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Esquema
A comienzos del siglo XIX la arquitectura occidental se debatía entre diferentes recuperaciones (revivals) de los lenguajes históricos, en una especie de agonía que se prolongó más de un siglo y que se conoce como historicismo o eclecticismo. En el primer tercio de siglo se impuso, como heredero directo del neoclasicismo, el llamado neogriego, entre cuyas figuras cabe destacar al arquitecto prusiano Karl Friedrich Schinkel, que en algunos aspectos se anticipó al movimiento moderno. En Francia se desarrolló un estilo llamado imperio, dedicado al culto del emperador Napoleón Bonaparte, cuya obra más emblemática es la iglesia de La Madelaine (1807-1842), una copia en el centro de París del templo romano de la Maison Carré de Nimes. En el último tercio del siglo, coincidiendo con la época de Napoleón III (durante el Segundo Imperio), se levantó el impresionante edificio de la Ópera de París (1861-1875), obra neobarroca de Tony Garnier, y se reconstruyó el centro de París, obra dirigida por el barón Haussman siguiendo los principios urbanísticos de la época de Luis XIV. En Inglaterra se desarrolló una corriente romántica que evolucionó hasta llegar al estilo neogótico, uno de cuyos mejores ejemplos son los edificios del Parlamento (comenzados en 1836) en Londres, construidas por los arquitectos Charles Barry y A. W. N. Pugin, probablemente el mejor representante de este estilo. Otro de los estilos medievalistas que se desarrollaron durante el siglo XIX fue el neorrománico, que influyó notablemente en la arquitectura del arquitecto estadounidense Henry Hobson Richardson. Este arquitecto formado en París fue el precursor de la arquitectura contemporánea estadounidense, y entre sus obras más significativas se encuentra la Trinity Church (1872-1877) en Boston.
A finales del siglo XIX un cierto número de artistas tomó conciencia de la necesidad de una nueva arquitectura, propia de su época y no heredada de los modelos antiguos. Nace así un movimiento llamado en Alemania y Austria Jugendstil, en Francia y Bélgica Art Nouveau, y en Cataluña Modernisme. Entre las figuras más emblemáticas se encuentran Victor Horta en Bruselas, Otto Wagner, Joseph Maria Olbrich y Josef Hoffmann en Viena (representantes del movimiento vienés conocido como Sezession), y el escocés Charles Rennie Mackintosh, que desarrolló un estilo propio con reminiscencias medievales, uno de cuyos mejores ejemplos es la Glasgow School of Art (1898-1899). Un caso aparte es el del catalán Antoni Gaudí, que comenzó su carrera en las filas del neogótico pero más tarde evolucionó por un camino personal, que le llevó a construir una serie de obras, casi todas ellas en Barcelona, de una originalidad inusitada. Entre éstas destacan la casa Milá (1906-1910), un edificio de viviendas en chaflán cuya fachada de piedra ondula entre las grandes ventanas, que predicen los pasos del movimiento moderno, el inacabado templo expiatorio de la Sagrada Familia (1883-1826), o el onírico Parc Güell (1900-1914), donde al margen de una imaginación desbordante se aprecia la maestría constructiva de este genial arquitecto.
La disponibilidad de perfiles de acero en grandes cantidades, y, sobre todo, la invención del ascensor eléctrico, permitieron en las últimas décadas del siglo XIX la construcción de edificios de gran altura, llamados rascacielos, iniciando así una carrera que aún hoy parece no tener fin. El arquitecto estadounidense Louis Sullivan fue el primero en dotar de una tipología expresiva a los nuevos edificios comerciales urbanos, como muestran el Wainwright Building (1890-1891) en Saint Louis (Missouri), el Guaranty Building (1895) en Buffalo (New York), y el Carson Pirie Scott Department Store (1899-1904) en Chicago. Su carrera converge con la de los arquitectos de la llamada Escuela de Chicago, cuya mayor aportación fue el desarrollo de la tipología de rascacielos, donde consiguieron una combinación perfecta entre la mampostería de piedra en la fachada y la estructura interior de hierro. Gracias a este sistema constructivo, en el que el esqueleto se levantaba rápidamente y sobre él se disponía el cerramiento, se conseguían resolver dos de los mayores problemas que planteaba la ciudad moderna: la escasez de terreno y la escasez de tiempo. Otro de los méritos de Sullivan consiste en haber sido el maestro de Frank Lloyd Wright, uno de los mejores arquitectos del siglo XX. Ver Arte y arquitectura de Estados Unidos.
La atención de los arquitectos franceses de principios del siglo XX se concentró en otro nuevo material constructivo: el hormigón armado. Auguste Perret construyó numerosas obras investigando sobre el lenguaje propio de este material, entre las que destacan el edificio de viviendas de la calle Franklin (1902-1903) y el Théâtre des Champs Elysées (1911-1914), ambos en París. Tony Garnier proyectó, durante su estancia en Roma, una ciudad entera construida en hormigón, que apareció publicada en 1917 con el título de La cité industrielle. En Viena, Adolf Loos publicó en 1908 su artículo Ornamento y delito, mientras proyectaba y construía una arquitectura extremadamente despojada. Peter Behrens fue uno de los fundadores del Deutsche Werkbund (Asociación para el Progreso de la Industria Alemana), y su edificio para la fábrica de turbinas de la AEG (1908-1909) en Berlín lo convirtió en el pionero alemán de la arquitectura moderna.
Uno de los principales catalizadores del diseño y la arquitectura del movimiento moderno fue la Bauhaus. Esta escuela de arte (Weimar, 1919-1925; Dessau, 1926-1933) aunó las experiencias de arquitectos, artistas y diseñadores de numerosos países, interesados en investigar sobre los principios del arte moderno. El director de la primera etapa fue Walter Gropius, que además proyectó los edificios de la nueva sede en Dessau, y su sucesor fue Ludwig Mies van der Rohe. La nueva arquitectura pudo demostrar sus virtudes en los Siedlungen (edificios de viviendas de bajo coste) construidos en Berlín y Frankfurt, mientras que la exposición de nuevas tipologías residenciales en la Weissenhof Siedlung (1927) de Stuttgart consiguió reunir la obra de Mies, Gropius, J. J. P. Oud y Le Corbusier. Estas demostraciones insistían en el papel social de la arquitectura del movimiento moderno, capaz de construir viviendas dignas (el existenzminimun) y al mismo tiempo baratas. Por otra parte, Mies van der Rohe mostró las capacidades expresivas de la nueva arquitectura en el pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona (1929), un edificio sutil que explora las posibilidades de la planta libre, construido con materiales nobles como travertino, mármol, ónice y acero cromado. Gropius, su discípulo Marcel Breuer y Mies tuvieron que huir de Alemania con la llegada del nazismo y se exiliaron en Estados Unidos, donde los tres ejercieron una gran influencia acrecentada por su labor docente. Le Corbusier es sin duda el arquitecto más influyente del siglo XX. Su extensa carrera comenzó con la publicación de los primeros escritos, donde clamaba por una estética similar a la de las máquinas y preconizaba la sustitución de la ciudad tradicional por una nueva ciudad de rascacielos dispuestos sobre enormes espacios arbolados. Su villa Savoie (1929-1931), en los alrededores de París, es uno de los arquetipos de la arquitectura contemporánea. En ella se combina la complejidad espacial, que juega con una sutil ambigüedad entre el interior y el exterior, con los postulados que defendió durante años: edificio sobre pilotis, jardín sobre la terraza, planta libre, fachada independiente de la estructura y amplios ventanales. Ya en la década de 1950 proyectó una nueva ciudad como capital del estado indio del Punjab, llamada Chandīgarh, y proyectó los tres edificios más representativos del Capitolio. En Francia construyó dos edificios religiosos excepcionales: la iglesia de peregrinación de La Ronchamp (1950-1955) y el monasterio dominico de La Tourette (1957-1961). Después de la primera etapa, más racionalista, esta segunda etapa conocida como brutalista se caracteriza por el uso del hormigón de una forma más expresiva, así como por los efectos dramáticos de luces y sombras. Algunos ingenieros especialistas en el cálculo de estructuras como Robert Maillart, Eugène Freyssinet, Eduardo Torroja o Pier Luigi Nervi han construido a lo largo del siglo XX algunos edificios especialmente imaginativos, que han servido de inspiración a numerosos arquitectos como el estadounidense de origen finés Eero Saarinen o el español afincado en México Félix Candela. El arquitecto finés Alvar Aalto trabajó durante más de cuatro décadas, sin adherirse plenamente a la arquitectura de corte industrial, pero logrando un lenguaje propio que se añade al catálogo de la mejor arquitectura moderna. Entre las aportaciones fundamentales de este arquitecto nórdico se encuentran la sutileza en la composición espacial, el manejo de la luz natural y su especial sentido para utilizar los materiales, sacando el máximo partido a sus cualidades expresivas. La arquitectura escandinava ha dado muestras de una gran vitalidad a lo largo de este siglo, gracias a figuras como el sueco Gunnar Asplund, o el danés Jørn Utzon, que proyectó la espectacular Ópera de Sydney (1957-1973), en Australia. En Estados Unidos la influencia de los maestros europeos se dejó sentir claramente después de la II Guerra Mundial, especialmente a través de la figura de Louis I. Kahn, en cuyos edificios se puede sentir la monumentalidad de la Roma antigua. Uno de los edificios emblemáticos de este arquitecto es el Museo de Arte Kimbell (1972), en Fort Worth (Texas), donde las bóvedas de cañón se abren por la clave hasta convertirse en lucernarios cenitales. La influencia de los maestros del movimiento moderno se comenzó a sentir en España y en algunos países de Latinoamérica hacia finales de la década de 1920, especialmente en Brasil, donde la influencia de Le Corbusier es evidente sobre Lúcio Costa y Oscar Niemeyer, responsables de la construcción de la ciudad de Brasilia siguiendo principios corbusierianos. La generación de arquitectos racionalistas españoles, asociada en torno al GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), tuvo que disolverse al final de la Guerra Civil española (1936-1939), y mientras que Josep Lluís Sert emigró a Estados Unidos para hacerse cargo de la Facultad de Arquitectura de Harvard, otros arquitectos como Félix Candela y Antonio Bonet emigraron a Latinoamérica, donde se unieron a las corrientes modernas encabezadas por Juan O’Gorman en México y Julio Vilamajó en Uruguay. Ver Arquitectura contemporánea española; Arquitectura contemporánea mexicana.
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