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Clavicémbalo o Clave (en italiano, cembalo; en francés, clavecin), instrumento de teclado y cuerdas en el que éstas se puntean para producir el sonido. Se desarrolló en Europa en los siglos XIV o XV y fue ampliamente utilizado desde el siglo XVI hasta el final del XVIII, cuando fue sustituido por el piano. En el siglo XX el clave ha revivido para la interpretación de música de los siglos XVI al XVIII, así como para nuevas composiciones. La cualidad del sonido incisivo de las cuerdas metálicas al puntearse añade claridad a las líneas melódicas. El clavicémbalo es particularmente apropiado en la interpretación de música contrapuntística, en la que aparecen dos o más líneas melódicas interpretadas simultáneamente, como la de Johann Sebastian Bach y sus contemporáneos.
El clave tiene normalmente una caja en forma de ala, como el piano de cola. Sus proporciones son más estrechas y más largas, y la caja y sus mecanismos internos más ligeros. Se han construido de otras formas: el virginal, con caja rectangular, la espineta, con forma poligonal, y el menos conocido clavicytherium, un clave vertical. Todos los clavicémbalos tienen el mismo mecanismo de punteo. Para cada cuerda hay una pequeña tangente (plectro) fijada a una pequeña pieza de madera (soporte), que está conectada internamente al final de la tecla. Cuando ésta se pulsa, el fondo sube y el plectro pellizca la cuerda. Gracias a un mecanismo de escape, cuando la tecla vuelve a su posición el plectro no toca la cuerda. Ya que el volumen y altura del sonido producido por el mecanismo de punteo permanece constante, sin importar la fuerza con que se pulse la tecla, se desarrollaron varios métodos para alterar su sonido. Muchos instrumentos tienen dos cuerdas por tecla, con una fila de plectros para cada juego de cuerdas. Los registros permiten al intérprete mover filas de plectros no deseadas fuera del alcance de las cuerdas, lo que hace posible diferentes volúmenes y combinaciones tímbricas. Un juego de cuerdas puede sonar una octava por encima de la afinación normal: este registro se llama de 4' (' = pie = 30,48 cm), la afinación normal es de 8'. Algunos clavicémbalos alemanes del siglo XVIII tenían un registro una octava más grave que el normal (16'). Frecuentemente tienen dos teclados superpuestos, o manuales, que pueden acoplarse o utilizarse por separado, lo que permite más variaciones del timbre y volumen. El clavicémbalo típico de dos manuales del siglo XVIII tenía juegos de 8' y 4' controlados en el teclado inferior, otro juego de 8' controlado con el superior, y un mecanismo de acoplamiento de ambos.
La escuela más antigua de construcción de claves apareció en Italia en el siglo XVI. Los instrumentos italianos se diferenciaban de los de otras procedencias en que estaban hechos con madera muy fina que se metía en otra caja más robusta con la misma forma. Una segunda escuela importante se situó en Flandes en los siglos XVI y XVII, en torno a la familia Rucker. Esta escuela produjo en el siglo XVIII estilos diversos de construcción que se extendieron por Francia (familia Blanchet), Alemania (familia Hass), e Inglaterra (Jacob Kirckman). Las realizaciones de las diferentes escuelas nacionales variaban en detalles de proporciones y construcción que producían diferencias sustanciales en los timbres.
En el siglo XX, han surgido dos grandes acercamientos a la construcción del clavicémbalo. El primero utilizó principios actuales de construcción basados en los pianos. Estimulado por la clavecinista Wanda Landowska, este estilo está ejemplificado por la firma francesa de pianos Pleyel. Sus instrumentos se basan en cuerdas duras con gran tensión, en una pesada caja-soporte. Muchas obras para clave en el siglo XX han sido escritas para instrumentos parecidos. Otros constructores trataron de recuperar los principios constructivos y las proporciones primitivas en un esfuerzo por recrear el sonido de los instrumentos históricos. Alentados por el constructor anglo-alemán Arnold Dolmetsch y con el ejemplo del alemán Martin Skowroneck, esta escuela sacó a la luz el encordado en un caja con resonante sonido. Copias realizadas con gran meticulosidad de elegantes claves flamencos, franceses e italianos son los modelos que cuentan con el favor de la mayoría de los instrumentistas en la actualidad, aunque los del alemán Hieronymus Hass y el inglés Jacob Kirckan deben también recuperarse. En el siglo XX compositores como Francis Ponlena, Manuel de Falla o Giambattista Martini han escrito para este momento.
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