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Esquema
Dos de los tres órdenes griegos se extendieron más o menos simultáneamente. El orden dórico era predominante en el Ática y en la Magna Grecia. Es el más sobrio de todos los órdenes clásicos, pues sus columnas carecen de basa, y todos sus elementos decorativos representan alguna función estructural. Una de las obras maestras de la arquitectura de todos los tiempos está compuesta según el orden dórico; se trata del Partenón (448-432 a.C.), situado en la parte central de la Acrópolis de Atenas. El orden jónico se originó en las ciudades del mar Egeo y Asia Menor, más influidas por el arte egipcio y oriental. La columna jónica se caracteriza porque el capitel está adornado por dos volutas en sus extremos, el fuste es más estilizado y con estrías más suaves que las del orden dórico, y se apoya sobre una basa compuesta por partes cóncavas y convexas. Se han conservado pocos ejemplos de la época arcaica, pero entre ellos destacan el Erecteion (comenzado en el año 421 a.C.) y los Propileos (comenzados en el 437 a.C.), ambos en la Acrópolis de Atenas. El orden corintio es un invento ateniense, probablemente del siglo V a.C., pero su uso se generalizó más tarde. Su característica fundamental son los capiteles decorados con hojas de acanto; además, su fuste es aún más delgado que el jónico. Tiene la ventaja frente a éste de no tener ninguna dirección principal, lo cual facilita su disposición en las esquinas. El final de las Guerras Médicas (466 a.C.) supuso la reconstrucción de numerosas ciudades griegas que habían sido arrasadas por los persas. Se abría así la posibilidad de investigar nuevas formas de planeamiento urbanístico, una nueva ciencia cuya figura principal es Hipodamo de Mileto, autor de los nuevos planos de Mileto (Asia Menor) y El Pireo (el puerto de Atenas), entre otras ciudades. Su principal aporte es el trazado en parrilla, también llamado hipodámico en su honor; igualmente, se le atribuye la idea de que el plano de la ciudad ha de simbolizar el orden social, con un centro representativo donde situar los edificios más señalados, en relación con los espacios públicos abiertos. El ágora griega (plaza pública, o lugar de reunión de los ciudadanos) podía incluir un templo, una especie de ayuntamiento o cámara de representantes (bouleuterion), un teatro, gimnasios y otros edificios de carácter público; en ocasiones quedaba contenida en un recinto de columnas. En la arquitectura doméstica, el megaron micénico (una especie de vestíbulo central) evolucionó hasta convertirse en una casa familiar donde las habitaciones tenían su acceso a través de un pequeño patio llamado atrio. Esta disposición se extendió por Italia, España y el norte de África, donde derivó hacia distintas tipologías de vivienda mediterránea. Ver Arte y arquitectura de Grecia; Vivienda (arquitectura).
La arquitectura romana tomó el relevo de la griega, pero sus resultados fueron muy distintos. En primer lugar, contrariamente al débil concepto de nación que generaban las alianzas entre ciudades-estado griegas, Roma llegó a ser un imperio poderoso y bien organizado, que colonizó con su política, su lengua y su arte todo el mundo mediterráneo, llegando por el noroeste hasta las islas Británicas y por el sureste hasta la península de Arabia. Los romanos llevaron a cabo grandes obras de ingeniería como calzadas, canales, puentes y acueductos. Sus avances en el arte de la edificación fueron incontables y en sus obras utilizaron toda clase de materiales constructivos como ladrillos, argamasa, piedra, mármoles y mosaicos. El uso del arco y la bóveda introdujo en el vocabulario clásico las formas curvilíneas; los muros curvos producían un espacio semicircular, llamado exedra o ábside, ideal para concluir un eje. Los elementos cilíndricos y esféricos llegaron a ser característicos de la arquitectura romana, adecuados para cubrir los inmensos espacios propios de la escala imperial.
La bóveda de cañón presenta una sección semicircular y se caracteriza porque sólo puede cubrir una luz limitada, debido a los enormes empujes laterales que ejerce. Para solucionar esto, los romanos inventaron dos sistemas alternativos; el primero es la cúpula, que se puede considerar como una bóveda de desarrollo circular, mucho más estable que las bóvedas de cañón, pero también limitada por los empujes laterales que ejerce sobre la estructura portante y por su propio peso, que tiende a romperla por la parte central, en la zona conocida como los riñones. A pesar de ello, los romanos consiguieron construir cúpulas enormes, como la del Panteón de Roma, un edificio de planta circular construido en la época del emperador Adriano, en cuyo interior se puede inscribir una esfera de 43 m. Su arquitecto, Apolodoro de Damasco, cubrió el espacio con una enorme cúpula masiva compuesta por anillos de materiales más ligeros a medida que se asciende, y abrió en el centro un óculo de 9 m de diámetro que desempeña la función de anillo de compresión. Esta gigantesca estructura se apoya sobre un muro perimetral de 6 m de ancho, horadado de tal forma que la estructura portante la componen realmente ocho enormes machones. En cualquier caso, el mayor problema de las cúpulas es que contienen un espacio único y no se pueden combinar fácilmente entre sí para cubrir un espacio articulado.
La segunda gran invención romana es la bóveda de arista, formada por la intersección de dos bóvedas de cañón idénticas. Las líneas que configuran esta intersección son dos medias elipses, que unen los vértices opuestos del cuadrado de la planta. Gracias a las direcciones ortogonales de curvatura se produce un efecto estructural, basado en que cada una de las bóvedas de cañón contrarresta el empuje de la otra. Además, la bóveda de arista presenta otras ventajas, como es que se puede apoyar sobre cuatro pilares (dispuestos de tal forma que absorban los empujes de la bóveda, que les llegan a 45º), dejando cuatro caras libres para emplazar vanos o para seguir añadiendo espacios abovedados. En las grandes termas y basílicas romanas, estas últimas dedicadas a la administración de justicia, la sucesión de crujías cuadradas cubiertas por bóvedas de aristas proporcionaba enormes salas, iluminadas por claraboyas situadas en lo alto de los muros laterales, bajo las bóvedas.
Los romanos también inventaron nuevas tipologías arquitectónicas, entre las que destacan el arco triunfal, el anfiteatro y el circo. Además, continuaron la evolución de los modelos tradicionales griegos como el estadio, el templo o el teatro. En cuanto a la vivienda, desarrollaron tres modalidades: la insula o casa de vecinos, propia de las grandes ciudades como Roma (que llegó a tener una población de 1,5 millones de habitantes), la domus o vivienda unifamiliar y la villa o casa de campo de las clases más acomodadas. La casa romana es una transformación de la griega y su característica fundamental es que se cierra totalmente al exterior para abrirse a un atrio descubierto, en torno al cual se organizan las habitaciones. Un gran número de excelentes ejemplos de casas y villas romanas se han conservado en Pompeya y Herculano, las dos grandes ciudades que quedaron sepultadas por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era. El gusto romano por los grandes planes urbanísticos se pone de manifiesto en la ciudad de Roma, donde cada emperador enriquecía o construía un nuevo foro con su basílica, templo y demás elementos. El foro, cuyos ejemplos arcaicos se limitaban a una sucesión caótica de edificios y monumentos, llegó a alcanzar un orden y una complejidad únicos en el foro de Trajano, dispuesto a lo largo de un eje que incluso contenía, adosado a uno de sus laterales, el mercado de la ciudad. Uno de los complejos palaciegos más impresionantes es el de Villa Adriana en Tívoli (entre los años 118-134 a.C.), que se extiende a lo largo de un enorme territorio jalonado por estadios, teatros, termas, ninfeos, peristilos y estanques. Los órdenes griegos (dórico, jónico y corintio) fueron utilizados por los romanos, que además añadieron otros dos: el toscano, de aspecto más austero que el dórico por la ausencia de estrías en sus columnas; y el compuesto, cuyos capiteles se caracterizan por mezclar las hojas de acanto con los adornos de volutas en sus extremos. Los romanos usaron los órdenes con más frivolidad que los griegos, a menudo como pura decoración para los interiores, y olvidando el sentido y la sutileza del sistema adintelado. Pero también completaron la sintaxis de los órdenes, utilizando columnas adosadas a los muros, combinándolas con arcos y pilastras, entre otros ejemplos. Una de las combinaciones más características es la del Coliseo de Roma, donde se fijaron para la posteridad las reglas de uso de columnas, pilastras, arcos y dinteles conjuntamente.
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