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Resultados en Windows Live® Iglesia y EstadoArtículo de la enciclopedia
Esquema
Introducción; En el Imperio romano; En el Imperio bizantino; En Europa occidental; La Reforma; En el periodo moderno
Iglesia y Estado, relación entre una iglesia organizada y el Gobierno de un país, en especial con respecto a la extensión de sus poderes dentro de la esfera de actividad mutua. El problema de la relación Iglesia-Estado se ha convertido en un foco hasta cierto punto central en la tradición del cristianismo de occidente, aunque la expresión designe un tema fundamental presente en muchas sociedades y tradiciones religiosas. En la base yace la tensión entre diferentes autoridades, una que representa exigencias hechas en el nombre de regímenes políticos, y la otra que representa las solicitudes realizadas por instituciones religiosas. Este modelo de estructuras de autoridad dual, junto con la variedad de las relaciones entre ellas, ha sido ensayado en la historia occidental cristiana más que en cualquier otra parte.
El cristianismo se desarrolló con lentitud como un movimiento autónomo. En calidad de grupo surgido del judaísmo, existió de forma inestable dentro del Imperio romano. Cuando se estableció de forma independiente del judaísmo, su doctrina como único medio de salvación condujo a un conflicto esporádico con la autoridad imperial. Durante varios siglos, dado que el movimiento cristiano creció por todo el imperio, las iglesias regionales fueron perseguidas cada cierto tiempo, y los cristianos fueron martirizados. Hacia el año 313, con el edicto de Milán, los cristianos se establecieron legalmente como religión bajo el imperio. Durante el reinado de Constantino, a lo largo de la década siguiente, la Iglesia consiguió una posición social privilegiada. Durante los tres primeros siglos, el movimiento cristiano se preocupó por mantener la identidad religiosa y asegurarse la integridad social. A partir de entonces, la Iglesia, que había sufrido a manos del Estado, se unió a esa institución. Desde esa época la relación entre la Iglesia y el Estado empezó a desarrollarse de forma diferente en las principales instancias del imperio.
En Oriente, cuyo centro era Constantinopla, los cristianos evolucionaron hacia una postura de relativa subordinación al Estado. Mientras la Iglesia estuviera libre para perseguir su interés por la salvación eterna, considerando que podría mantener la integridad de su postura religiosa. Sin embargo, al mismo tiempo, la Iglesia apoyó al emperador, quien también aspiró a representar la autoridad divina. Al aceptar este planteamiento, la Iglesia, a su vez, asumió el cesaropapismo, es decir, la subordinación de la Iglesia a las peticiones religiosas del orden político dominante. Esta actitud se hizo muy evidente en la época en que el poder bizantino culminó a fines del primer milenio de la historia cristiana.
En el cristianismo occidental se desarrolló un modelo muy diferente, debido al declive de la autoridad imperial occidental, que culminó con la caída de Roma en el siglo V. La Iglesia se convirtió en una autoridad independiente hasta cierto punto en asuntos temporales y eternos. Así, en la tradición cristiana occidental, se configuró un marco que daría lugar a una gran variedad de relaciones entre la Iglesia y el Estado o las estructuras eclesiásticas y políticas a lo largo de la historia europea. Al principio de este periodo, la doctrina de las 'dos espadas' (la espiritual y la temporal) fue enunciada por el papa Gelasio I. Según esta doctrina, la Iglesia y el Estado adquirieron un rango semejante. La controversia de investidura fue uno de los principales roces en la pugna entre las dos autoridades. Hacia el siglo XIII, el papa Inocencio III exigió que el emperador sacro romano (Estado) estuviera subordinado al Papa (Iglesia), dada la diferente significación jerárquica de ambas instituciones. Mientras al poder temporal le concernían los cuerpos físicos, a la Iglesia y en particular al Papa, le concernían las almas. Poco después de este punto culminante en las exigencias en nombre de la Iglesia, el papado se vio dominado por una serie de emperadores y reyes. En la evolución del cristianismo occidental, las grandes exigencias teóricas de la Iglesia o el Estado no reflejaron del modo adecuado las relaciones de poder reales. El declive de la autoridad imperial centralizada en la sociedad europea occidental estaba relacionado con el surgimiento de nuevos Estados-naciones, que afirmaron la independencia política que se derivaba del Sacro Imperio romano. En este proceso, numerosos conflictos conformaron el núcleo de los intereses nacionales en contra de las exigencias centralizadas de la Iglesia católica dirigida por el Papa.
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