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Oriente Próximo o Próximo Oriente, región situada en el suroeste de Asia y el noreste de África vagamente definida por su geografía e historia. En su uso más actual, el término Oriente Próximo alude colectivamente a Egipto, Irán, Irak, Israel (incluidos los territorios autónomos palestinos de Gaza y Cisjordania), Jordania, Kuwait, Líbano, Arabia Saudí , Siria, Turquía, Yemen y los estados y emiratos dispuestos a lo largo de los márgenes meridionales y orientales de la península de Arabia, esto es, Bahrein, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. El término Oriente Próximo, cuando se utiliza para designar a una supuesta área cultural, cuya unidad se basa en las leyes y costumbres islámicas, normalmente abarca una región bastante más amplia, que se extiende desde Afganistán y Pakistán en el este, hasta los países del noreste de África fronterizos con Egipto, esto es, Sudán y Libia; Túnez, Argelia y Marruecos integran la región geográfica norteafricana conocida como Magreb (en árabe ‘Oeste’). El término Middle East (Oriente Medio), que en el ámbito europeo se traduce como Oriente Próximo (pues la expresión Oriente Medio hace referencia, en sentido estricto, a los territorios de Irán, Afganistán y Pakistán), fue utilizado por primera vez por el alto mando militar británico durante la II Guerra Mundial. Por su parte, el término Near East (Oriente Próximo) utilizado en América designa la región norteafricana del sur mediterráneo antes citada.
Desde la antigüedad, invasores y mercaderes han atravesado el área en busca de materias primas, bienes manufacturados o poder político. Desde esta área se han difundido ideas, inventos e instituciones que han afectado a pueblos de todo el mundo; por ello recibe el nombre de ‘cuna de la civilización’. Los primeros asentamientos humanos, ciudades, gobiernos, códigos de leyes y alfabetos proceden de Oriente Próximo. Cuatro de las principales religiones del mundo —judaísmo, zoroastrismo, cristianismo e islam— surgieron en esta región.
Los primeros asentamientos estables humanos se organizaron políticamente a medida que los pueblos antiguos aprendían a controlar los cauces de los grandes ríos de Oriente Próximo —Nilo, Tigris, Éufrates e Indo— para desarrollar la agricultura, y transformaron en religiones sus creencias sobre el Universo, las relaciones humanas y el significado de la vida y la muerte. Los primeros estados de Oriente Próximo fueron Egipto y Sumer, que surgieron alrededor del año 3000 a.C. En ambos casos se formaron diferentes estamentos sociales que diferenciaban a reyes, sacerdotes y escribas de una numerosa mano de obra encargada de proteger la tierra de inundaciones y de formar parte de ejércitos ante posibles invasiones. Pero, a pesar de ello, los invasores llegaron. Sumer fue conquistada, primero por los acadios semíticos y los amorreos procedentes del Sur, y más tarde por varios pueblos indoeuropeos del Norte, invasiones que dieron como resultado el nacimiento del Imperio babilonio, en la región situada entre el Tigris y el Éufrates, conocida como Mesopotamia. Los hicsos, un pueblo indoeuropeo, conquistaron Egipto, pero fueron expulsados y el territorio se convirtió en un poderoso imperio. Aproximadamente en el año 1000 a.C. nuevas oleadas de invasores perturbaron la región y dieron lugar al nacimiento de nuevos reinos en Fenicia, Israel y en otras áreas de Oriente Próximo. Los fenicios eran comerciantes marítimos que desarrollaron uno de los primeros alfabetos. Los hebreos fueron el primer pueblo conocido con una religión monoteísta. Los asirios, pueblo belicoso que fue el primero en utilizar utensilios y armas de hierro, lograron grandes conquistas territoriales desde su baluarte en Mesopotamia. En el siglo VI a.C., los persas conquistaron todo Oriente Próximo y establecieron un sistema de gobierno que se convirtió en modelo de todos los imperios posteriores. Persia, cuyo imperio se extendió desde el Indo hasta el Nilo, no pudo conseguir la total homogeneidad de todos sus súbditos. Por ello, les permitió conservar sus creencias y prácticas religiosas, siempre y cuando obedecieran las leyes persas, pagaran sus impuestos al estado persa y enviaran a sus hijos a servir en los ejércitos imperiales. Aunque los distintos territorios del Imperio persa estaban unidos por buenas vías de comunicación y tenían un idioma de uso administrativo común, los pueblos del Imperio gozaban de una amplia autonomía. La religión del Estado era el zoroastrismo, aunque se toleraban otras religiones. En el siglo IV a.C. Persia, debilitada por las rebeliones y los conflictos internos, fue conquistada por Alejandro Magno.
La conquista de Alejandro abrió un periodo en el que Oriente Próximo formó parte del mundo helenístico. La cultura griega se mezcló con las prácticas locales, cuando Alejandro tomó prestadas ideas y costumbres (además de funcionarios y soldados) de Egipto, Mesopotamia y Persia. Alejandría, el puerto de Egipto bautizado así en su honor, se convirtió en un destacado centro cultural y comercial. Mientras el poder macedónico declinaba, en especial después de la muerte de Alejandro, y la división de su Imperio entre sus generales, los romanos conquistaron la mayor parte de Oriente Próximo, con la excepción de Persia, que permaneció independiente bajo dos dinastías: los partos (248 a.C.-226 d.C.) y los sasánidas (226-641 d.C.). El dominio romano aportó a la región leyes comunes y buenas carreteras que facilitaron el comercio con Egipto, Siria y Asia Menor. Varias religiones de Oriente Próximo —el judaísmo, después el cristianismo, y el mitraísmo (culto a Mitra)— compitieron en todo el Imperio romano por ganar adeptos. A principios del siglo IV d.C. prevalecería el cristianismo. Constantino I el Grande, el primer emperador romano cristiano, estrechó los lazos con las regiones orientales del Imperio al trasladar su capital a Bizancio, un puerto del Bósforo. Rebautizada la ciudad con el nombre de Constantinopla, se convirtió en una gran ciudad y fue la capital del Imperio romano de Oriente, o bizantino, durante más de mil años.
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