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Esquema
El petróleo y el gas natural son los recursos energéticos más importantes de Sudamérica. Sin embargo, los más antiguos han sido la leña y el carbón vegetal, muy utilizados para fundir hierro y acero o para refinar azúcar. Existe una gran dependencia del petróleo y del gas natural, pues sólo dos países de Sudamérica son autosuficientes en estas fuentes energéticas. Las necesidades de distribución obligaron a construir extensos sistemas de oleoductos y gasoductos en Argentina, Venezuela y Colombia, así como sistemas más pequeños en otros lugares. No obstante, los principales sistemas de oleoductos de Sudamérica transportan más crudo y gas a las terminales de exportación que a los mercados nacionales. El carbón, cuyas reservas no son muy importantes en la actualidad, fue una energía empleada al principio en el desarrollo del transporte de rieles y agua y en la industria en Chile, Argentina, Brasil y Colombia, pero hace mucho tiempo que perdió su relevancia como recurso energético. En Brasil, el principal combustible de automóviles es el alcohol derivado de la caña de azúcar. Sólo desde la década de 1950, la energía hidroeléctrica se convirtió en la principal alternativa a la energía termoeléctrica. El desarrollo de la energía hidroeléctrica se inició en Brasil, Chile y Colombia. La capacidad de las centrales hidroeléctricas en funcionamiento constituye hoy el 60% del potencial eléctrico en Paraguay, Brasil, Uruguay, Colombia y Bolivia. También es importante la energía hidroeléctrica en Perú, Chile, Ecuador, Surinam y Argentina, donde la capacidad de energía generada supera el 40%. El desarrollo hidroeléctrico en cadena va desde las pequeñas instalaciones que se utilizan en las provincias del interior a las enormes instalaciones construidas en el curso alto y medio del Paraná, y en el tramo alto y bajo del río São Francisco.
Aunque se utilizan diversas formas de transporte, desde el más primitivo a los aviones más modernos, las redes de carreteras y de ferrocarriles son las más importantes por la cantidad y volumen de carga y pasajeros transportados. El vehículo de motor es el elemento predominante en el subcontinente. En Argentina, Brasil y Chile el ferrocarril, el transporte fluvial y el costero tienen mucha importancia; pero en estos países el ómnibus, el camión y el automóvil aún ocupan un primer orden en el transporte de pasajeros y de carga. No obstante, las redes aéreas nacionales e internacionales proporcionan un sistema de transporte continental más completo y seguro que el que se efectúa por la red de carreteras, las líneas férreas o las fluviales. Esto se debe principalmente a la escasez de poblaciones en el interior del subcontinente; por ejemplo, el sistema de líneas de ferrocarril, que se había terminado en 1930, estaba orientado a favorecer el transporte entre el interior y las ciudades portuarias. Los ferrocarriles y la red de carreteras son importantes sólo en el sur de Brasil y en la Pampa argentina y, en menor proporción, en las populosas zonas de Uruguay, Chile, Colombia y Ecuador. La construcción de carreteras ha sido más intensa desde la década de 1950. Venezuela y la costa peruana poseen un buen sistema de carreteras; en Paraguay y Bolivia, por el contrario, la infraestructura vial está menos desarrollada. Los países andinos han ido construyendo carreteras hacia el interior desde hace décadas, y Brasil ha ampliado su red hacia la cuenca amazónica. Los sistemas nacionales de carreteras, como los aéreos, han empezado a acelerar la integración económica de los pueblos alejados del interior con el corazón de los centros industriales y comerciales de varios países.
El comercio intercontinental de Sudamérica se realiza con Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. El petróleo y sus derivados constituyen los principales componentes de este comercio internacional. Brasil y Venezuela se sitúan a la cabeza en cuanto al comercio de exportación, y el primero es líder en importaciones. El comercio continental ha sido promovido desde 1960 por parte de instituciones regionales de comercio, la más importante de ellas es la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). Dentro del intercambio comercial continental los principales productos son el trigo, la carne de vacuno, el vino y las bananas, y ha aumentado el volumen comercial de artículos manufacturados. Sin embargo, el comercio de exportación de productos agrícolas y de minería hacia países fuera del continente sigue siendo más importante que el que se distribuye en el mercado continental. Sudamérica contribuye significativamente al comercio mundial de petróleo, cobre, bauxita, café, harina de pescado y semillas oleaginosas. El comercio de éstos y otros productos básicos es esencial para el desarrollo económico de toda la región.
En 1453, cuando los turcos completaron la conquista del Imperio bizantino y con ello el control del Mediterráneo oriental, las naciones occidentales, principalmente Portugal y España, se vieron obligadas a buscar una nueva ruta a Oriente. Los portugueses, que habían sido pioneros al realizar varios viajes por el océano Atlántico, buscaron hacia el sur la nueva ruta siguiendo la costa de África, y en 1486 llegaron al cabo de Nueva Esperanza. En 1492, Cristóbal Colón intentó llegar a la India navegando hacia Occidente y cruzando el océano Atlántico, pero tocó tierra en las actuales Antillas. Abrió así las puertas del Nuevo Mundo a la civilización y al comercio europeos. Para mayor información sobre las culturas precolombinas de Sudamérica, véase Araucanos; Arawak; Arqueología: El continente americano; Caribe; Chibchas; Perú: Historia; Arte y arquitectura precolombinas; Tiahuanaco; Tupí-guaraní. Con el regreso de Colón a Europa, España y Portugal se vieron implicados en la controversia relacionada con los derechos sobre las tierras del Nuevo Mundo. La disputa fue resuelta por el papa Alejandro VI, que adjudicó a Portugal todos los nuevos territorios al este de una línea que discurría unas 100 leguas (483 km), de norte a sur, al oeste de las islas Azores y de las islas de Cabo Verde; y a España todos los territorios al oeste de esa línea de Demarcación. Esta línea demarcadora se modificó más tarde en el Tratado de Tordesillas, por el cual Portugal adquiría la soberanía sobre el territorio oriental de Sudamérica. Esta región se convertiría posteriormente en el actual Brasil. El 1 de agosto de 1498, durante su tercer viaje, Colón arribó a un punto de la desembocadura del río Orinoco y divisó las costas de Sudamérica. Al recorrer la costa durante varios días distinguió el carácter continental de la tierra explorada.
Otro explorador europeo que llegó al subcontinente fue el navegante portugués Pedro Álvares Cabral. En abril de 1500, la flota bajo su mando ancló en las costas del actual Brasil y tomó posesión en nombre de Portugal. Pero los portugueses, que entretanto habían encontrado una nueva ruta a la India navegando alrededor de África, prestaron poca atención al territorio explorado por Cabral. Habrían de pasar tres décadas para que los portugueses iniciaran su colonización. Durante este periodo, los españoles habían intensificado firmemente las actividades de exploración y conquista del Nuevo Mundo, dedicándose los primeros veinte años a colonizar las Antillas mayores del mar Caribe y los territorios de América Central. Varios navegantes y exploradores al servicio de España visitaron las costas del noreste de Sudamérica en los primeros años del siglo XVI. Son dignos de mención, entre otros, los marinos Vicente Yáñez Pinzón, Alonso de Ojeda y Pedro Alonso Niño; el navegante y geógrafo español Juan de la Cosa, y el navegante de origen italiano Américo Vespucio. En 1519, el navegante portugués Fernando Magallanes, al servicio de la Corona española, que buscaba entonces una ruta a Oriente navegando hacia el Oeste, exploró el estuario del Río de La Plata. Al año siguiente prosiguió su búsqueda navegando hacia el sur. El 28 de noviembre de 1520 atravesó el estrecho que ahora lleva su nombre, lo que, a su vez le permitió llevar a cabo la misión que se había propuesto y realizó el sueño de incontables navegantes, dar la vuelta al mundo, si bien murió en Filipinas antes de terminar el viaje, por lo que quien efectivamente concluyó la hazaña fue su lugarteniente, el español Juan Sebastián Elcano.
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