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Ezequiel

Artículo de la enciclopedia
Esquema
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Introducción

Ezequiel, importante libro profético del Antiguo Testamento, atribuido al profeta Ezequiel (profetizó entre 597-571 a.C.). Aunque es posible que el profeta haya sido responsable de la mayor parte del texto, la obra (en especial los capítulos 40 al 48) presentan claros indicios de una edición o compilación posteriores a cargo de sus discípulos.

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Orígenes

La mayoría de los especialistas datan el Libro de Ezequiel en torno a la primera mitad del siglo VI a.C. El profeta fue uno de los cautivos deportados a Babilonia en el 597 a.C., 11 años antes de la caída de Jerusalén. Su papel como profeta y líder espiritual se remonta al 592 a.C.; sus conocimientos de los ritos del Templo indican que ejerció como sacerdote antes del exilio. Desde el 597 al 586 a.C., Ezequiel tuvo un papel de profeta iracundo, pero tras la caída de Jerusalén en manos de Nabucodonosor II de Babilonia, su mensaje se hizo consolador e inspirador. Con la restauración de Israel, Ezequiel se convirtió en legislador, codificador y diseñador de la forma y la estructura del rito hebreo. El islam identifica a Ezequiel (Hizkil) con el profeta coránico Ohu-I-Kifl.

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Contenido

En líneas generales el libro puede dividirse en cuatro partes. En la primera (capítulos 1 al 24) Ezequiel reprocha al pueblo su idolatría y sus otros pecados. Por cuanto la nación entera se ha apartado de Dios, profetiza que Judá caerá, Jerusalén será destruida y el pueblo condenado al exilio y el cautiverio: tal es el justo e inevitable sino de todos los que violen la alianza con Dios. En la segunda sección (capítulos 25 al 32) Ezequiel profetiza la destrucción de los pueblos extranjeros y de los enemigos de Judá. Aquí Dios se revela como omnipotente y universal: es el Dios de las naciones de todo el mundo, no sólo el Dios de Judá.

De esta forma, la segunda sección amplía un tema desarrollado por primera vez en el capítulo 1, con la visión del carro de Dios. En la tercera sección (capítulos 33 al 39) Ezequiel ofrece consuelo a los judíos, a la sazón en el exilio. Predice la restauración de Jerusalén y del Templo, y profetiza el regreso del espíritu, o la presencia, de Dios. La visión de Ezequiel de la vega 'llena de huesos... completamente secos' (37,1-14), una de las más famosas del Antiguo Testamento, explica de forma muy gráfica cómo la presencia de Dios representa la diferencia fundamental entre los vivos y los muertos. En la última sección (capítulos 40 al 48) Ezequiel describe en todos sus detalles la futura patria teocrática de los judíos.

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Influencia sobre el judaísmo

La naturaleza apocalíptica de determinados pasajes del libro (por ejemplo, la derrota final de Gog descrita en los capítulos 38 y 39, y la nueva Jerusalén descrita en los nueve capítulos finales), así como la repetida expresión 'hijo de hombre', han tenido una enorme influencia sobre el cristianismo y sobre algunos libros del Nuevo Testamento (véase Escritos apocalípticos; Mesías; Apocalipsis). Además, varios temas importantes que contiene han influido de modo notable en el desarrollo del judaísmo. La concepción de Israel como nación sagrada y exclusiva se atribuye a Ezequiel. Fue también él quien inculcó una profunda creencia en la llegada del Mesías. Ezequiel fue el primero de los profetas hebreos importantes en considerar las consecuencias últimas de la retirada del espíritu de Dios del su pueblo elegido. Concibe el exilio y la destrucción del Templo como castigos inevitables a quienes desobedecen a Dios. Otra de sus concepciones centrales es la que presenta a Dios como soberano de la historia. Para enfatizar esta idea, utiliza con frecuencia la frase 'y se sabrá que yo soy Yahvé' (o variantes de la misma) junto con una profecía desdichada contra Judá o un enemigo de Judá. La visión de la vega de huesos secos ilustra otro símbolo fundamental: que el espíritu de Dios es la fuerza animadora, creadora de la vida en el seno de la muerte.

Ezequiel presenta un estilo muy expresivo y de gran inventiva, siendo su libro una obra maestra del Antiguo Testamento. Con todo, la importancia principal del libro reside en el papel que tuvo en el desarrollo del judaísmo. Ezequiel se ocupó de explicar el fundamento religioso de la experiencia histórica de los judíos, es decir, de su exilio. Al hacerlo, ayudó a los exiliados a conservar su legado religioso, ofreciéndoles la esperanza de restaurar su nación y su Templo. También se señala que fue una de las influencias fundamentales en el desarrollo del Código Levítico, donde se recoge la norma legal y moral del judaísmo.

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