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Literatura argentina

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José HernándezJosé Hernández
Esquema
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Introducción

Literatura argentina, recorrido histórico a través de las obras literarias (narrativa, poesía, ensayo) escritas en la República Argentina.

El nombre mismo del país tiene un origen literario, muy anterior a la existencia de la nación y el Estado. En 1602 apareció un poema descriptivo, La Argentina, de Martín del Barco Centenera (1535-1602), que creó el latinismo equivalente a Río de la Plata y cuyo contenido invoca la vida en las Indias meridionales. La palabra es retomada en 1612 en Argentina manuscrita, crónica en prosa de Ruy Díaz de Guzmán.

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Periodo colonial

En el siglo XVII, el barroco rioplatense es pobre si se lo compara con otros del continente (véase Literatura mexicana; Literatura peruana). El primer poeta memorable es Luis José de Tejeda, autor de Coronas líricas y El peregrino en Babilonia, poesía tejedana principal. Domingo de Neyra (1684-1757) nos dejó los primeros esbozos de historia. Otros naturalistas y geógrafos continuaron esa primera tarea historiográfica: Pedro Lozano, José Guevara, Félix de Azara, viajeros jesuitas y, ya en los albores de la independencia, el primer historiador formal del país, Gregorio Funes. La imprenta y el periodismo llegaron con la Ilustración, en el siglo XVIII, cuando con las reformas de Carlos III se fundó el virreinato del Río de la Plata en 1776.

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La independencia

Como en el resto de América, la emancipación fue muy celebrada por la pluma, pero siempre bajo la paradójica dependencia del clasicismo español. Así se observa en los versos de Vicente López y Planes (autor de la Marcha patriótica, himno nacional argentino), Esteban de Luca, fray Cayetano Rodríguez y Juan Cruz Varela (1794-1839), figura mayor de la tendencia y autor de una rica obra, con títulos como La Elvira o su célebre poema Al 25 de mayo de 1838. El teatro, iniciado en 1717 con una Loa de Antonio Fuentes del Arco, consiguió en 1817 abrir una Sociedad del Buen Gusto destinada a combatir las ‘malas costumbres’ del barroco e imponer el racionalismo (véase Leandro Fernández de Moratín). En los escritos y traducciones de José Antonio Miralla (1789-1825) se advierte una evolución hacia el romanticismo. En el plano de las ideas, la escolástica dio paso a los planteamientos de la fisiocracia que introdujo el militar y político independentista Manuel Belgrano y a las ideas de Jean-Jacques Rousseau, traducido por el político Mariano Moreno. Véase también Literatura independentista y patriótica.

En rigor, puede afirmarse que no hay una auténtica literatura argentina hasta la generación del 37. La huella romántica, iniciada por Esteban Echeverría, se prolongó en las obras de poetas como Olegario Víctor Andrade, Almafuerte y Claudio Mamerto Cuenca, y el neoclasicismo hasta Carlos Guido y Spano. Paralelamente a esa generación, se desarrolla la literatura y poesía gauchesca, en la que la figura del gaucho se va introduciendo en el mundo de las letras cultas rioplatenses, y cuya figura principal será José Hernández y su gran poema El gaucho Martín Fierro. Otros de sus representantes son: Bartolomé Hidalgo, Rafael Obligado, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo.

José Mármol, en tanto, es considerado el primer novelista de relevancia de Argentina, a partir de la publicación, en 1855, de la novela política Amalia.

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Fin de siglo y modernismo

La organización nacional que empezó con la Constitución de 1853 y culminó en 1880 con la federalización de la ciudad de Buenos Aires, trajo consigo un largo periodo de modernización, desarrollo, poblamiento y riqueza. Los escritores de la llamada generación del 80 practican una literatura cosmopolita, de crónica elegante y amable, a medias entre la historia y la narrativa, inclinándose por la prosa; destacan: Lucio Vicente López, Miguel Cané, Eduardo Wilde y Lucio V. Mansilla. Es muy importante la tarea de orientación intelectual que cumplió el francés Paul Groussac. En la novela, Eugenio Cambacérès introdujo el naturalismo, inspirado en las ideas del escritor francés Émile Zola, en la filosofía del positivismo y la teoría de la evolución. La narrativa realista se afianzó en la obra de Carlos María Ocantos, Francisco Sicardi, Paul Groussac, Julián Martel y, más tarde, con Roberto J. Payró, Benito Lynch y Manuel Gálvez.

En 1893 se instaló en Buenos Aires Rubén Darío, fundador del modernismo, el cual halló en la Argentina a su principal seguidor, Leopoldo Lugones. En torno a ellos se reunieron modernistas de diverso origen, como Ricardo Jaimes Freyre, Eugenio Díaz Romero, Leopoldo Díaz y Luis Berisso. La prosa modernista se manifestó en las novelas de Enrique Larreta, Ángel de Estrada y los comienzos del uruguayo Horacio Quiroga, afincado en Argentina, en caso similar al de su paisano Florencio Sánchez, primer nombre relevante del teatro nacional.

Las ideas filosóficas fueron dejando atrás el positivismo y asumiendo el espiritualismo, el idealismo y el vitalismo en los trabajos y enseñanzas de Alejandro Korn y Coriolano Alberini.

Tras la eclosión modernista, la poesía se desprendió de su gusto por lo decorativo y fastuoso, y recuperó un cierto romanticismo intimista en autores como Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Rafael Alberto Arrieta, Baldomero Fernández Moreno y Pedro Miguel Obligado, contemporáneos de la peculiar figura de Alfonsina Storni.

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