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Israel (república)Artículo de la enciclopedia
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El gabinete de Barak tuvo que hacer frente a difíciles coyunturas durante la segunda mitad de 2000. En el mes de junio el partido ultraortodoxo Shas retiraba el apoyo a la coalición que permitía su gobierno (dejándole en minoría parlamentaria); en el de julio Barak se reunió con Arafat en Camp David (Maryland, Estados Unidos) por mediación de Clinton, pero la cumbre fracasó por el discutido estatuto de Jerusalén; ese mismo mes, el Kneset eligió a Moshé Katsav, del Likud, para suceder al recién dimitido Ezer Weizman en la presidencia israelí; por último, el 28 de septiembre, el líder del Likud, Ariel Sharon, visitó uno de los lugares sagrados del islam, la Explanada de las Mezquitas (en Jerusalén oriental), y este hecho fue el detonante para que se desencadenara uno de los periodos recientes de mayor violencia entre palestinos e israelíes. La convulsión generada por esta nueva intifada catalizó de forma paralela una grave crisis política interna en Israel, en medio de la cual Barak presentó su dimisión el día 10 de diciembre, bloqueando al mismo tiempo la disolución parlamentaria y la convocatoria de elecciones legislativas que desde finales del mes anterior promovía el Likud en el seno de la cámara. Poco después se fijó el día 6 de febrero de 2001 como fecha de los comicios de los que emanaría un nuevo primer ministro. En éstos, la victoria fue para el candidato del Likud, Sharon, que obtuvo el 62,4% de los sufragios emitidos, en tanto que Barak solo consiguió el 37,6% de los mismos. Tras dichos resultados, Sharon tomó posesión de su cargo el 7 de marzo siguiente y formó un gobierno de unidad nacional con miembros de partidos de distinto signo político, principalmente del Likud, de Shas y del Partido Laborista (con la significativa presencia del ex primer ministro Simón Peres como ministro de Asuntos Exteriores). La crisis iniciada en septiembre de 2000 no se detuvo, y la espiral de violencia alcanzó cotas de gravedad extrema durante los siguientes meses. Los actos terroristas protagonizados por los grupos palestinos más radicales se multiplicaron, en tanto que el ejecutivo presidido por Sharon ordenó la ocupación militar de numerosos territorios autónomos de Gaza y Cisjordania que se encontraban bajo control de la Autoridad Nacional Palestina. En los primeros meses de 2002, estas ofensivas israelíes llegaron incluso a tener cercado a Arafat en su cuartel general de Ramala. A finales de octubre de 2002, ante el desacuerdo surgido para aprobar la Ley General de Presupuestos 2003, los ministros laboristas abandonaron el gobierno de unidad nacional, por lo que Sharon nombró un gabinete provisional en el que Netanyahu aceptó finalmente ser titular de Asuntos Exteriores. Aunque días después superó tres mociones de censura presentadas por la oposición, Sharon convocó comicios anticipados debido a la imposibilidad de formar un nuevo gobierno y por la situación de minoría parlamentaria de su ejecutivo. Tras las elecciones primarias desarrolladas en el Partido Laborista y en el Likud, resultaron nominados candidatos a primer ministro, respectivamente, Amram Mitzna, el cual derrotó a Benjamín Ben Eliezer, y Sharon, quien se impuso a Netanyahu. En las elecciones parlamentarias, que tuvieron lugar el 28 de enero de 2003 y se caracterizaron por el elevado índice de abstención, el Likud logró 38 escaños (duplicando su representación en el Kneset), por 19 de los laboristas; 15 del Shinui; 11 de Shas; 7 de Unión Nacional; 6, respectivamente, de Meretz y del Partido Nacional Religioso; y 5 de Torá y Judaísmo. Tales resultados garantizaron la continuidad como primer ministro de Sharon, quien, para conformar su nuevo gabinete, optó por una coalición de su partido con Shinui, Unión Nacional y el Partido Nacional Religioso. La crispación siguió en aumento y los constantes atentados terroristas de palestinos radicales encontraban su contrapunto en las iniciativas del gobierno de Sharon, que, esgrimiendo el derecho de Israel a la autodefensa, no dudó en tomar medidas “preventivas” que incrementaron la tensión. Así, a las intervenciones militares en Gaza y Cisjordania, se sumaron la construcción de un muro en Cisjordania que actuaría como “barrera de seguridad” entre Israel y las poblaciones palestinas (su primera fase se completó en agosto de 2003); los ataques, en octubre de 2003, contra bases de Yihad Islámica y Hezbolá, en Siria y Líbano; o los ataques selectivos contra los principales líderes de Hamas.
La formulación de un nuevo plan de paz, la denominada Hoja de Ruta, auspiciada por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU, supuso, a mediados de 2003, un tímido reinicio del diálogo y trajo un frágil alto el fuego. Tal circunstancia se produjo, en buena parte, gracias a la figura de Mahmud Abbas, quien desde abril de ese año ejercía el cargo de primer ministro palestino (asumiendo determinadas funciones hasta entonces en manos de Arafat, al cual Sharon rechazaba como interlocutor y acusaba de no hacer nada por evitar las acciones terroristas). La actitud de los grupos palestinos más extremistas, partidarios de proseguir la lucha armada, y la reacción de los sectores israelíes más conservadores, para los que era inaceptable contemplar el establecimiento de un Estado palestino, como hacía la Hoja de Ruta, dificultaron de momento su aplicación. En enero de 2004, Sharon anunció su intención de promover un plan para proceder a la retirada israelí de la franja de Gaza. El oficialmente denominado Plan de Desconexión (que terminó de enfrentar a Sharon con el ala más dura de su partido y de su gobierno, así como, en general, con el conjunto del conservadurismo radical) fue aprobado en octubre de 2004, con un elevado coste político para el primer ministro, que consiguió su tramitación parlamentaria gracias al apoyo de la oposición y vio como su gobierno veía cada vez más reducido su apoyo en la cámara. En diciembre de ese año, incluso, Sharon destituyó a los cinco ministros del Shinui, que votaron en contra de los presupuestos para 2005 con la intención de bloquear la materialización del plan de evacuación de Gaza. Sharon decidió pactar con la izquierda y formar otro gobierno de unidad nacional. Su nuevo ejecutivo, en el que ingresaron los laboristas y el ultraortodoxo Torá y Judaísmo, fue investido por la Kneset en enero de 2005. También en enero de 2005, Abbas se convirtió en presidente de la Autoridad Nacional Palestina tras vencer en las elecciones que fueron convocadas al morir Arafat en el anterior mes de noviembre. De inmediato, Sharon le invitó a retomar el diálogo y Abbas comprometió su gestión a la consecución de un alto el fuego. Después de celebrarse una cumbre entre ambos el 8 de febrero, en Sharm el Sheij (Egipto), Sharon y Abbas anunciaron haber alcanzado un acuerdo para poner fin a la violencia y reiniciar las negociaciones de paz según el camino marcado por la Hoja de Ruta. En agosto de ese año 2005, fueron desmantelados los 21 asentamientos israelíes de Gaza, que tuvieron que abandonar sus, aproximadamente, 8.000 colonos. Asimismo, el día 12 del mes siguiente, se retiraron las últimas tropas que Israel mantenía en aquel territorio. La verificación del Plan de Desconexión, la gran apuesta de Sharon (que le enfrentó a buena parte de la derecha y al movimiento colono), puso así fin a un periodo de 38 años durante el cual Israel había prolongado su ocupación de la franja, que pasó a depender de la ANP (aunque Israel conservaría el control de las aguas jurisdiccionales, del espacio aéreo y de las fronteras). También en 2005, en noviembre, las elecciones internas del Partido Laborista otorgaron el triunfo a Amir Peretz, quien derrotó a Peres. En el transcurso de ese mismo mes, el nuevo líder de la izquierda puso fin a la participación laborista en la coalición gubernamental de Sharon y demandó la convocatoria de comicios anticipados. Sharon, discutido como ya se ha dicho por sectores del Likud y abandonado ahora por el laborismo (de cuyo apoyo parlamentario dependía el gobierno) promovió el adelanto electoral requerido por Peretz, renunció a la presidencia del Likud y a su militancia en el mismo, y anunció que concurriría a las elecciones (fijadas para el 28 de marzo de 2006) como candidato a primer ministro por un nuevo partido, Kadima (Adelante). Sin embargo, el 4 de enero de 2006, Sharon sufrió un grave infarto cerebral y, tras ser intervenido quirúrgicamente y quedar en situación de coma inducido, su viceprimer ministro, Ehud Olmert, se convirtió en primer ministro en funciones. Aquel primer mes de 2006 todavía depararía más incertidumbres para el futuro de Israel y, en general, de Oriente Próximo; el día 25, Hamas lograba la victoria por mayoría absoluta en las elecciones legislativas palestinas, lo que ponía a dicha organización radical en claras condiciones de constituir el gobierno de la ANP (lo haría, el 29 de marzo, con Ismail Haniya como primer ministro). Olmert anticipó que las relaciones del ejecutivo israelí con uno palestino formado por Hamas estaban supeditadas a que el grupo extremista rechazara de forma explícita el terrorismo, reconociera al Estado de Israel y renunciara a su destrucción, y respetara los acuerdos alcanzados desde 1993 entre israelíes y palestinos. En los esperados comicios israelíes del 28 de marzo de ese año 2006, Kadima fue, con 29 escaños, la formación que logró mayor representación; a continuación quedó el Partido Laborista (20), en tanto que el Likud sufrió una auténtica debacle al obtener tan solo 12 diputados (al igual que el ultraortodoxo Shas). En mayo, Olmert (que el mes anterior había sustituido oficialmente como primer ministro a Sharon, cuya incapacidad para ejercer el cargo fue declarada permanente) pasó a presidir un gabinete de coalición en el que Kadima tendría por socios al Partido Laborista, Shas y al Partido de los Pensionistas. A finales de junio de ese año 2006, milicianos palestinos mataron a dos soldados israelíes y capturaron a un tercero en un puesto de la frontera con Gaza. El gobierno de Olmert ordenó la detención de ocho ministros y 20 diputados de Hamas e inició la que sería una prolongada serie de ataques en la franja que costarían la vida a decenas de personas. Poco después, el 12 de julio, miembros de las milicias de Hezbolá del sur de Líbano atacaron la base fronteriza militar israelí de Zarit, matando a ocho militares y secuestrando a otros dos. Olmert calificó el hecho de “acto de guerra” y responsabilizó del mismo al gobierno de Líbano por su supuesta relajación en el cumplimiento de la resolución 1.559 de la ONU, que requería el desarme de Hezbolá (organización a la que la diplomacia israelí vinculaba directamente con Hamas, Siria e Irán). Tras negarse a un intercambio de prisioneros, Israel emprendió una severa ofensiva en Líbano, a la que Hezbolá respondió con el lanzamiento de cohetes contra ciudades del norte de Israel, como Haifa. Desde diversos medios de la comunidad internacional se condenó el desproporcionado uso de la fuerza empleado por el Ejército de Israel y la naturaleza indiscriminada de sus operaciones, que ocasionaron la muerte de numerosos civiles. En mayo de 2007, la comisión israelí establecida para analizar aquellas acciones en Líbano, criticó de forma explícita la actuación de Olmert, al que desde diversos frentes, incluidos sectores de su propio gobierno, se le solicitó que presentara la dimisión. Un mes después, el Kneset eligió presidente del país a Simón Peres, quien tomó posesión del cargo el 15 de julio siguiente.
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