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Literatura canadiense

Artículo de la enciclopedia
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Northrop FryeNorthrop Frye
Esquema
3.3

Siglo XX

La vida francocanadiense continuó siendo un tema fundamental a comienzos de siglo para la escuela regionalista, que subrayó los lazos entre el campesino y su tierra ancestral. Uno de los mejores poetas de esta tendencia fue Nérée Beauchemin, cuya Patria íntima (1928) expresa su devoción a Quebec. Los novelistas más destacados dentro de esta tendencia fueron Ernest Choquette, Harry Bernard y, en especial, Louis Hémon, escritor nacido en Francia, autor de Maria Chapdelaine (1914).

Los poetas de Montreal que escribieron entre 1895 y 1930 participaron de la estética y técnica de los parnasianos y simbolistas franceses. Particularmente original y sensible fue la obra de Émile Nelligan antes de perder la razón a los 20 años. También son interesantes los poemas de Paul Morin, Albert Lozeau y Jean Charbonneau.

Como resultado de la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, el orgulloso aislamiento cultural del Canadá francés empezó a venirse abajo; los escritores se hicieron más introspectivos, realistas e innovadores. Los poetas Hector de Saint-Denys-Garneau, François Hertel y Alain Grandbois experimentaron con el verso libre y el simbolismo, y el novelista Albert Laberge practicó un realismo ácido.

Después de la II Guerra Mundial, y en especial durante los nacionalistas años de la década de 1960, aparecieron escritores nuevos. Entre ellos, una gran poeta, Anne Hébert, cuyas obras surrealistas y simbolistas, como Sueños en equilibrio (1942) y La tumba de los reyes (1953), expresan angustia, soledad y muerte. Pierre Trottier en La batalla contra Tristán (1951) presentó un drama de amor y muerte que evocaba la inquietante falta de unión de Canadá. Otro poeta notable fue Jacques Poulin, autor de la 'novela-poema' experimental El corazón de la ballena azul (1970).

Muchos novelistas se volvieron hacia la sátira social, como Gabrielle Roy con su obra La cajera (1955), que describía los efectos inquietantes de la industrialización. Roger Lemelin escribió sobre la vida de las clases obreras urbanas en La familia Plouffe (1948) y Germaine Guèvremont retrató de forma realista la vida rural.

Polvo sobre la ciudad (1953), de André Langevin, es una novela que estudia la desesperación. Una de las novelas psicológicas más devastadoras es Una temporada en la vida de Emmanuel (1966), de Marie-Claire Blais. También destacan las novelas y los dramas de Michel Tremblay.

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