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Arquitectura

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Esquema
4.1.2. 1
Arquitectura de China

La inmutable estructura jerárquica de la familia extensa, sacralizada en toda China, y su espíritu de veneración hacia los antepasados, se refleja en la forma estricta de la casa familiar. Ésta se construye sobre una planta rectangular, con una disposición axial siguiendo un eje norte-sur. La entrada se efectúa a través de un patio tapiado situado en el extremo sur, mientras que los elementos de vivienda se disponen simétricamente a ambos lados del eje. Esta estructura se repite en numerosas tipologías residenciales de mayor envergadura, como monasterios, mansiones, palacios e incluso ciudades enteras.

La ciudad de Pekín se expandió durante siglos bajo el dominio de diferentes dinastías. Su trazado lo componen dos rectángulos contiguos: la ciudad interior y la nueva ciudad exterior, cada una de ellas con una extensión de varios kilómetros cuadrados. Dentro de la ciudad interior se halla la ciudad imperial, que a su vez contiene a la Ciudad Prohibida, antigua residencia de la corte imperial. Todas las partes de la ciudad están ordenadas simétricamente a lo largo de una avenida que sigue la dirección norte-sur. Es la apoteosis, a gran escala, de la casa familiar china.

Los materiales constructivos más utilizados en China y Japón son la piedra, el ladrillo, la madera y los elementos cerámicos. Las formas características de la arquitectura de ambos imperios provienen de las estructuras de madera. En China, los pilares sostienen una techumbre de madera, una especie de pirámide invertida formada por capas de vigas (tirantes) arriostradas por correas y pilares intermedios. Éstos, a su vez, sujetan las correas y cabios sobre los que descansa la pesada cubierta de tejas. Los aleros se extienden en voladizo más allá de las líneas de columnas, sobre unas complicadas ménsulas. El arquetipo resultante es un edificio de planta rectangular, normalmente de una sola altura, rematado por una empinada cubierta. Ver Arte y arquitectura de China.

4.1.2. 2
Arquitectura japonesa

La evolución de la casa japonesa es muy distinta de la china. Mientras la última se ocupaba de expresar el orden social, la casa del Japón se empeñó en crear un diálogo poético con la naturaleza, estableciendo relaciones diversas con la tierra, el agua, las piedras o los árboles. Esta convivencia es evidente en el palacio de Katsura (primera mitad del siglo XVII), proyectado y construido por un maestro de la ceremonia del té. Los edificios que lo componen parecen desperdigados de forma aleatoria, pero en realidad siguen una cuidadosa secuencia de vistas e integración en el paisaje.

Japón perfeccionó sus estructuras de madera desde la antigüedad. El santuario de Ise, situado en la costa, al suroeste de Tokio, se erigió en el siglo V y se reconstruye meticulosamente cada 20 años. El edificio principal está situado en el interior de un recinto rectangular que acoge las estancias auxiliares. Se puede decir que es una joya construida en madera, elevada sobre postes hincados en el suelo, y coronada por una gran techumbre de paja. La estructura de la cubierta carece de tirantes y correas, de modo que el caballete descansa sobre una viga o cumbrera que a su vez sostienen dos enormes pilares situados en el centro de los hastiales. Los cabios se ensamblan por encima de la cumbrera, de tal modo que no producen esfuerzos hacia el exterior. Este monumento, pequeño pero de elegantes proporciones, es un excelente ejemplo de la sutileza del arte japonés. Ver Arte y arquitectura de Japón.

4.2

Arquitectura precolombina

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón pisaba las tierras de América y se iniciaba así una política de conquistas que destruyó gran cantidad de culturas autóctonas. Todas estas culturas —colonizadas por España, Portugal e Inglaterra, principalmente— se conocen con el nombre de precolombinas, y se puede decir que desaparecieron casi totalmente bajo el poder de los imperios europeos. Las dos grandes áreas donde se desarrollaron las culturas más fértiles de América fueron Mesoamérica —México, Honduras, Guatemala, Belice y El Salvador— y el centro de los Andes —Perú, Bolivia y Ecuador. Por otra parte, las tribus nómadas del norte de América no llegaron a realizar construcciones permanentes, aunque algunas civilizaciones más cercanas a los focos culturales mesoamericanos, como los indios mokis o pueblo de Sonora, Arizona y Nuevo México, construyeron con piedra y adobe. Estos pueblos indígenas americanos iniciaron su declive hacia el año 1300 pero aún se conservan restos de sus arquitecturas rupestres y de algunos poblados.

4.2. 1

Arquitectura mesoamericana

Las dos tipologías más relevantes de la arquitectura mesoamericana fueron la pirámide y el juego de pelota. La pirámide americana es diferente de la egipcia no sólo por su forma —escalonada y truncada en su parte superior—, sino también por su función, que es la de acoger un santuario o templo en la meseta más elevada. Una práctica habitual era levantar las pirámides por capas, de forma que se construía un edificio nuevo rodeando al antiguo cada 52 años, que era el ciclo establecido para la renovación del mundo. El juego de pelota, que no era un deporte sino un espectáculo ritual, solía estar relacionado con las pirámides y consistía en un espacio amurallado de planta en doble T.

La cultura maya se extendía desde la península de Yucatán hasta Belice, Honduras y Guatemala, y su periodo de mayor esplendor tuvo lugar entre los siglos IV y XI. Una de las primeras grandes ciudades mayas es la de Tikal (Guatemala), de la que se conserva un enorme recinto sagrado (siglos III-VIII) con numerosas pirámides. Sobre las plataformas de estas pirámides se elevan los templos o santuarios, con un espacio interior cubierto por una falsa bóveda típica de la arquitectura de esta civilización. Otro de los centros florecientes en la época clásica fue Copán (Honduras), un centro de estudios astronómicos donde se conserva la monumental escalera de los Jeroglíficos (mediados del siglo VIII), así como uno de los juegos de pelota más hermosos de la civilización maya. El Palenque (llamado así por los españoles por ser un recinto amurallado) fue el centro de esta cultura en México y su edificio más emblemático es el templo de las Inscripciones (siglos VII-VIII), situado sobre una pirámide que, en este caso, contiene una cámara sepulcral. Ya en el primer milenio de la era cristiana, el guerrero Kukulcán fundó la ciudad de Chichén Itzá sobre la llanura de Yucatán. La arquitectura de esta ciudad tiene una enorme influencia de la zona que está al norte de la capital mexicana, como muestran el templo de los Guerreros (siglos XI-XII) y la pirámide del Castillo (siglos XI-XII), que siguen los modelos toltecas de la ciudad de Tula. Otros edificios emblemáticos de Chichén Itzá son el Caracol (un observatorio astronómico al que se accede a través de una escalera de caracol) y el famoso juego de pelota, flanqueado por unos muros monumentales que están ricamente esculpidos. También en la península de Yucatán se encuentra Uxmal, cuyo hermoso palacio del Gobernador (siglos VIII-IX), erigido sobre una meseta artificial, muestra la maestría compositiva que se alcanzó en la etapa final del arte clásico maya. Véase Arte y arquitectura mayas.

La llamada cultura de La Venta (1200-900 a.C.), probablemente relacionada con el pueblo olmeca, parece haber sido una de las primeras y también la más influyente de todo el continente americano. Su efecto se aprecia en las edificaciones de Monte Albán (siglos VI-VIII), una acrópolis zapoteca sobre la ciudad de Oaxaca, o en el palacio de las Columnas (siglo XV) de Mitla, también en Oaxaca, con sus espectaculares muros recubiertos de mosaicos. Otra de las civilizaciones mesoamericanas interesantes es la de El Tajín, que ha legado su gran pirámide (siglo VII) de nichos tallados sobre las paredes verticales. Sin embargo, la gran cultura clásica del centro de México fue Teotihuacán, situada sobre la llanura noroeste de México-Tenochitlán. Su obra más fabulosa es la gran pirámide del Sol, un edificio de 64 m de altura y 45.225 metros cuadrados de base, cuyo conjunto completan la pirámide de la Luna y un área en terraplenes conocida como La Ciudadela. Hacia el siglo VIII, la cultura teotihuacana sucumbió al empuje del pueblo tolteca que introdujo el culto a la serpiente emplumada Quetzalcóatl, una imagen que representan a menudo en los bajorrelieves de sus templos. La capital tolteca era Tula, donde se conserva la pirámide del templo de la Estrella de la Mañana (c. 900), construida en cinco niveles de 2 m de altura. Un centro que ejemplifica la transición de la época clásica a la tolteca es Xochicalco (casa de las flores), en el actual estado de Morelos, México; su magnífico templo de Quetzalcóatl está adornado con bajorrelieves y glifos. Por su parte, Tula fue destruida en el siglo XII por los chichimecas, que heredaron las tradiciones artísticas teotihuacanas y toltecas, y construyeron la pirámide de Tenayuca (siglos XIV-XV) en cinco capas superpuestas correspondientes a los ciclos de 52 años. La arquitectura de los chichimecas puede dar una idea de la que produjeron los aztecas, que fundaron la gran Tenochitlán en 1325. En las excavaciones del templo Mayor, en pleno centro de la ciudad de México, se ha descubierto una interesante infraestructura que permitió levantar el centro ceremonial y político más importante de Mesoamérica en medio de un lago. Véase Arte y arquitectura de Teotihuacán; Arte y arquitectura olmecas.

4.2. 2

Arquitectura centroandina

A mediados del siglo XIV el Imperio inca consiguió dominar al resto de las culturas andinas, entre las que destacaron las de Chavín, Mochica, Paracas, Nazca, Chimú, Huari y Tiahuanaco.

Entre las mejores obras realizadas por culturas preincaicas destacan el templo escalonado de Chavín de Huantar, donde se aprecian afinidades con la cultura de La Venta, en México; la huaca del Sol en Moche, una pirámide escalonada de ladrillos secados al sol; la Puerta del Sol en Tiahuanaco, una puerta monolítica situada en un lugar sagrado similar al de Chavín de Huantar; la huaca del Dragón (siglos XIV-XV) en Chan Chan (capital chimú cercana a la actual Trujillo), construida en adobe como la mayoría de la arquitectura de la zona costera, y las chulpas, unas pequeñas torres funerarias de base circular que aparecen en la cuenca del lago Titicaca.

Los incas se establecieron en Cuzco hacia el año 1100 y desde allí comenzaron su expansión comenzando por los quechuas. Su arquitectura enlaza con las tradiciones de Chavín y Tiahuanaco, como muestran las construcciones halladas en la fortaleza de Machu Picchu, situada a una altura de 2.400 m bajo las faldas del Urubamba. Una de las características más originales de la primitiva arquitectura inca es el ensamblaje a hueso de piedras ciclópeas, especialmente para la erección de murallas como en Sacsahuamán (siglo XV), la fortaleza de Cuzco o en los seis monolitos graníticos que cierran el templo de los Muertos de Ollantaytambo (siglo XV), sobre el valle del Urubamba. La evolución del Imperio supuso el perfeccionamiento en el tallado de la piedra, como se aprecia en las construcciones del Monte Dorado o Choquequilla (siglo XV), en el valle cercano a Cuzco de Huaracondo. Ver Arte y arquitectura precolombinas; Arte y arquitectura incas.

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