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Esquema
Introducción; Herencia artística africana; El papel del arte en la sociedad africana; Diferenciaciones regionales; Arte contemporáneo africano
La crítica social fue parte esencial de la tradición artística de muchas culturas africanas. Estudios estéticos llevados a cabo por artistas y críticos de África señalan una deliberada preocupación por la abstracción. Así, por ejemplo, entre los yoruba de Nigeria los cánones de belleza de una escultura descansan sobre diversos elementos expresamente no figurativos. Entre éstos están: la expresividad, aun cuando para ello haya que recurrir a la distorsión de las proporciones; la pureza, que implica juventud y buena salud; la simetría, con exclusión de actitudes o posturas más naturales; el aspecto efébico, que es la representación idealizada de cada personaje en su edad juvenil; la tersura, sugiriendo de nuevo la idea de lo joven y sano, carente de imperfecciones físicas; y la hipermimesis, enfatizando los caracteres generales más que las representaciones fidedignas y exactas de la realidad. En algunas culturas africanas se aceptaron modelos estéticos intencionadamente distorsionados para retratar personajes de conducta antisocial. Los ibo e ibibio de Nigeria, por ejemplo, hicieron máscaras imitando horrendos y morbosos monstruos de facciones asimétricas para representar con ellas a los individuos revoltosos, malos o peligrosos. Estas máscaras solían compararse frecuentemente con otras de mayor belleza y factura estética, en las que se retrataba a los personajes disciplinados, buenos o pacíficos de la tribu.
El mecenazgo, como los condicionamientos estéticos, desempeña un destacado papel en la creación de arte africano. Los reyes y cortesanos tienen particular importancia a este respecto por sus continuos encargos artísticos para el montaje de representaciones públicas, ceremonias religiosas y exposiciones. En arquitectura, los palacios de los reyes que habitaron en Nigeria (yoruba, Benín), Ghana (akan), Camerún (bamileke, bamum) y Zaire (quba, mangbetu) se encuentran entre los más bellos y ricamente decorados de toda África. Los costosos materiales puestos a disposición de los gobernantes (marfil, bronce, oro, abalorios y terciopelo) tienen una amplia difusión en las artes promocionadas por estas cortes reales. Entre los objetos artísticos encargados por la realeza se encuentran los cetros, báculos, tronos, espadas, coronas, esculturas conmemorativas y vajillas. Otra fuente importante de mecenazgo para el arte africano fueron las numerosas asociaciones de hombres y mujeres creadas dentro de las respectivas comunidades para controlar los asuntos sociales y políticos, así como también los religiosos. Las aún vigentes asociaciones de hombres poro de la etnia dan y sus vecinos de Liberia y Costa de Marfil son ejemplos característicos de este tipo de mecenazgo artístico. Los poro fueron quienes encargaron muchas de las máscaras y esculturas figurativas halladas en esta región. Dentro de cada comunidad hubo además asociaciones de carácter más gremial, integradas por distintos miembros según sus edades y oficios, convirtiéndose también en importantes patrocinadores de arte africano. Ejemplos de obras artísticas encargadas por estas asociaciones los podemos encontrar entre los bambara (Malí) y entre los ibo y los ejagham (Nigeria). A veces cada grupo o gremio poseía su propio distintivo. Entre los ejagham, las máscaras de las sociedades cazadoras venían caracterizadas por formas animales, y los temas de deformidad humana han aparecido asociados con bastante frecuencia a máscaras guerreras; las imágenes de mujeres se utilizaron por regla general para las asociaciones femeninas. La religión y sus distintas organizaciones de culto fueron también importantes patronos para el arte africano. Los objetos artísticos no fueron solamente un componente importante de los altares y capillas, sino que también desempeñaron un destacado papel en las diversas procesiones de carácter religioso que se hacía en las diferentes tribus. Entre los yoruba de Nigeria, los cultos vinculados a las principales divinidades: Shango (trueno), Obatala (creatividad), Oshum (agua), Ifa (conocimiento), Yemoja (brujería), Eshu (sabiduría) y Odudua (tierra), tuvieron un extenso repertorio de formas artísticas asociadas a ellos, como figuras, máscaras, cerámica, tejidos y joyas. Aquí, como en otras partes de África, las piezas artísticas utilizadas en relación con el culto al que representan, se han identificado, por regla general, a través de su iconografía, materiales, estilos y modos de fabricación.
Los múltiples papeles desempeñados por el arte en las comunidades africanas son tan variados como sus formas de mecenazgo. Entre ellos se incluyen el social, político, económico, histórico y terapéutico.
Una de las funciones más importantes del arte africano radica en la diferenciación social. De acuerdo con ello, las mujeres suelen representarse como madres, generalmente amamantando o acunando a su hijo. Los hombres, en cambio, suelen aparecer bien como ancianos, los jefes tradicionales de la comunidad, bien como guerreros montando a caballo o pertrechados para la lucha. Los temas sociales destacan, asimismo, en muchas representaciones de máscaras. En estas representaciones las características humanas y animales, personificadas por seres humanos debidamente vestidos y enmascarados, adoptan una gran variedad de papeles para ejemplificar con ellos las formar correctas e incorrectas de la conducta social. En las representaciones de los ijo y de los ibo, al sur de Nigeria, se han encontrado diversos modelos de conducta antisocial, como, por ejemplo, el avaro, el codicioso, la prostituta, el médico incompetente y el abogado sin escrúpulos. En las representaciones egungun de la vecina tribu yoruba, el chismoso, el glotón y el extraño amaneramiento de los extranjeros forman parte destacada dentro de los modelos sociales negativos.
El arte africano desempeña también un importante papel dentro del poder político. Entre los dam (Liberia), kota (Gabón), pende (Zaire) y otros pueblos, la gente lleva máscaras imitando a jueces y policías. Las máscaras de los kwele gon de Gabón son ejemplos particularmente buenos de este tipo de representaciones de la comunidad oficial. Gracias a su anonimato y sus poderes especiales, estas figuras enmascaradas de los gon tienen poder para romper los códigos y prohibiciones sociales establecidas como medio para redistribuir la comida y los animales en épocas de gran escasez dentro de la comunidad tribal. Un modo diferente de control social es el realizado por ciertas figuras y motivos arquitectónicos en determinadas zonas de África. Las figuras relicario de los kota, sogo y fang de Gabón, por ejemplo, se utilizan como imágenes protectoras para custodiar las ancestrales reliquias sagradas de la tribu de posibles robos o daños. En el mismo sentido, los dogones de Malí y los senufo de Costa de Marfil tienen puertas minuciosamente talladas que, según la creencia popular, protegían los objetos sagrados y los suministros de comida de la comunidad.
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