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Montaña

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Principales montañas del mundoPrincipales montañas del mundo
Esquema
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Introducción

Montaña, forma de relieve terrestre, que se define por estar elevada respecto al terreno que la rodea, inclinada con mayor o menor pendiente, en ocasiones de forma abrupta, y por ocupar una gran superficie (varios kilómetros cuadrados). Se distinguen de las mesetas por la menor extensión de sus cimas, y de las colinas por su mayor altitud (por encima de los 600 metros).

En toda montaña se consideran tres partes fundamentales: la cumbre o cima, es decir, su parte más alta, en ocasiones llamada cota, pico y cresta; la falda o ladera, también denominada vertiente; y la base o pie, que tiene siempre mayor superficie que la cumbre. Se considera como elevación o altura de una montaña la de su cima con respecto al nivel del mar; así, puede darse que una montaña de unos 4.000 m se eleve solo 2.000 m sobre el terreno que la rodea y parezca más baja de lo que realmente es. Normalmente se considera alta montaña a la que supera los 3.000 m de altitud. Las cumbres más elevadas del planeta se alzan en el gran sistema del Himalaya.

Las montañas, como el resto de la superficie terrestre, están formadas por rocas de diferentes tipos, que determinan su aspecto: endógenas, como las ígneas y metamórficas, y exógenas, como las sedimentarias.

En los mapas topográficos, en los que figuran las curvas de nivel, se representa la forma de las montañas y su altitud; esta última también se refleja en los perfiles o cortes topográficos. Tanto la geodesia como la fotogrametría y la teledetección permiten obtener las mediciones necesarias para conocer los aspectos físicos de las montañas.

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Disposición de las montañas

Las montañas aparecen normalmente agrupadas en sierras, que se definen como alineaciones sucesivas de montañas, cuya línea de cumbres presenta forma aserrada o dentada, y de puertos de montaña (paso natural entre montañas), de similar origen, edad, aspecto y estructura.

Varias sierras conforman un sistema montañoso mayor; a una sucesión alineada de sistemas de sierras se le llama cadena montañosa, y un amplio sistema de sierras y cadenas montañosas recibe el nombre de cordillera. Las cordilleras submarinas se conocen como dorsales oceánicas.

Algunas montañas se alzan aisladas, como es el caso de algunos volcanes y cerros.

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La orogénesis o formación de montañas

La orogénesis se produce en diferentes periodos (eones) y ciclos geográficos, que afectan de manera diferente a la superficie terrestre. El término ‘orogénesis’ significa origen o formación de las montañas (etimológicamente proviene de las palabras griegas oro, ‘montaña’, y génesis, ‘origen’), y hace alusión realmente a la formación de las cordilleras debido a las fuerzas internas o endógenas, es decir, tectónicas, tanto tangenciales como horizontales, bien sean de plegamiento, de fractura, etc.

En geología y geomorfología se considera que la mayor parte de las montañas se formaron por movimientos de la corteza terrestre. La teoría de la tectónica de placas, ligada al concepto de expansión del fondo oceánico, ha ayudado a explicar este proceso. Simplificando, este modelo teórico considera que la litosfera está dividida en grandes placas que se desplazan unos cuantos centímetros al año debido a las fuerzas internas del planeta (donde la temperatura es muy elevada), lo que provoca que colisionen, se separen o se deslicen de forma lateral. La colisión de las placas litosféricas continentales suele favorecer el surgimiento de alineaciones montañosas; su separación puede originar rift valleys. Las erupciones volcánicas también generan montañas; gran parte de la actividad volcánica del mundo se concentra a lo largo de las zonas de contacto activo entre placas de la litosfera.

Los llamados procesos no tectónicos, entre los que destaca el modelado debido a la meteorización y erosión diferencial, igualmente son generadores de relieves montañosos, como por ejemplo, los cerros testigo.

3.1

Ejemplos de levantamiento y vulcanismo

Los choques entre las placas de la corteza terrestre desencadenan varios procesos geológicos que producen el levantamiento de la corteza, entre los que se pueden destacar los plegamientos, las fracturas en bloques y los abombamientos.

Un proceso común producido por la compresión horizontal es la deformación de la corteza en pliegues de diversa profundidad, o su fractura al originarse fallas. El anticlinal de un pliegue suele coincidir con las zonas más elevadas del terreno, salvo en los casos de sinclinales colgados (típico ejemplo de inversión del relieve).

Las fallas están producidas también por movimientos verticales, suponen desplazamiento y dan lugar a enormes bloques levantados, llamados horsts, que aparecen como montañas, y bloques hundidos, que se presentan como graben (fosa tectónica) o valle. Una de las fallas más conocidas del planeta es la falla de San Andrés.

Un tercer tipo de montañas, formadas por levantamiento, son los domos. Estas montañas se forman por el abombamiento de las rocas superficiales, que se produce por la intrusión de rocas ígneas del interior de la Tierra.

El Himalaya, por ejemplo, se levantó debido a la compresión producida por el choque de la placa índica con la euroasiática. Los Alpes europeos y las montañas del Jura también se elevaron por compresión horizontal, producida en este caso por la colisión de la placa africana con la euroasiática. En América, el paso del mesozoico al cenozoico se caracterizó por una intensa actividad orogénica, provocando el nacimiento de cordilleras como los Andes en Sudamérica, y la sierra Madre occidental y las montañas Rocosas en Norteamérica.

Las montañas formadas por la actividad volcánica son reconocibles porque suelen estar aisladas y presentar periódicamente un aspecto amenazador. Los más espectaculares y probablemente más característicos son los picos cónicos, o conos volcánicos, formados por lava y materiales volcánicos, como el monte Rainier y el monte Saint Helens en Estados Unidos; el monte Erebus en la Antártida; el Vesubio en Italia, el Licancábur en Sudamérica y el monte Fuji en Japón. Los volcanes de escudo, como el Mauna Loa y el Mauna Kea en Hawaii, son menos espectaculares debido a las propiedades físicas de los materiales que los formaron y que los convierten en extensas masas, a modo de escudo, con menor altitud.

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