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Alemania

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Bandera e himno de AlemaniaBandera e himno de Alemania
Esquema
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La cuestión de la inmigración

Uno de los más significativos problemas de la sociedad alemana era la existencia en su seno de determinados sectores con actitudes xenófobas, lo que, en su límite extremo, se traducía en ocasiones en ataques contra residentes extranjeros. Desde el final de la II Guerra Mundial, Alemania Occidental solventó su escasez de mano de obra permitiendo la entrada de emigrantes (oficialmente denominados “trabajadores invitados”) para residir y trabajar en el país. Estos trabajadores, muchos procedentes de Turquía y de otros países mediterráneos como Grecia o España, trajeron o formaron familias en Alemania Occidental, pero no pudieron adquirir la ciudadanía alemana. En la década de 1990, Alemania contaba con casi dos millones de trabajadores extranjeros; además, 440.000 exiliados solicitaron entrar en el país en 1992, un incremento del 71% respecto a 1991 (de éstos, 122.666 procedían de la antigua Yugoslavia). En 1992 se registraron unos 2.300 ataques contra extranjeros; en 1993, la cifra fue de unos 1.300 y ese mismo año murieron ocho personas por la violencia de la extrema derecha, descendiendo respecto a los 17 que se produjeron en 1992. Los ataques a los judíos descendieron, pero los ataques sobre las personas sin hogar y las discapacitadas se duplicaron, desde 145 hasta 324 en el mismo periodo. Hubo manifestaciones masivas que protestaron contra esta violencia de la extrema derecha, por lo que el gobierno incrementó sus actividades contra el neonazismo. En mayo de 1993, el Parlamento alemán aprobó limitaciones de asilo para los extranjeros en Alemania, que fueron efectivas a partir del 1 de julio de 1993. Desde junio hasta julio de ese año decrecieron un 34% las solicitudes de asilo a Alemania.

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Normalización política

En septiembre de 1993, Alemania renovó su petición para ser miembro permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Como miembro del Consejo, Alemania debería contribuir con tropas en las operaciones internacionales de mantenimiento de la paz, lo que fue motivo de agrios debates parlamentarios. También en 1993, los votantes alemanes ratificaron la permanencia de su país en la Unión Europea (UE; anteriormente Comunidad Europea).

En mayo de 1994, el cristianodemócrata Roman Herzog fue elegido presidente de la República por el Parlamento, cargo en el que sucedió a Richard von Weizsäcker. Dos meses después, el Tribunal Constitucional Federal dictaminó que las Fuerzas Armadas alemanas podrían servir en el marco de misiones de la ONU u otras de carácter internacional, en espacios fuera del área de la OTAN, previa aprobación parlamentaria. En agosto, las últimas tropas rusas abandonaron Berlín, seguidas, en septiembre, por las británicas, francesas y estadounidenses. En las elecciones celebradas en octubre de ese mismo año, la coalición gubernamental de centro-derecha (CDU, CSU y FDP) mantuvo su mayoría en el Bundestag, pero vio reducida su diferencia con los socialdemócratas. Kohl fue reelegido canciller para un cuarto mandato consecutivo, por lo que en 1996 se convirtió en el dirigente político de la Alemania de posguerra que más años se había mantenido al frente del gobierno de forma ininterrumpida.

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Problemas económicos y sociales

A comienzos de 1997, la tasa de desempleo alcanzaba el 12,2%, el nivel más alto desde el final de II Guerra Mundial. Entre las razones para que se produjera ese incremento estaban la recesión económica, las bajas temperaturas (que dificultaron la actividad habitual en el importante sector de la construcción) y unos salarios elevados. Con el fin de hacer frente a un creciente déficit presupuestario, Kohl anunció planes para recortar en varios miles de millones el sistema de ayudas y prestaciones sociales. Su propuesta, que pasaba por reducir las prestaciones por desempleo y baja laboral, fue rechazada de inmediato por los sindicatos y la oposición parlamentaria.

Junto a las medidas de austeridad y los recortes en los gastos, el desempleo se mantuvo elevado a lo largo de 1997, lo que motivó las llamadas a posponer, e incluso abandonar, el proceso de incorporación al euro por parte de Alemania. Por contra, Kohl mantuvo su firme apoyo a la nueva unidad monetaria, a pesar de que su popularidad descendió ante lo que los ciudadanos percibían como incapacidad para poner fin a la espiral de desempleo e inflación creciente. En el mes de septiembre, a tan sólo un año de las elecciones, Kohl se encontró con un nivel de desempleo que ascendía al 18,3% en la antigua Alemania Oriental. Pese a ser un feudo tradicional de la coalición gobernante desde que se produjera el proceso de reunificación, los elevados índices de paro en esta zona del país fueron considerados como un mal presagio y un elemento que jugaría en su contra en los comicios que se iban a celebrar.

A la vez que los problemas económicos se generalizaban, la tensión social iba en aumento. En noviembre se conocían las actividades pronazis por parte de miembros de las Fuerzas Armadas alemanas; en las mismas fechas, se produjo un incremento de los ataques racistas contra los inmigrantes.

En febrero de 1998 la tasa de desempleo en Alemania alcanzó el 12,6% a escala nacional (en tanto que era del 21,1% en la antigua Alemania Oriental). Esto dio lugar a manifestaciones generalizadas en todo el país, protagonizadas por trabajadores en paro, solicitando la dimisión de Kohl. Pese al citado nivel de desempleo y a las protestas de los ciudadanos afectados por la crisis, en mayo de ese mismo año Alemania firmó el acuerdo por el que, junto con otros 10 miembros de la Unión Europa, adoptaría el euro como nueva unidad monetaria a partir del 1 de enero de 1999.

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Cancillería de Gerhard Schröder

En los comicios regionales celebrados en abril de 1998 en el estado de Sajonia-Anhalt los socialdemócratas derrotaron a los cristianodemócratas por un amplio margen. Esto no fue sino el preludio de lo que sucedería en las elecciones legislativas del siguiente mes de septiembre, cuando el triunfo socialdemócrata puso fin a 16 años de permanencia en el poder de los conservadores dirigidos por Helmut Kohl. Éste, tras conocer el veredicto de las urnas, renunció a su cargo como presidente de los cristianodemócratas. El SPD obtuvo el 40,9% de los votos emitidos (obtuvo 298 diputados), seguido por la CDU (35,2%, 245 escaños), Los Verdes (6,7%, 47), el FDP (6,2%, 43) y el PDS (5,1%, 36). Estos resultados obligaron al SPD a buscar un socio de gobierno, por lo que el nuevo canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder, formó un gabinete de coalición con Los Verdes, pese a que ambas formaciones mantenían puntos de vista discrepantes con respecto a algunos asuntos fundamentales de la política interior y exterior alemana. De hecho, las disensiones surgieron pronto, con motivo del proyecto de ley para permitir que los hijos de inmigrantes accedieran a la doble nacionalidad desde el momento mismo de su nacimiento. Esta ley (conocida como “ley de ciudadanía”) fue criticada tanto por la oposición de centro-derecha (que la consideraba demasiado permisiva) como por parte de los ecologistas (quienes la tachaban de restrictiva). En mayo de 1999 se aprobó finalmente una versión menos ambiciosa que la original: los hijos de los extranjeros residentes en Alemania gozarían de doble nacionalidad hasta que cumplieran los 23 años, edad en la que deberían optar entre ambas; además, todos aquellos que llevaran residiendo en Alemania un mínimo de ocho años podrían solicitar la ciudadanía alemana, aunque para ello deberían acreditar su conocimiento y uso del idioma alemán y la ausencia de antecedentes penales. El texto fue aprobado por el Bundestag y refrendado por el Bundesrat, para entrar en vigor el 1 de enero de 2000.

Aparte de lo anteriormente citado, en marzo de 1999, el nuevo canciller hubo de hacer frente a la dimisión de su ministro de Finanzas, Oskar Lafontaine, representante del ala izquierda del SPD y opuesto a la línea centrista adoptada por Schröder, así como a la actitud mantenida por Alemania durante la crisis de Kosovo. El conflicto de los Balcanes, en el que Alemania desempeñó un destacado papel como miembro de la OTAN, provocó asimismo serias divergencias en el seno de Los Verdes, pues su más señalado dirigente, Joschka Fischer, era el titular de la cartera de Asuntos Exteriores en el gobierno de coalición.

En julio de 1999 tuvo lugar la última sesión del Bundestag en la ciudad de Bonn, y desde el mes siguiente pasó a reunirse en Berlín. Durante ese mismo año, Johannes Rau, histórico miembro del SPD, sustituyó a Roman Herzog en la presidencia de la República. A finales de ese año, el ex canciller Kohl admitió haber recibido donaciones anónimas para financiar su partido, razón por la cual se le abrió de inmediato un sumario por malversación de fondos. El 16 de febrero de 2000, su sucesor al frente de la CDU, Wolfgang Schäuble, afectado por el escándalo, renunció a sus cargos en el partido.

Finalizada la legislatura, el 22 de septiembre de 2002 tuvieron lugar nuevos comicios generales. El 1 de enero de aquel año había entrado en circulación el euro y desaparecido el marco, en tanto que el desempleo seguía siendo uno de los principales problemas de la sociedad alemana, y la reforma de una economía en recesión, la asignatura pendiente del gobierno de izquierdas. Este contexto tuvo un inevitable reflejo en los resultados electorales: el SPD recibió el 38,5% de los sufragios emitidos, exactamente igual que la coalición conservadora formada por CDU y CSU, aunque el sistema electoral determinó que los socialdemócratas obtuvieran 251 diputados, por 248 de los cristianodemócratas, cuyo nuevo líder era Edmund Stoiber. Esta situación de empate técnico se resolvió a favor del SPD gracias a los extraordinarios resultados logrados por Los Verdes, su socio de gobierno durante los cuatro años anteriores, que tuvo el respaldo del 8,6% de los votantes e incrementó hasta 55 sus escaños. Así las cosas, socialdemócratas y ecologistas renovaron su alianza y garantizaron la formación de un nuevo gobierno de coalición, en el que Schröder seguiría al frente de la Cancillería Federal. Por su parte, Los Verdes conservaron tres carteras: Agricultura, Medio Ambiente y Asuntos Exteriores, de la que Fischer continuaría como titular. También mantuvieron sus cargos Peter Struck (Defensa), Otto Schily (Interior) y Hans Eichel (Finanzas). La gran novedad fue la aparición de Wolfgang Clement, puesto al frente de dos ramos claves, Trabajo y Economía, en los que sustituyó, respectivamente, a Walter Riester y Werner Müller.

En marzo de 2003, el Canciller presentó en el Bundestag la llamada Agenda 2010, programa que pretendía reactivar la economía y que implicaba una importante reducción del gasto público. Schröder, hasta ese momento avalado por su promesa de disminuir los impuestos y por su postura antibelicista durante la crisis de Irak, tuvo que hacer frente a las críticas de distintos sectores de la sociedad alemana que protestaron por los recortes sociales que implicaba la Agenda 2010.

En mayo de 2004, la Asamblea Federal eligió presidente del país al economista Horst Köhler (hasta poco antes director del Fondo Monetario Internacional), el cual sucedió en el cargo a Rau el 1 de julio siguiente. La candidatura de Köhler, apoyada por democristianos y liberales, se impuso a la de Gesine Schwan, respaldada por ecologistas y socialdemócratas. En junio, el SPD sufrió una importante derrota en las elecciones al Parlamento Europeo, que se sumaba a las que había cosechado en los meses anteriores en diversos comicios regionales. En lo que supuso la culminación de esta dinámica, en mayo de 2005, los socialdemócratas perdieron el poder en uno de sus más firmes bastiones, Renania del Norte-Westfalia, donde habían gobernado durante los últimos 39 años. Tras el notable varapalo que este hecho significó para el SPD, Schröder decidió someterse a una moción de confianza parlamentaria el siguiente 1 de julio (que, en el caso de perder, abriría la posibilidad, por él mismo sugerida y deseada, de celebrar elecciones anticipadas antes de que concluyera el año). El canciller, aferrado con firmeza al propósito de seguir aplicando su impopular programa de reformas, entendía que, dadas las constantes muestras de oposición al mismo, debía recibir el apoyo explícito de la ciudadanía para proseguir al frente del gobierno.

Schröder consiguió su propósito: luego de su esperada (y forzada) derrota en el Bundestag, que le negó su confianza, Köhler disolvió el legislativo y convocó elecciones para el 18 de septiembre de 2005. Ese día, la alianza CDU-CSU consiguió 226 escaños, por 222 del SPD, 61 del FDP, 54 del Partido de la Izquierda (nacido de la fusión del poscomunista Partido del Socialismo Democrático, liderado por Gregor Gysi, y Alternativa Electoral Trabajo y Justicia Social, en la que había ingresado Lafontaine tras su ruptura con el SPD) y 51 de Los Verdes. Ante tan estrechos resultados, se hizo necesario el establecimiento de algún pacto de gobernabilidad; finalmente, se alcanzó entre democristianos y socialdemócratas, que formaron un gobierno de gran coalición en el que la cancillería federal pasó a ser ejercida, desde el 22 de noviembre, por la líder de la CDU, Angela Merkel.

En marzo de 2006, el nuevo ejecutivo dio los primeros pasos para afrontar una reforma constitucional destinada a modificar el sistema federal alemán; contemplaba una notable disminución de las leyes que precisarían la aprobación del Bundesrat (lo que agilizaría la acción legislativa del gobierno federal, en ocasiones bloqueada por la pertinente doble aprobación parlamentaria) y, a cambio, un incremento de las competencias de los estados federados en distintos ámbitos. Esta importante reforma fue aprobada en el Bundestag el 30 de junio de ese año.

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