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Esquema
Introducción; Arte Jomon y Yayoi; Arte Kofun o de los grandes túmulos; Arte Asuka y Nara; Arte Heian; Arte Kamakura; Arte Muromachi; Arte Momoyama; Arte del periodo Edo; El arte a partir de 1867
La escuela artística más conocida en Occidente es la de Ukiyo-e, de pintura y de grabados en madera, cuyos temas centrales son la vida de las cortesanas, el mundo del teatro kabuki y el barrio de los burdeles. Los primeros grabados de Ukiyo-e datan de finales del siglo XVII, pero la estampa más antigua en color fue realizada por Harunobu en 1765. Los grabadores de las siguientes generaciones, como Torii Kiyonaga y Utamaro, representaron escenas cortesanas elegantes para las que emplearon un agudo sentido de la observación. El principal exponente del estilo Ukiyo-e en el siglo XIX fue Hokusai, quien dedicó su larga vida a pintar y a grabar con maestría paisajes, figuras y todo tipo de escenas, destacando La ola, que forma parte de las Treinta y seis vistas del monte Fuji, quizá una de las obras más conocidas del arte japonés. Entre sus coetáneos destaca Hiroshige, autor de preciosos grabados de paisajes románticos. Los curiosos ángulos y formas a través de los cuales veían el paisaje Hokusai e Hiroshige, junto con la obra de Kiyonaga y Utamaro en la que resaltaban los planos lisos y fuertes contornos lineales, ejercieron una profunda influencia en artistas occidentales como Edgar Degas y Vincent van Gogh. Mientras la escuela Ukiyo-e se decantaba por representaciones que se escapaban de las restricciones del sogunado Tokugawa, los artistas de la escuela Bunjinga se inclinaban por la cultura china y basaban su estilo en las obras de los pintores académicos chinos. A esta última escuela pertenecen Ike no Taiga, Yosa Buson, Tanomura Chikuden y Yamamoto Baiitsu.
En los años que siguieron a 1867, fecha de la subida al trono del emperador Meiji Tenno, Japón volvió a ser invadido por formas de cultura nuevas procedentes del exterior.
La primera reacción de los japoneses ante esta nueva situación fue de sincera aceptación, y en 1876 se inauguró la Escuela de Artes tecnológicas, con profesores italianos que enseñaban las técnicas occidentales. La segunda reacción fue un rechazo hacia lo occidental, encabezado por Okakura Kakuzo y por el estadounidense Ernest Fenollosa, quienes alentaban a los artistas japoneses a conservar los temas y las técnicas tradicionales, si bien creando obras más acordes con el gusto contemporáneo. De estos dos polos de la teoría artística surgieron los estilos Yoga (pintura al estilo occidental) y Nihonga (pintura japonesa), que siguen vigentes en la actualidad.
La necesidad de reconstruir el Japón a raíz de la II Guerra Mundial constituyó un fuerte estímulo para los arquitectos japoneses y los edificios de hoy compiten con los mejores del mundo en cuanto a tecnología (resistentes a los terremotos) y concepto formal. El arquitecto más conocido de la primera generación de la posguerra es Kenzo Tange, constructor de dos pequeños estadios (1964) para los Juegos Olímpicos de Tokio, caracterizados por su elegancia y por la disposición de las cubiertas suspendidas. Figuras posteriores como Isozaki Arata y Tadao Ando han aportado una presencia japonesa más fuerte y significativa en el panorama de la arquitectura internacional.
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