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Arquitectura

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Alhambra de GranadaAlhambra de Granada
Esquema
4.3

Arquitectura occidental

La cultura que hoy conocemos como occidental tuvo su origen en una serie de pueblos de la zona oriental del mar Mediterráneo, que, con el devenir de la historia, fueron ampliando su influencia hasta abarcar toda la costa de este mar. Más tarde fueron los grandes imperios, como el romano o el macedónico, los encargados de extender su dominio por el mundo conocido. La invasión de los pueblos bárbaros no hizo sino afianzar la cultura heredada, que a partir de entonces se conoce como clásica, y se convierte en un canon o modelo a seguir. Los imperios coloniales han ido imponiendo sus criterios al resto de los pueblos hasta nuestros días; en la actualidad, la cultura occidental se extiende por todo el planeta, aunque en cada zona haya un cierto grado de mestizaje con las culturas autóctonas.

En la evolución del mundo occidental hay una gran cantidad de caminos paralelos en distintas zonas geográficas. Durante la edad media, tres imperios desarrollan simultáneamente lo que podríamos conocer como cultura clásica: el bizantino en el Mediterráneo oriental, el islámico (con diferentes centros de poder en Asia, África y el sur de Europa) y el carolingio en el centro de Europa. Por otra parte, dos de las religiones más extendidas del mundo comparten su pertenencia a esta cultura genérica: el cristianismo y el islam. Ambas tienen un origen común en la religión judía y comparten la necesidad de apostolado, lo cual ha favorecido su expansión colonial.

4.3. 1

Mesopotamia

Esta región, que coincide en su mayor parte con el actual Irak, estaba comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates. La ciudad asiria de Jorsabad, construida con ladrillos y adobe durante el reinado de Sargón II (722-705 a.C.), se descubrió en 1842, y gracias a las excavaciones realizadas desde entonces se conoce la mayor parte de su planta. Este descubrimiento supuso una base sólida para el estudio de la arquitectura de Mesopotamia porque las antiguas ciudades de Babilonia y Ur no se excavaron hasta finales del siglo XIX.

En la antigua arquitectura persa se observa la influencia de los griegos, con quienes los persas mantuvieron una serie de enfrentamientos (las Guerras Médicas) en el siglo V a.C. De esta época se ha conservado el gran recinto real de Persépolis (518-460 a.C.), construido por Darío el Grande, y un gran número de tumbas excavadas en la roca, todas al norte de Shīrāz, en el actual Irán.

4.3. 2

Egipto

La cultura urbana también fue próspera desde los primeros tiempos del antiguo Egipto. La estabilidad política de este gran Estado se instauró por medio de una oligarquía defensora de las tradiciones. Sólo así, en un sistema político donde el poder se concentraba en torno al faraón y sus sumos sacerdotes, y en una región rica en materiales pétreos (granito, piedras areniscas y calizas), pudo llevarse a cabo la construcción de los monumentos más impresionantes del mundo antiguo.

La obsesión de los gobernantes egipcios era edificar su propia tumba, más espléndida que la de su predecesor. Antes de la IV Dinastía (que comienza c. 2680 a.C.), los enterramientos de los reyes de Egipto se distinguían por medio de una mastaba, una construcción maciza de ladrillo, de planta rectangular con los muros en talud. Ésta evolucionó hacia la pirámide escalonada y más tarde hasta la definitiva pirámide de caras planas. Las pirámides mayores y mejor conservadas están en el conjunto de Gizeh, cerca de El Cairo; entre ellas destacan la de Keops (construida c. 2570 a.C.) y la de Kefrén (c. 2530 a.C.). Estos inmensos monumentos son la muestra del enorme poder que los faraones ejercían sobre sus súbditos, así como de la fascinación de los arquitectos egipcios por las formas geométricas. Por otra parte, el mismo gusto por la perfección de la forma abstracta reaparece frecuentemente a través de la historia.

Los egipcios edificaron templos no como lugar de oración, sino para exhibir los ritos que cumplían los que ocupaban el poder y excluir al resto de los mortales. Para ello construyeron los templos dentro de recintos amurallados, con grandes vestíbulos repletos de columnas (salas hipóstilas) que convierten el espacio exterior en interior, dado que a cierta distancia sólo se puede ver una masa cerrada de piedra. Una sucesión lineal de espacios conducía hasta los recintos más sagrados. Así nació el concepto de eje, que en los templos egipcios se extendía hacia el exterior a través de avenidas de esfinges, dispuestas para acrecentar el espectáculo procesional de los participantes. En estas construcciones se inicia el empleo monumental del sistema adintelado, con gruesas columnas muy próximas entre sí, sosteniendo pesados dinteles.

Los templos mejor conocidos de Egipto están en la zona del Nilo medio, cerca de la antigua capital, Tebas. Aquí se encuentran los templos de Luxor, Karnak y Dayr al-Bahari (siglos XV-XII a.C.), y Edfú (siglo III a.C.). Ver Arte y arquitectura de Egipto; Templo.

4.3. 3

Arquitectura creto-micénica

La arquitectura que se desarrolló en el territorio continental de la antigua Grecia y en las islas del mar Egeo pertenece a una serie de culturas griegas, que precedieron a la llegada (c. 1000 a.C.) de los pueblos jónicos y dóricos. La cultura minoica floreció en la isla de Creta (entre los años 3000-1200 a.C.); su principal legado es el palacio laberíntico de Minos en Cnosos, cerca de la actual Iraklion. En el Peloponeso, cerca de Argos, están los palacios-fortaleza de Micenas y Tirinto, y en Asia Menor la ciudad de Troya —excavada en su totalidad por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann en el último cuarto del siglo XIX. Micenas y Tirinto se consideran dos importantes muestras de la civilización aquea, referente de los poemas épicos de Homero, la Odisea y la Iliada. Ver Civilización del Egeo.

4.3. 4

Arquitectura griega

La tipología del templo griego se compone de un santuario y el perímetro de columnas que lo rodean y articulan el espacio exterior. En este sentido es el modelo opuesto del templo egipcio, cuyas columnas están dispuestas dentro de un recinto amurallado. La originalidad de esta tipología reside en que, quizás por primera vez en la historia, se da prioridad al aspecto externo de un edificio que contiene un espacio sagrado. La arquitectura griega no abruma al observador con una excesiva monumentalidad y rara vez está dispuesta simétricamente a lo largo de un eje, sino que busca las relaciones espaciales sutiles, desde diferentes puntos de vista. Los templos griegos, que siguen aproximadamente el mismo plan, tienen tamaños muy diversos: desde el pequeño templo de Atenea Niké (427-424 a.C.) en la Acrópolis de Atenas, de aproximadamente 6 × 9 m, hasta el gigantesco templo de Zeus u Olimpeión (c. 500 a.C.) en Agrigento (Magna Grecia, actual Sicilia), que ocupa más de una hectárea.

El modelo primitivo de templo se fue modificando a lo largo de los siglos. La preocupación por el aspecto exterior y sus relaciones con el espacio circundante llevó a los arquitectos griegos a una carrera hacia la perfección. Fruto de este empeño son los órdenes arquitectónicos, que consisten en una serie de reglas sobre la proporción y la articulación de las partes del edificio, especialmente de las columnas. Hoy día se siguen llamando de igual forma, e incluso se siguen utilizando como modelos canónicos. En ellos se regula la disposición del estilobato o plinto, la basa, el fuste, capitel, arquitrabe, friso, cornisa y frontón, cada uno de los cuales ejerce o simboliza alguna función estructural.

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