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    Para otros usos de este término véase Noble (desambiguación). La Nobleza era una de los tres estamentos medievales y del Antiguo Régimen, junto con el clero y el tercer estado.

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Nobleza española

Artículo de la enciclopedia
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Castillo de Manzanares el Real, EspañaCastillo de Manzanares el Real, España
Esquema
1

Introducción

Nobleza española, grupo o clase social privilegiada, identificada originariamente por la realización de una función específica de índole militar, cuya actividad ha sido de indudable importancia en la historia de España, especialmente durante las edades media y moderna.

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Edad media

La nobleza era uno de los tres estamentos en que se articulaba la sociedad de la edad media. 'Defensores son uno de los tres estados por que Dios quiso que se mantuviese el mundo', decía el corpus jurídico castellano medieval denominado Código de las Siete Partidas. Los dedicados a esa tarea debían de ser, según el citado texto, 'mucho escogidos', 'porque en defender yazen tres cosas: esfuerzo, honra e poderio'. Los nobles eran los guerreros, quienes en los choques armados combatían a caballo, lo que explica que con frecuencia se identifiquen los términos nobleza y caballería.

La nobleza estaba sumamente estratificada, pudiendo hablarse, en el transcurso de la edad media, de una alta y de una baja nobleza. Entre ambas existían elementos homogeneizadores, pero también diferencias importantes. Los elementos básicos de la alta nobleza medieval eran el abolengo, el patrimonio y la privanza. La condición nobiliaria estaba basada en la sangre, es decir en la pertenencia a una familia que desde antiguo ostentaba la condición privilegiada.

Con el tiempo se fortaleció la idea del linaje, de la solidaridad agnaticia (la establecida por descendencia sanguínea masculina). Al mismo tiempo resultaba imprescindible para pertenecer a la alta nobleza la posesión de una sólida base económica, o lo que es lo mismo, de un rico patrimonio, que consistía habitualmente en tierras. La alta nobleza, por otra parte, ocupaba cargos de confianza en la corte, ya fuera en la administración central o en el gobierno del territorio. Asimismo procuraba estar cerca de la monarquía, fuente, en última instancia, de ennoblecimiento. Los privilegios de que gozaba la nobleza, tanto la alta como la baja, eran numerosos: estaba exenta del pago de tributos; sus personas gozaban de honra; su testimonio tenía mayor valor probatorio que el de los no nobles; sólo podían ser juzgados por el rey y su curia; en caso de recibir daños percibían indemnizaciones mayores que los no nobles; y no podían ser sometidos a tormento ni a penas infamantes.

La nobleza tenía un estilo de vida singular, en el que las virtudes bélicas desempeñaban un papel capital. A los jóvenes ya se les preparaba para la guerra, lo que explica la importancia de su participación en actividades que exigían esfuerzo físico, como la caza o los torneos. Cuando los nobles llegaban a los 18 o los 19 años se celebraba la ceremonia por medio de la cual eran armados caballeros, lo que daba paso a la “edad viril”. El acto de la investidura de armas tenía un ritual muy complicado, que iba desde la vela de las armas hasta el espaldarazo final. Con ese acto se entraba en el orden de caballería, ámbito reservado a la nobleza de sangre. El lugar favorito de residencia de los nobles era el castillo, el cual, con el tiempo, fue perdiendo su significado puramente militar para convertirse más en una residencia palaciega. La nobleza utilizaba telas lujosas y joyas, vedadas a los pecheros (plebeyos), y se diferenciaba del común por su lenguaje, sus gustos culinarios o sus costumbres familiares. A los nobles se les suponía adornados de virtudes tales como el espíritu de servicio, la lealtad, el valor y el coraje. En el caso de atribuírseles vicios, éstos eran el orgullo y la soberbia. Los conflictos entre miembros de la nobleza tenían que solventarse mediante un desafío.

En el reino visigodo, establecido en la península Ibérica a lo largo del siglo VI y finalizado en el 711, la nobleza procedía de la fusión de la vieja aristocracia senatorial hispanorromana con las grandes familias godas. Los nobles hispanovisigodos ostentaban grandes propiedades territoriales y ocupaban cargos importantes en la corte. En la alta edad media se distinguen claramente dos grupos dentro de la nobleza primitiva, los magnates y los infanzones. Los magnates constituían la alta nobleza, colaboraban en las tareas de gobierno y eran dueños de amplios dominios territoriales. Los infanzones eran la baja nobleza, especializada en la actividad militar.

En la zona de Castilla surgieron los caballeros villanos, gentes de extracción popular que podían adquirir un caballo para guerrear. En el territorio de la Marca Hispánica, por su vinculación al Imperio Carolingio, se introdujo tempranamente la articulación vasallática, estableciéndose una jerarquía típicamente feudal, con condes y vizcondes. Desde el siglo XIII, tanto en los reinos de Castilla y León como en el de Navarra se utilizó el término ricos hombres para referirse a la alta nobleza. En cuanto a la pequeña nobleza se generaliza la voz hidalgo, aunque también se hablaba de caballeros. Dentro de este grupo, no obstante, había que diferenciar a los caballeros de linaje de los villanos o populares. En la baja edad media se produjo en la Corona de Castilla una notable transformación nobiliaria. Desaparecieron diversos linajes de la nobleza vieja, al tiempo que ascendió a la ricahombría una nobleza nueva, ligada desde 1369 al establecimiento en el trono castellano de la Casa de Trastámara. En esa época se puso de moda la concesión de títulos (conde, duque u otros). Por lo demás, el triunfo de la institución del mayorazgo hizo posible que los patrimonios de la nobleza se transmitieran indivisos a los descendientes. Paralelamente se imponía en los núcleos urbanos una baja nobleza integrada por caballeros, al tiempo que en el medio rural predominaban los hidalgos.

Las principales casas y familias nobiliarias españolas se instituyeron durante la edad media y, de entre ellas, cabe destacar a las de Enríquez, Velasco, Alba, Alburquerque, Gandía, Medinaceli, Medinasidonia, Osuna o la del Infantado, aunque todas ellas vieron incrementadas sus tierras y su prestigio a lo largo de la edad moderna.

En la Corona de Aragón se denominaba barones a los miembros de los grandes linajes de la nobleza. Su poder creció notablemente durante la baja edad media, logrando arrancar importantes privilegios de los monarcas. La pequeña nobleza de aquellos territorios recibió, según las épocas, denominaciones diversas, así en Cataluña cavallers u hombres de paratge.

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Edad moderna

En tiempos del emperador Carlos V (Carlos I de España), quien gobernó los territorios españoles entre 1516 y 1556, se creó la jerarquía superior de los grandes de España, la mayor parte de los cuales tenían el título de duques. Ellos y los títulos (marqueses, condes, en la Corona de Aragón vizcondes), constituían la alta nobleza, poseedora de abundantes señoríos, tierras y rentas, mientras los caballeros e hijosdalgos (hidalgos) conformaban la baja. Tras conseguir muchos privilegios de los monarcas, el mayorazgo, que ya se había generalizado durante el gobierno de los Reyes Católicos (1474-1516), fue el método hereditario que aseguraba la permanencia de propiedades y títulos en una cabeza nobiliaria. Desde comienzos de la edad moderna se aceleró el proceso de cortesanización de la alta nobleza, que pasó a formar parte de la corte y en la cercanía y el servicio del rey encontró una fuente de honores, cargos y rentas.

La jerarquización entre la alta nobleza (grupo reducido a un número escaso de familias, mayoritariamente castellanas) y el resto del escalafón nobiliario se fue acentuando al tiempo que en Castilla crecía desmesuradamente la nobleza inferior, debido a la prestación de servicios a la Corona y al otorgamiento de numerosas cartas de hidalguía. Durante la edad moderna, Castilla sólo era superada en densidad nobiliar por Polonia. Salvo excepciones (como los condes de Benavente, radicados en la provincia de Zamora, o los condestables y almirantes de Castilla, pertenecientes a las familias castellanas de Velasco y de Enríquez, respectivamente), los estados (la riqueza territorial) de las casas mas notables se concentraban en el sur de la península Ibérica. Las proporciones de la alta nobleza aumentaron durante el siglo XVII, el gran siglo nobiliar. También la Casa de Borbón, establecida en el trono español en 1700, concedió a partir de entonces nuevos títulos y grandezas.

Pese a la riqueza estamental de la alta nobleza, muchas familias se endeudaron fuertemente, sobre todo en el curso de la crisis de finales del siglo XVI y del siglo XVII. La imprescindible conservación de la categoría y posición sociales conllevaba dispendiosos desembolsos. La vinculación a la monarquía fue frecuentemente su tabla de salvación. La herencia femenina a falta de varón, y la endogamia habitual entre la alta nobleza originaron, a lo largo de la edad moderna, un proceso de concentración de títulos en determinadas casas nobiliarias.

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Edad contemporánea

La crisis del Antiguo Régimen significó para la nobleza el fin formal de su carácter como grupo social privilegiado. Las medidas legislativas que se promulgaron en las etapas de gobierno liberal provocaron la desaparición de las diferencias estamentales, acabaron con la jurisdicción señorial, abolieron los mayorazgos y pusieron fin al régimen señorial. A pesar de ello, la alta nobleza conservó, y en ocasiones incrementó, sus patrimonios, aprovechando las desamortizaciones, y mantuvo su participación en la vida política. Asimismo, continuó teniendo un elevado prestigio social. Al lado de las viejas casas, surgieron nuevos nobles cuyos títulos reflejaban el carácter estrictamente honorífico y la clara dependencia del servicio real de la nobleza contemporánea.

Durante el reinado de Isabel II (1833-1868), pero sobre todo en la etapa de la Restauración (1874-1930), se produjo un incremento numérico de la nobleza, ya que la monarquía premió con títulos a los militares que participaron con éxito en las Guerras Carlistas y, sobre todo, a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX, a los representantes de la burguesía financiera, industriales y grandes comerciantes. Este proceso de ennoblecimiento burgués refleja el valor social que todavía representaba un título nobiliario. Más de la mitad de la nobleza existente a comienzos del siglo XX se había creado en el siglo anterior.

En la actualidad, tras la restauración de la monarquía en la persona del rey Juan Carlos I en 1975 y la aprobación de la Constitución de 1978, el hecho de que no se haya restablecido la corte ha consolidado el carácter honorífico y escasamente representativo de los títulos de nobleza; sin embargo, perviven aún los descendientes de algunos de los grandes títulos creados en la baja edad media, varios de los cuales poseen importantes patrimonios.

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