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Resultados en Windows Live® Arcadia, región en la parte central del Peloponeso, Grecia. En la mitología griega era la residencia de Pan, dios de la naturaleza y patrono de los pastores, y el centro de su culto. En la literatura posterior se convirtió en pretexto de evocaciones poéticas de la vida pastoril. Mientras que el terreno real de la Arcadia es áspero y montañoso, el paisaje idealizado es ameno y fértil, donde vive una comunidad incontaminada de pastores y deidades rústicas. El primero en expresar las cualidades de esta Arcadia imaginaria fue el poeta romano Virgilio en sus Églogas, donde las vidas sencillas de los habitantes de la Arcadia aparecen en estrecha armonía con la naturaleza. Virgilio era consciente del contraste entre el paisaje real y el idealizado de la Arcadia, pero los escritores y artistas del renacimiento que retomaron posteriormente el tema no conocían la Arcadia como lugar real y se convirtió en el motivo de la visión ilusoria de una existencia inocente y sin artificios, situada en un pasado clásico al que no alteraban los conflictos de la vida contemporánea o —a diferencia del bíblico jardín del Edén— las coerciones de la moralidad judeocristiana. En la Europa del siglo XVI, la Arcadia aparecía con frecuencia en la literatura en obras tales como Arcadia (1504), del escritor napolitano Iacopo Sannazzaro, y La Arcadia (versiones escritas en 1581 y 1583-1584), del cortesano, poeta y soldado inglés sir Philip Sidney. Desde el siglo XVII en adelante, la Arcadia se presenta a menudo en la literatura como un marco vagamente clásico para la poesía amatoria. En las pinturas de Nicolas Poussin y Claudio de Lorena, los cuales trabajaban en Italia, los asuntos clásicos suelen pintarse en un paisaje pastoril que debe mucho a las descripciones virgilianas de la Arcadia y su evocación de una edad de oro pastoril. Et in Arcadia Ego (Yo —es decir, la Muerte— también estoy en la Arcadia), de Poussin, muestra a un grupo de pastores que observa con curiosidad un ataúd que lleva esa inscripción, como advertencia de que aun una vida de inocencia natural no escapa a la mortalidad. Es importante la difusión que el motivo virgiliano y también la versión de Sannazzaro tiene en la literatura española: desde las variantes del tópico del locus amoenus o lugar ameno en su dimensión religiosa (Gonzalo de Berceo: 'Iendo en romeria caeçí en un prado), hasta los ejemplos de novela pastoril (la Diana de Jorge de Montemayor), o sus conexiones con el mito de Hesíodo, que retoma Ovidio, de las cuatro edades, especialmente la más perfecta, la edad de oro, cuyo elogio pone Cervantes en boca de don Quijote quien, por otra parte, en la etapa final de sus aventuras, ya cansado, sueña con la Arcadia de los pastores y cree que tal vez sea mejor vida la de pastor que la de caballero. Importante también es el tópico del menosprecio de corte y alabanza de aldea en la obra de fray Antonio de Guevara y el Beatus ille horaciano que reaparece en fray Luis de León en su “Oda a la vida retirada”. En el periodo romántico (véase Romanticismo) la Arcadia, como lugar donde la naturaleza reina soberana, siguió siendo un poderoso motivo simbólico, asociado con el conflicto entre lo natural y lo nutritivo que impregna todos los aspectos del arte y la filosofía. En la moderna imaginación occidental, que no se aparta demasiado de la concepción clasicista de los siglos XVI a XIX, la Arcadia virgiliana se ha reducido a un sueño generalizado de felicidad y tranquilidad rural: como en la época de Virgilio, sin embargo, sigue siendo una fascinante alternativa ideal a la experiencia de la sociedad urbana.
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