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Laqueado, proceso de aplicación de un barniz sobre la superficie de un material, generalmente madera, tanto por motivos decorativos como de protección. La laca, un tipo de barniz hecho de la savia de color blanco pardusco que se extrae de las ramas de ciertos árboles de la India, o del árbol de la laca de Japón, posee notables características: forma una superficie refractaria a las altas temperaturas e impermeable a la humedad, se mezcla fácilmente con pigmentos y con otro tipo de embellecedores y es resistente a las termes y otras plagas de la madera. Se supone que el laqueado se originó en China y después se extendió a Japón. Se trata de una técnica de aplicación meticulosa de numerosas capas finas de laca que pueden llegar hasta cien. Cada capa se deja secar y se pule antes de aplicar la siguiente. La laca puede mezclarse con pigmentos para crear una superficie de color o puede decorarse con diseños pintados o dorados sobre la superficie transparente u opaca que después vuelve a laquearse. Otros métodos de decoración consisten en tallar la superficie laqueada o incrustar conchas, madreperla, coral o metales. La laca incisa de Coromandel, llamada así porque llegaba a Europa desde las fábricas de esta zona costera de la India, solamente se hacía en China. El grabado se efectúa tallando las capas de laca hasta llegar a la base de madera para después rellenar el hueco con lacas brillantes de colores o con marfil. Los paneles de Coromandel se utilizan sobre todo en biombos y bargueños.
Los ejemplos más antiguos del laqueado en China son algunos fragmentos hallados en excavaciones arqueológicas correspondientes a la dinastía Shang (c. 1766-c. 1122 a.C.). Se han hallado objetos de cerámica laqueada en asentamientos de la dinastía Zhou (c. 1122-221 a.C.). Pero fue en la época de la Zhou del Este (722-481 a.C.) y en la de los Reinos Combatientes (403-221 a.C.) cuando la laca se convirtió en una expresión artística de importancia. El pueblo Wu, que controlaba un área que abarcaba la mayor parte del centro y el sur de China en la época de los Reinos, adornaba los utensilios de uso doméstico, como cuencos y cajitas de cosméticos, con complicados dibujos de animales y figuras humanas. Conservados durante cientos de años en tumbas, constituyen algunos de los primeros ejemplos conocidos de pintura china. En el periodo de los Han (206 a.C.-220 d.C.) la decoración con pigmentos laqueados de brillante colorido alcanzó su máxima popularidad. Los utensilios de madera, al igual que los muebles y ataúdes, se decoraron profusamente con motivos abstractos y criaturas imaginarias como dragones. También se extendió el uso de incrustaciones de plata. Se han encontrado varios ejemplos de cajas para peines y alfileres. Apareció la decoración incisa que se hacía con instrumentos de punta fina con los que se marcaba el dibujo y después se rellenaban las líneas con un color que contrastara. Durante la dinastía Tang (618-907) el laqueado se usó por lo general para proteger y colorear estatuas de madera de los dioses budistas. Se añadió además un nuevo elemento decorativo, el de los diseños tallados sobre una superficie laqueada. Esta técnica se aplicó en raras ocasiones durante la siguiente dinastía, la Song (960-1279), en la que se dio preferencia a los laqueados simples en negro o rojo, pero durante el periodo Yuan (1279-1368) volvió a aparecer la decoración recargada. El tallado de la superficie se hizo más intrincado que nunca y se extendió el uso de incrustaciones de madreperla. Esta decoración se utilizaba en todo tipo de mobiliario y objetos personales, como camas, biombos y otro tipo de muebles. En los primeros años de la dinastía Ming (1368-1644) el laqueado rojo tallado fue el favorito, pero en los siglos XVI y XVII se había introducido también una gran variedad de colores entre los que se incluían el verde y el amarillo. Muebles y utensilios domésticos, como cuencos y bandejas, continuaron siendo los objetos laqueados de mayor aceptación. Las superficies muy ornamentadas son características de los laqueados de época Qing (1644-1911) en la que, además del tallado, se añadían piedras semipreciosas y dorados a los objetos. Especialmente apreciados para la exportación eran los grandes biombos, que por lo general llevaban pintados paisajes con figuras; muchos se enviaban en barcos a Europa y otros a la India, Japón y al continente americano. Actualmente, los expertos artesanos chinos de la laca continúan empleando una amplia variedad de técnicas tradicionales.
Los primeros objetos japoneses laqueados datan del periodo Nara (710-794 d.C.) y ponen de manifiesto la gran influencia del arte y la cultura chinas. Hasta nuestros días han llegado muchas estatuas budistas del siglo VIII con superficies laqueadas en seco (kaushitsu), práctica sin duda importada de la China de la época Tang. La innovación más notable durante el periodo Heian (794-1185) fue el maki-e (pintura jaspeada), una técnica específicamente japonesa, que consiste en dibujar el diseño con laca sobre una hoja de papel de mucho gramaje y después presionarlo sobre una superficie laqueada. A continuación se retiraba el papel y se espolvoreaban oro y plata en polvo sobre la laca aún húmeda. En el periodo siguiente, el Kamakura (1185-1333), la laca tallada alcanzó una gran popularidad, y en el periodo Momoyama (1573-1600) el laqueado japonés alcanzó su carácter definitivo. Los objetos más famosos de esta época son piezas, a menudo diminutas, con superficie laqueada en negro y decoración con motivos florales en oro. Las dos características distintivas del laqueado de la época Momoyama —el uso de pan de oro y la pintura sobre una superficie laqueada monocroma (generalmente negra) con deliciosos diseños minúsculos semejantes a joyas— alcanzaron su apogeo en el periodo Edo (1600-1868) sobre todo en las inro, cajitas rectangulares para el rapé o los cosméticos, que se colgaban de un fajín. También los diversos utensilios de la tradicional ceremonia del té —tazas, teteras, jarritas para el agua— fueron objeto de laqueado. En el Japón actual se siguen laqueando del mismo modo las piezas para el té y otros utensilios de uso doméstico, incluso las formas y diseños han mantenido sus características con el paso de los siglos.
Aunque el laqueado se conoció por primera vez en Europa durante el renacimiento, hasta el siglo XVII no hubo un comercio floreciente de muebles y otros objetos procedentes de Oriente. Sin embargo, importar las piezas originales era tan caro que los europeos intentaron imitar esa técnica. Es lo que se conoce como laca europea, que consiste en cubrir la madera con una capa muy fina de yeso mate o escayola para lograr una superficie dura sobre la que se extiende con un pincel goma laca, seed-lac o shellac (distintos preparados de una sustancia segregada por un insecto, el Coccus lacca), de color negro o coloreada, disuelta en alcohol etílico. Después se aplica una decoración en relieve, bajorrelieve o pintada, por lo general en un estilo que imita el arte chino. Esta técnica se aplicó sobre todo a los escritorios y a los arcones. En Inglaterra, Francia, Alemania y Holanda se hicieron grandes cantidades de piezas con laca europea gracias a un libro sobre el tema escrito por John Stalker y George Parker en 1688, A Treatise of Japanning and Varnishing (Tratado de lacas japonesas y barnices). El artesano más destacado dentro de este oficio fue Gerhard Dagly, de Lieja, que trabajó en la corte de Federico III de Prusia. Su estilo se caracteriza por la decoración con colores primarios sobre un fondo blanco, algo bastante diferente del estilo oriental, cuyos tonos favoritos eran el negro, el rojo y el dorado. En esta época se hizo en Inglaterra la laca de Bantam, una imitación bastante tosca de la laca de Coromandel. En Francia, los hermanos Martin crearon la laca vernis Martin, una imitación muy conseguida de la laca oriental. Aún cuando en Europa se realizaron algunos objetos laqueados de gran calidad, no llegaban a tener el lustre y la delicadeza artística de los objetos orientales genuinos. A mediados del siglo XVIII la laca japonesa entró en declive; sin embargo, experimentó un resurgimiento en el siglo XIX en que se utilizó como decoración y protección del papel maché, por entonces muy popular en Inglaterra, Francia y algunos países de América.
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