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Micenas, antigua ciudad situada en la llanura de la Argólida, en el noreste del Peloponeso (la península meridional de la actual Grecia), dio su nombre a una civilización (micénica) que se desarrolló en la antigua Grecia durante la última etapa de la edad del bronce.
Las ruinas de la ciudad están cerca de la actual localidad de Micenas, al norte de Argos. Otros centros importantes de la civilización micénica fueron Tirinto y Pilos. Homero utilizó en la Iliada y la Odisea el nombre de aqueos para designar a los micénicos, quienes es posible que se identificaran con los pueblos que llegaron a Grecia hacia el 2000 a.C. como parte de la migración indoeuropea. Su lengua, el más antiguo dialecto griego, se reproducía en una escritura conocida como lineal B. Su momento de mayor esplendor tuvo lugar desde el 1700 hasta el 1200 a.C. Hacia el 1450 a.C., Micenas conquistó Cnosos, en Creta, pasó a convertirse en el centro de la civilización del Egeo, tras sustituir a la civilización minoica como su eje dominante. Hacia el 1200 a.C., los micénicos, según parece gobernados por el legendario rey Agamenón, de la Casa de Atreo, eran unos de los principales participantes en la guerra de Troya, cuya duración y amplitud sin duda exageró Homero en la Iliada. Poco después, la supremacía de Micenas llegó a su fin, quizá debido a la rivalidad interestatal agravada con la invasión, en el siglo XII a.C., de otro pueblo griego procedente del norte, el dorio. La ciudad, aunque más tarde habitada de nuevo, no recuperó su antiguo esplendor. Hacia el 468 a.C. los habitantes de Argos la sitiaron y destruyeron, sin que volviera a ser reconstruida en su emplazamiento original.
Las ruinas de Micenas, declaradas en 1999 Patrimonio cultural de la Humanidad, están situadas sobre una colina próxima a la actual ciudad homónima; incluyen las poderosas murallas ciclópeas (llamadas así porque se creyó que habían sido construidas por los gigantes epónimos), una de cuyas entradas está constituida por la famosa Puerta de los Leones, el palacio y las tumbas excavadas entre 1876 y 1878 por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann, las cuales, por error, se identificaron con el tesoro de Atreo y la tumba de Clitemnestra. El oro y las joyas encontrados por Schliemann en los emplazamientos de los enterramientos reales indican la gran riqueza y el poder obtenido por los micénicos cuando conquistaron el imperio mercantil minoico. Los palacios de la civilización micénica poseían el característico megaron (una habitación central dominante), al que se llegaba desde un patio cruzando un pórtico flanqueado por columnas, y el cual tenía un gran hogar central rodeado de cuatro columnas. Los megaron de los palacios de Micenas, Tirinto y Pilos eran sorprendentemente similares. Las ciudades del continente tendían a la fortificación con grandes muros de mampostería ciclópea, construida con bloques macizos e irregulares. Aun cuando los micénicos usaron en un principio pozos a la hora de construir los enterramientos reales, más tarde adoptaron los tholos minoicos, convirtiéndolos en una estructura impresionante. Las tumbas se cubrían con túmulos o terraplenes artificiales de tierra; a ellas se accedía a través de largos pasillos. En las tumbas más complejas, como la denominada Tesoro de Atreo (Micenas), el espacio grande y circular estaba impresionantemente abovedado con gruesos doseletes de piedra.
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