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Esquema
La vegetación también refleja la gran variedad de las altitudes. Las áreas más bajas de la zona tropical están escasamente cubiertas con arbustos desérticos, espinosos, y hierbas crasas de la sabana. En los valles y gargantas, crecen exuberantes casi todas las formas de vegetación africanas. La zona templada es principalmente una pradera. Se puede encontrar vegetación afroalpina en las laderas más altas. Las especies de animales salvajes más grandes de África se encuentran en la mayor parte del país. Éstas incluyen jirafas, leopardos, hipopótamos, leones, elefantes, antílopes y rinocerontes. Son comunes el lince, el chacal, la hiena, y varias especies de monos. Las aves rapaces incluyen águilas, halcones y buitres. Se encuentran abundantes garzas, loros y pájaros para caza como agachadizas, perdices, cercetas, palomas y avutardas. Entre la gran variedad de insectos están la langosta y la mosca tsetsé.
Las montañas de Etiopía están formadas por rocas cristalinas y metamórficas plegadas y fracturadas, coronadas por calizas sedimentarias y areniscas, y por gruesas capas de lava volcánica. Las lluvias torrenciales de la principal estación lluviosa tienen un gran poder erosivo, especialmente en áreas donde la vegetación natural ha desaparecido. Las lluvias lavan también los fértiles suelos de montaña, especialmente aquéllos sobre rocas cristalinas. Los suelos volcánicos son más difícilmente lavados y por tanto son más fértiles.
La población de Etiopía está creciendo con una tasa anual del 2,23% (2008), y el gobierno no ha podido desarrollar la infraestructura necesaria para admitir este aumento de población. Por ejemplo, sólo el 22% (2004) de la población tiene acceso a agua potable. La erosión del suelo es un grave problema en Etiopía. La deforestación, el sobrepastoreo y una pobre gestión del suelo aceleraron la tasa de erosión durante las décadas de 1970 y 1980. Un porcentaje extremadamente alto, el 80% (2005), de la población activa de Etiopía trabaja en el sector agrícola, mayoritariamente con criterio de subsistencia. Muchos agricultores de la zona montañosa cultivan en las laderas, provocando que la capa superior del suelo se lave durante las inundaciones repentinas. La presencia de mosquitos portadores de la malaria ha impedido que los agricultores desarrollen zonas de cultivo en las potencialmente más productivas llanuras. La deforestación y la desertización se han visto empeoradas por la vasta utilización de combustibles tradicionales como la leña, que representa el 95,88% del consumo de energía total (1997). El gobierno de Etiopía comenzó a organizar programas de conservación en las áreas rurales durante la década de 1970, formando a los agricultores para combatir la erosión mediante la construcción de terrazas y la plantación de árboles. También ha cerrado algunas zonas de colina al desarrollo agrícola. Cerca del 17% (2007) del territorio de Etiopía está oficialmente protegido, aunque su sistema de parques nacionales y reservas padece la caza furtiva y tala ilegal de árboles. El país alberga 626 especies de aves y 255 de mamíferos; de las especies animales presentes, 93 están en peligro de extinción. Etiopía ha ratificado acuerdos internacionales orientados a la protección de la biodiversidad, especies en peligro de extinción y la capa de ozono. El país también ha firmado tratados sobre limitación de pruebas nucleares y armas químicas y biológicas. Etiopía forma parte del Convenio del Patrimonio de la Humanidad.
La mayor parte de los habitantes de Etiopía sobrevive gracias a la agricultura, básicamente de subsistencia. La población se concentra sobre todo en la región de la meseta central, donde los recursos agrícolas están más desarrollados. La composición étnica es muy diversa, como resultado de una integración racial y lingüística que comenzó en la antigüedad. Según el censo de 1984, Etiopía tenía una población, incluyendo Eritrea, de 42.019.418 habitantes. La población excluyendo Eritrea era de 39.570.266 habitantes. La población estimada en 2008 era de 78.254.090 habitantes, lo que supone una densidad media de 70 hab/km² aproximadamente. La esperanza de vida es de 48,3 para los hombres y 50,6 años para las mujeres. Los amhara, pueblo de las montañas con un origen parcialmente semítico, y los tigreanos (étnicamente relacionados con los primeros) constituyen cerca del 32% de la población total. Ocupan las montañas de Etiopía, especialmente al norte de los 10° de latitud N y al oeste de los 40° de longitud E, y la antigua provincia de Shoa (Shewa) y, hacia el sur, llegan hasta Addis Abeba, la capital. Los oromo, un pueblo de pastores y agricultores viven principalmente en la parte central y suroeste de Etiopía, y constituyen cerca del 40% de la población siendo, por tanto, el mayor grupo étnico. Los shangalla, un pueblo que se encuentra en la parte oriental del país, desde la frontera con Eritrea hasta el lago Turkana, constituyen únicamente el 5% de la población. Los somalíes, que viven en el este y sureste, sobre todo en la región de Ogadén, equivalen aproximadamente en número a los shangalla. Los danakil habitan las llanuras semidesérticas de las montañas. La población no indígena incluye yemeníes, armenios y griegos.
Antes dividida en 14 provincias, Etiopía fue reorganizada bajo la Constitución de 1987 en 24 regiones administrativas y 5 regiones autónomas. En 1991 el gobierno provisional diseñó nuevas fronteras para catorce regiones con autogobierno, siguiendo consideraciones étnicas. Las elecciones para las asambleas regionales tuvieron lugar en 1992. La provincia de Eritrea pasó a ser una república independiente en 1993.
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