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Cuestión Oriental

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Mezquita Azul (Estambul)Mezquita Azul (Estambul)
Esquema
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Introducción

Cuestión Oriental, término acuñado, al parecer, en 1821, para describir los diversos conflictos internacionales concernientes al Imperio otomano y, específicamente, a la guerra de la Independencia griega iniciada en 1821. Comenzó a emplearse para hacer referencia a los problemas diplomáticos resultantes del declive de la autoridad otomana en Europa, entre los que se encontraban el reparto de los territorios del Imperio en los Balcanes, el control de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos y la posesión de Constantinopla (Estambul).

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Origen de la Cuestión Oriental

El origen de la Cuestión Oriental suele remontarse a la firma del Tratado de Kuchuk-Kainarzhi entre Rusia y el Imperio otomano (1774), por el que Rusia, además de recibir una indemnización y concesiones territoriales, conseguía libertad de navegación por el mar Negro, el derecho a que sus barcos mercantes cruzaran los estrechos y el de hacer peticiones en nombre de la Iglesia ortodoxa, a la cual pertenecían la mayoría de los súbditos otomanos cristianos. El Tratado mostraba la debilidad del Imperio otomano y apuntaba a Rusia como la gran potencia que más posibilidades tenía de ser la heredera del Imperio en Europa. Otras grandes potencias, especialmente Austria y más tarde Gran Bretaña, temían que el equilibrio político de Europa se viera perjudicado por las adquisiciones de Rusia, por lo que procuraron evitar la caída del Imperio otomano, o bien, ante esta eventualidad, que el resultado no favoreciera excesivamente a ninguna potencia europea. La situación fue enormemente complicada durante el siglo XIX —que se inició con la rebelión serbia de 1804— debido al aumento del sentimiento nacionalista entre los súbditos otomanos cristianos y a su deseo de alcanzar la autonomía y, finalmente, la independencia. La combinación de las aspiraciones de los cristianos de los Balcanes y las esperanzas y temores de las grandes potencias propició el planteamiento de la Cuestión Oriental.

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Desarrollo de la Cuestión Oriental

El desarrollo de este asunto está marcado por sucesivas crisis internacionales. Tras las Guerras Turco-rusas, Rusia obtuvo concesiones a expensas del Imperio otomano en virtud de los tratados de Iaşi (1792), Bucarest (1812) y Adrianópolis (1829). Las potencias europeas no pudieron impedir que Rusia lograra sus objetivos en cada uno de estos casos. Gran Bretaña comenzó a inquietarse cuando los rusos parecían haber dominado a los otomanos por medio del Tratado de Unkiar Skelessi en 1833; pero, hacia 1840, consiguió que se reconociera internacionalmente una autoridad que regulara el derecho de paso en los estrechos y se estableciera un precedente para elaborar un plan de acción internacional sobre la Cuestión Oriental, gracias a la Convención de Londres, a la que siguió la Convención de los Estrechos de 1841. Cuando Rusia emprendió unilateralmente acciones en contra del Imperio otomano en 1853, Gran Bretaña y Francia acudieron en ayuda de los otomanos en la guerra de Crimea; y, según lo acordado en el Tratado de París (1856), que puso fin a dicho conflicto, Rusia se vio obligada a renunciar a muchas de las peticiones realizadas a los otomanos. El Imperio otomano fue reconocido en el concierto europeo y las potencias europeas se comprometieron a respetar su independencia e integridad y a garantizar conjuntamente el cumplimiento de este acuerdo. La Cuestión Oriental no era únicamente un problema internacional. Además, se esperaba que el avance del movimiento reformista otomano (el denominado Tanzimat) acabara poniendo fin a las protestas referentes a la mala gestión del gobierno que habían creado problemas en el pasado.

El acuerdo de 1856 quedó minado en parte por el resentimiento de los rusos, pero principalmente por las aspiraciones frustradas de los cristianos de los Balcanes. Grecia había logrado la total independencia en 1832; Serbia, Montenegro, y los principados de Moldavia y Valaquia (posteriormente Rumania) podrían considerarse como autónomos, pero todas las comunidades estaban descontentas porque muchos serbios, griegos y búlgaros permanecían dentro del Imperio otomano. Desde 1875 hasta 1878 tuvo lugar una grave crisis con respecto a la Cuestión Oriental que comenzó con una rebelión de campesinos cristianos en lo que en la actualidad es Bosnia-Herzegovina. La revuelta se extendió a Bulgaria, donde las medidas adoptadas por los otomanos para reprimir la insurrección provocaron las conocidas matanzas búlgaras, la guerra entre los otomanos y Serbia y Montenegro, una protesta clamorosa por toda Europa y una nueva Guerra Turco-rusa (1877-1878). Este último conflicto concluyó con la derrota de los otomanos y la firma del Tratado de San Stefano (1878), en el cual se proponía la creación de un amplio Estado búlgaro en los Balcanes. Gran Bretaña, alarmada ante la perspectiva de un incremento de la influencia de Rusia, amenazó con declarar la guerra y, con el apoyo de otras potencias, convenció a Rusia para celebrar un congreso internacional (que tuvo lugar en Berlín en 1878), en el cual el Tratado de San Stefano fuera refundido en un acuerdo internacional, se redujera considerablemente la extensión del nuevo Estado búlgaro y se devolvieran a los otomanos algunos territorios. No obstante, se abandonó la idea de mantener la antigua estructuración del Imperio otomano: se concedió la independencia a Serbia, Montenegro y Rumania. Por otro lado, se le otorgó al Imperio Austro-Húngaro la administración de Bosnia-Herzegovina. Los estados balcánicos continuaron reclamando sus derechos durante los años siguientes, lo que ocasionó las Guerras Balcánicas de 1912 y 1913, cuyas consecuencias fueron las siguientes: los otomanos perdieron sus restantes territorios en Europa a excepción de Tracia oriental, se constituyó el Estado de Albania y los restantes estados balcánicos ampliaron considerablemente sus territorios.

El concepto de la Cuestión Oriental se amplió desde 1878 y algunos autores comenzaron a considerar este asunto como una parte de un conflicto general entre la civilización europea y la oriental, con el que estaba relacionada la ocupación del norte de África por Francia e Italia (1912), la expansión británica en la India, el sur de Oriente Próximo y Egipto, la expansión de Rusia en Asia Central y las luchas que estos movimientos provocaron entre las distintas potencias. En cierta medida, estas grandes empresas estaban vinculadas a la Cuestión Oriental a través de la construcción del canal de Suez (1869), la segunda Guerra Anglo-afgana de 1878-1880, la ocupación británica de Egipto (1882), las matanzas armenias de 1895 y 1896, el proyecto del ferrocarril de Bagdad de 1899 y el auge del panislamismo en el Imperio otomano. El desenlace final de la Cuestión Oriental también incluyó a los territorios asiáticos del Imperio otomano.

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Resolución del conflicto

El punto final de este conflicto internacional vino provocado por el desarrollo y el desenlace de la I Guerra Mundial, cuyo inicio fue en gran medida consecuencia de la Cuestión Oriental (la rivalidad entre el Imperio Austro-Húngaro y Serbia con respecto a Bosnia-Herzegovina, que aquél se anexionó en 1908). Los otomanos lucharon en el bando de los Imperios Centrales, fueron derrotados y, en virtud del Tratado de Sèvres, de 1920, perdieron sus derechos sobre las provincias árabes y Tracia oriental y se les amenazó con obligarles a abandonar regiones de Anatolia. La rebelión nacional turca que se originó ante estas condiciones condujo a la sustitución del Tratado de Sèvres por el Tratado de Lausana (1923), en virtud del cual los turcos recuperaron Tracia oriental y el control total de Anatolia y de los estrechos, supeditado a una convención internacional.

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