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Esquema
Introducción; Geomorfología histórica; Geomorfología de los procesos; Dinámica subyacente; Meteorización y erosión
La meteorización es el conjunto de procesos que producen alteración química o mecánica de las rocas en la superficie terrestre o cerca de ella. Comprende tres tipos de procesos: mecánicos, como el crecimiento de hielo o de cristales de sal en fisuras de las rocas, o el calentamiento o enfriamiento térmicos; químicos, como en las disoluciones ácidas que tienden a disolver minerales como la calcita y el feldespato; y biológicos, como la acción de las raíces de las plantas, que pueden combinar alteraciones mecánicas y químicas. La erosión es la extracción, supresión y transporte de materia de las superficies rocosas o del suelo, disuelta o en forma de partículas. La energía para producirla llega con las gotas de lluvia, con el agua corriente, con el viento, con las olas o con la gravedad (como en los deslizamientos de laderas). Una región desgastada por la erosión tiende a elevarse para compensar la perdida de peso, pero con el tiempo se estabiliza al suavizarse el relieve y al disminuir las pendientes. La superficie resultante, casi plana, se llama penillanura. Puede quedar interrumpida en algunos lugares por pequeñas mesetas elevadas y aisladas, llamadas cerros testigo, culminadas por rocas más resistentes a la erosión. El nivel fundamental teórico de estas superficies —el desnivel último para las corrientes de agua— es el nivel medio del mar. Para que una penillanura se forme y no quede destruida por erosión ulterior, el nivel marino debe permanecer estable durante millones de años. Sin embargo, desde el final del cuaternario, 10.000 años atrás, ha subido decenas de metros. La erosión del suelo inducida por los seres humanos es una característica que procede de los últimos milenios, a causa de que el desmonte de la vegetación nativa y el uso excesivo para pastoreo expone el suelo a los agentes erosivos. Por otra parte, en emplazamientos naturales no perturbados, en especial en los interiores continentales con poco relieve, la erosión es muy lenta exceptuando las zonas semiáridas donde las tormentas pueden producir intensas erosiones torrenciales puntuales. En cordilleras activas, como en las montañas jóvenes, que suelen coincidir con fronteras entre placas que hayan chocado o deslizado recientemente, la intensidad de la erosión puede ser enorme. Entre todos los procesos distintos que actúan sobre la superficie terrestre, la lluvia y los ríos son los agentes de erosión más vigorosos. Por el contrario, aunque la acción de las olas sobre una costa rocosa sea impresionante, el retroceso de las costas es en general muy lento. La erosión eólica (del viento) sólo es activa en zonas donde apenas hay cubierta vegetal (desiertos, zonas áridas). Finalmente, la erosión glaciar puede ser muy importante pero limitada a zonas concretas. Los agentes erosivos, como puede verse, tienen una relación directa con el clima y determinan los tipos principales de paisaje.
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