Resultados en Windows Live®

Mira los resultados de la búsqueda en
Resultados en Windows Live®

Revolución Cultural proletaria

Artículo de la enciclopedia
Multimedia
Revolución CulturalRevolución Cultural
Esquema
1

Introducción

Revolución Cultural proletaria, proceso convulso de transformación social que tuvo lugar en China, desde 1966 hasta 1976 —si bien, su auge no duró hasta más allá de 1969—, y constituyó el mayor movimiento de masas tras la llegada al poder del régimen comunista. Mao Zedong, el máximo dirigente chino, fue su principal impulsor y quien la dio inicio cuando, en 1966, indicó que debía afectar a los denominados ‘cuatro viejos’: las viejas costumbres, los viejos hábitos, la vieja cultura y los viejos modos de pensar.

2

Orígenes de la Revolución Cultural

Tras el fracaso del Gran Salto adelante, Mao tuvo que contemplar cómo Liu Shaoqi y Deng Xiaoping habían tomado el control de la actividad política, mejorando la situación económica. En su opinión, estos dos personajes se habían corrompido en el poder y, peor aún, estaban influidos por el revisionismo soviético. Mao creía que el principal obstáculo para la consecución del socialismo era la pérdida del espíritu revolucionario en China, especialmente entre los cuadros del Partido Comunista. Cifró sus esperanzas en las generaciones más jóvenes y quiso proporcionarles la experiencia de una auténtica lucha revolucionaria.

3

Los guardias rojos y el auge revolucionario

Mao, además, deseó recuperar su liderazgo, a lo que le animaba su tercera esposa, Jiang Qing. El movimiento se inició en Shanghai y desde allí se extendió a Pekín. El primer represaliado fue Luo Ruiqing, jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación, víctima de una intriga llevada a cabo por Lin Biao, ministro de Guerra (Defensa), y que permitió a Mao asegurarse la lealtad del Ejército.

En un primer momento, Liu Shaoqi intentó detener la amenaza organizando su propia revolución cultural, pero Jiang Qing mantuvo la presión. En agosto de 1966, Mao publicó su artículo Bombardead el Cuartel General, que fue publicado en los carteles revolucionarios (dazibaos), se convirtió en uno de los eslóganes favoritos en las manifestaciones estudiantiles y presidió en ese mismo mes las primeras manifestaciones masivas de los guardias rojos en la plaza de Tiananmen (Pekín). Los veteranos cuadros del partido, perplejos por estas críticas, no repudiaron a Mao, dado que su propia legitimación y la del régimen dependían de él.

En octubre de 1966, apareció el Libro rojo, en el que se exponía el pensamiento de Mao y el cual acabaría por convertirse en una especie de manual sagrado de la doctrina que se dio en llamar maoísmo. La educación en escuelas y colegios fue suspendida cuando los guardias rojos arremetieron contra la autoridad de maestros, educadores y, en ocasiones, de los propios padres. En una sociedad que veneraba la sabiduría y el respeto a los mayores, se exaltaba ahora a la juventud, al trabajo físico y a los conocimientos prácticos del campesinado; la autocrítica desorientó y paralizó al partido y al gobierno, por lo que la organización del Partido Comunista Chino prácticamente se desintegró. Se crearon comités revolucionarios para gestionar los asuntos locales y los guardias rojos controlaron la situación: se llevaron a cabo registros arbitrarios en las casas en busca de pruebas incriminatorias, fueron numerosas las acusaciones falsas que provocaron confesiones que inculpaban a otras personas, a lo que seguía la humillación en público, lo cual provocó el suicidio de miles de personas. Numerosos intelectuales fueron obligados a dejar sus actividades y a trabajar en las más duras labores del campo, debiendo poner sus conocimientos al servicio de los campesinos. Millones de guardias rojos comenzaron a ocupar trenes para viajar por todo el país con el fin de difundir las experiencias revolucionarias.

En enero de 1967, el movimiento estalló en otras áreas urbanas, y en febrero se estableció en Shanghai, en contra del consejo de Mao, una comuna que duró poco tiempo. Varios grupos sociales, antes marginados, sacaron provecho de la situación para vengarse de la anterior elite. Los trabajadores contratados, que se habían visto discriminados de los beneficios sociales que disfrutaban los funcionarios del Estado, exigieron ahora un trato igual y arremetieron contra los miembros del partido que habían ideado tal sistema, algunos de los cuales sufrieron grotescas torturas. Los hijos de quienes habían sido considerados antiguos enemigos del régimen y habían sufrido una permanente discriminación, ahora tenían su reverso en los hijos de los dirigentes del partido, acusados de revisionistas capitalistas.

Los opositores a Mao intentaron tomar la iniciativa formando sus propios grupos de guardias rojos, y se produjeron frecuentes enfrentamientos callejeros. El Ejército Popular fue requerido para que apoyara a los radicales, pero los jefes militares tenían dificultades para diferenciar unas facciones de otras, ya que todas se consideraban maoístas e, incluso, en algunas ocasiones intervinieron en contra de los radicales. En julio de 1967, se produjo la insubordinación del comandante en jefe de la ciudad de Wuhan, resuelto únicamente gracias a la intervención personal del jefe de gobierno Zhou Enlai.

El caos aumentó en 1968. Durante la primavera, miles de personas murieron en enfrentamientos en las provincias de Guangdong y Guangxi, donde varios grupos fabricaron sus propias armas o robaron otras (incluso piezas de artillería) al Ejército. A pesar de las numerosas bajas y aunque Liu Shaoqi había sido detenido y torturado, el régimen no adoptó la política sistemática de ejecuciones en masa que había practicado Iósiv Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Los máximos dirigentes del partido fueron forzados a acudir a las llamadas escuelas de mandos Siete de Mayo para que, corrigiendo su actitud, pudieran lograr su rehabilitación; el propio Deng Xiaoping no fue rehabilitado hasta 1973.

Las zonas rurales se libraron en gran medida de las pérdidas causadas por los combates. La cultura, pese a ser el principal objetivo de los revolucionarios, quedó gravemente dañada. Se destrozaron numerosos monumentos antiguos. Las óperas tradicionales fueron prohibidas y sólo cuatro óperas revolucionarias, aprobadas por Jiang Qing, pudieron ser representadas.

Las minorías étnicas sufrieron una discriminación particular. Aunque en principio no estaban dirigidos contra ellas, los objetivos de la Revolución Cultural terminaron por originar ataques sobre sus culturas y sus identidades, normalmente a cargo de los guardias rojos. La mayor parte del patrimonio histórico nacional resultó dañado o destruido y las costumbres y prácticas religiosas fueron igualmente vulneradas.

En 1969, Mao reconocía que las cosas habían ido demasiado lejos. Cuando, en marzo de ese año, estalló en el norte un conflicto fronterizo con la URSS, durante el pleno desarrollo de la guerra de Vietnam en el sur, la República Popular China se sintió amenazada por la existencia de conflictos en dos frentes con las dos grandes superpotencias. Además, su llamada a los revolucionarios de otros países para que siguieran su ejemplo apenas tuvo eco. China no pudo afrontar el caos interno y su aislamiento internacional.

4

El final de la Revolución Cultural

En abril de 1969, el Partido Comunista Chino celebró su IX Congreso, en el que resultó evidente el control del Ejército y fue elegido Lin Biao como sucesor de Mao. El partido y el Ejército comenzaron a restablecer el orden; para ello, millones de guardias rojos fueron inducidos a reasentarse en zonas apartadas e inhóspitas del país a fin de “profundizar en la revolución”; hasta la década de 1980 no pudieron regresar.

Aunque el apogeo revolucionario se extinguió en 1969, no se declaró oficialmente su fin hasta después de la muerte de Mao y la detención de la denominada Banda de los Cuatro (formada por su tercera esposa, Jiang Qing, y por Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen), en 1976. Los altos dirigentes que habían sufrido la Revolución llegaron a la convicción de que algo así no debería ocurrir nunca más. El descrédito del maoísmo animó a líderes como Deng Xiaoping a buscar alternativas. Esta convicción se convirtió en una importante condición previa para las reformas económicas de finales de la década de 1970.

Desde 1978, la Revolución Cultural ha inspirado un torrente de obras literarias y cinematográficas que evocan experiencias personales que no pudieron manifestarse fielmente en su momento, y restablecen un sentido de comunidad tras una época en la que todo el mundo ocultó sus verdaderos sentimientos y actitudes, incluso en sus propias familias.

Buscar en esta página
Ver página para imprimir
Enviar




© 2008 Microsoft