarias y alrededor de 90,7 millones de estudiantes en las secundarias; en 1949 habían sido alrededor de 24 millones los estudiantes de escuela primaria y 1.250.000 los de las secundarias. Se estima que unos 12,1 millones de estudiantes están inscritos en las más de 1.000 instituciones chinas de educación superior. La educación superior china está caracterizada en la actualidad por el ‘sistema de punto clave’. Bajo este programa, los estudiantes más prometedores son colocados en escuelas seleccionadas de puntos considerados básicos, que se especializan en el entrenamiento de una elite académica. Los estudiantes que terminan la escuela secundaria pueden acudir a escuelas universitarias y a distintas escuelas técnicas y de formación profesional. Entre las universidades más importantes de China destacan la Universidad de Pekín (1898), la Universidad de Hangzhou (1952), la Universidad Fudan (1905), en Shanghai, y la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (1958), en Hefei. Toda la educación superior en China es gratuita. Una innovación en el sistema educativo de China es la Universidad por Televisión (véase Comunicaciones, más adelante).
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