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Esquema
En 1821 la clase criolla de Guatemala, imitando a la de México, rompió su vasallaje respecto a España. La zona se convirtió en parte del Imperio mexicano de Agustín de Iturbide. Pero cuando el gobierno conservador de éste cayó en 1823, los liberales asumieron el control de la región, se independizaron de México y formaron las Provincias Unidas del Centro de América. Sin embargo, Chiapas siguió perteneciendo a México, y Panamá se unió a la Gran Colombia de Simón Bolívar. Las Provincias Unidas, rechazando la herencia española, se embarcaron en un ambicioso pero poco realista programa de reformas políticas y desarrollo económico. La guerra civil fue el resultado del insalvable regionalismo y las intrigas políticas entre las clases dirigentes. En 1834, los liberales trasladaron la capital de la federación de Guatemala a El Salvador, pero su política hubo de hacer frente a la feroz oposición y rebelión de los conservadores, así como a las movilizaciones de la población. Cuando, en 1838, el líder campesino guatemalteco, Rafael Carrera, tomó la ciudad de Guatemala, la federación empezó a desintegrarse. Finalmente, el presidente federal Francisco Morazán renunció a su cargo en 1840. Entonces surgieron como repúblicas independientes Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.
En esa época Gran Bretaña empezaba a reemplazar a España como fuerza dominante en la región. El asentamiento británico de Belice, utilizado inicialmente como una zona de abastecimiento y refugio de piratas, se convirtió en el principal centro de comercio de toda Centroamérica con el exterior. La influencia británica se extendió por las costas del Caribe hasta Panamá, y en 1862 Belice se convirtió oficialmente en colonia británica con el nombre de Honduras Británica. Los intereses estadounidenses y británicos se enfrentaron en 1849, a raíz de la necesidad de utilizar el istmo como la vía más rápida para acceder a las minas de oro de California. El Tratado Clayton-Bulwer de 1850 resolvió algunos puntos de este conflicto anglo-estadounidense. Pero en 1855, William Walker, un soldado estadounidense, invadió Nicaragua con un grupo de seguidores. Sin embargo, un ejército unido de centroamericanos con ayuda británica lo expulsó en 1857. Mientras tanto, en ese mismo año se había terminado la construcción de la vía férrea panameña que permitió orientar el comercio centroamericano de Belice a los puertos más accesibles de la costa del Pacífico, con lo que más tarde disminuiría la influencia británica en la zona. A partir de 1870, surgieron dictaduras que, en nombre del orden y el progreso, promovieron el desarrollo del café como el principal producto de exportación de la región; otro de los productos que cobró importancia, a expensas de una mayor diversificación de la agricultura, fue el cultivo del plátano, controlado principalmente por compañías extranjeras. Desde 1900, la empresa estadounidense United Fruit Company fue la mayor fuerza económica (y política) de Centroamérica. Las inversiones de esta compañía se extendieron al desarrollo de las vías férreas, la navegación y otras áreas de interés para su expansión. Entre los ciudadanos centroamericanos, la gigantesca compañía empezó a ser conocida como el ‘pulpo’. Las inversiones y el propio gobierno estadounidense se convirtieron en la fuerza dominante del istmo. En 1903, movido por su particular interés en la construcción del canal, Estados Unidos propició la independencia de Panamá, desmembrándolo del territorio colombiano. Estados Unidos ayudó a formar la Corte de Justicia de Centroamérica, pero su Ejército invadió Nicaragua y la ocupó de 1912 a 1933, con lo que minó la vigencia de la institución. En el siglo XX, el crecimiento económico produjo el surgimiento de nuevas clases medias que empezaron a desafiar el predominio y control político de las clases dominantes tradicionales. A mediados del siglo, surgieron, inicialmente en Costa Rica, partidos reformistas y revolucionarios, y posteriormente se extendieron a cada uno de los demás países. En 1960 la creación del Mercado Común Centroamericano proporcionó la base para la cooperación y el comercio interregional, pero la integración económica no ha sido desarrollada con la suficiente rapidez. En la década de 1980 los países centroamericanos tenían diversos sistemas económicos y de gobierno. La región estaba sumida en la pobreza, la violencia paramilitar y la insurrección guerrillera. A finales de esa década, sin embargo, se aportó una de las posibles soluciones a través de los esfuerzos realizados por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, para lograr la paz y la estabilidad por medio de la cooperación regional. Estos esfuerzos cristalizaron en el denominado Acuerdo de Esquipulas. Las hostilidades disminuyeron, y los nuevos gobiernos democráticos de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá acertaron en la aplicación de medidas dirigidas al crecimiento económico de la región y la democratización de los países que la integran. En otro orden de cosas, Centroamérica se vio sacudida, entre los meses de octubre y noviembre de 1998, por los efectos devastadores del huracán Mitch, el cuarto más potente de los habidos en el siglo XX y el más mortífero de esa centuria en todo el hemisferio norte. El Mitch, que llegó a las costas de Centroamérica el 26 de octubre, azotó la región durante varios días con vientos que superaron los 250 km/h. Más de 12.000 personas perdieron la vida, hubo miles de desaparecidos y al menos dos millones de desplazados. A los fuertes vientos se unieron lluvias torrenciales, que provocaron inundaciones que, en algunas zonas, hicieron que el nivel de las aguas se elevara hasta alcanzar más de 130 cm. Nicaragua y Honduras fueron los países más afectados, aunque El Salvador y Guatemala también resultaron seriamente dañados. México y Belice sufrieron asimismo las consecuencias, aunque en menor grado. Las inundaciones arruinaron las cosechas, destruyeron puentes y carreteras y originaron desplazamientos de tierras que enterraron bajo toneladas de escombros y lodo a hombres, ganado y viviendas.
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