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Guerras de Religión francesas

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Carlos IXCarlos IX
Esquema
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Introducción

Guerras de Religión francesas, enfrentamientos políticos y sociales que tuvieron lugar en Francia, desde 1559 hasta 1598, provocados por la debilidad de la dinastía Valois ante el conflicto religioso y la rivalidad aristocrática, durante los cuales tuvo lugar el acceso de la Casa de Borbón al trono francés.

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El origen del conflicto

A pesar de la constante persecución, el calvinismo tuvo un fuerte impacto en las ciudades, las universidades y la nobleza de la Francia de principios del siglo XVI. La evangelización protestante era coordinada por un grupo de predicadores procedentes de Ginebra, enviados por Juan Calvino, que fue quien organizó clandestinamente el primer sínodo nacional de iglesias reformadas en mayo de 1559. Ante la celebración de dicho sínodo, el rey Enrique II prohibió el protestantismo, pero su repentina muerte (en junio de ese año) fue interpretada por los reformadores como una señal del favor divino, y el número de conversiones se multiplicó. El trono pasó al hijo de 15 años de Enrique, Francisco II, que estaba manipulado por la católica familia de Guisa, especialmente por Francisco de Guisa y el cardenal de Lorena, quienes decidieron continuar con la campaña de persecución iniciada por Enrique II, pero no pudieron evitar una intriga para secuestrar al Rey, la denominada conjuración de Amboise, preparada por la nobleza en marzo de 1560, que acabó en fracaso. A partir de entonces, los nobles protestantes, responsables de la misma, fueron llamados hugonotes.

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Los primeros enfrentamientos

Francisco II murió en diciembre de 1560 y le sucedió su hermano menor Carlos IX, que estaba dominado por su madre, Catalina de Medici. Durante la regencia de ésta, desplazó del poder a la familia Guisa y se apoyó en Antonio de Borbón, rey de Navarra, favoreciendo a los hugonotes, a quienes en enero de 1562, por el Edicto de Saint-Germain-en-Laye, les permitía celebrar reuniones privadas en el interior de las ciudades; después de que los Guisa asesinaran a toda una congregación hugonote en el mes de marzo, los protestantes tomaron varias ciudades e hicieron un llamamiento a la revuelta, dirigida por Luis I de Borbón, primer príncipe de Condé (que ya había encabezado la abortada conjuración de Amboise). Este primer enfrentamiento acabó con la derrota protestante, aunque murieron algunas de las figuras más destacadas del bando católico. Catalina de Medici promulgó el Edicto de Amboise (1563), cuyas disposiciones fueron menos benevolentes para los protestantes, al limitarles el culto público.

Durante los siguientes cuatro años, Catalina de Medici trató de mantener la inestable situación de paz existente entre ambas facciones, tanto en las ciudades como en la corte, pero dicha situación llegó a su fin en el otoño de 1567, cuando los hugonotes, enardecidos por la revuelta en los Países Bajos (la denominada guerra de los Países Bajos) y temerosos ante una posible traición, volvieron a incitar una rebelión contra Catalina, que fue avisada a tiempo y terminó por enemistarse definitivamente con los protestantes. Esta segunda guerra concluyó con el Tratado de Longjumean (también llamado Tratado o Edicto de Amboise, de marzo de 1568), que confirmaba lo acordado cinco años antes. Pero ambas partes siguieron levantadas en armas durante el verano, y el intento de Catalina de detener a sus líderes en el mes de agosto provocó un conflicto que continuó hasta agosto de 1570, cuando el Tratado de Saint-Germain-en-Laye permitió a los hugonotes ratificar los términos de Amboise, así como el derecho de guarnecer cuatro fortificaciones, lo que ponía en entredicho la autoridad real sobre todo el territorio francés.

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El conflicto desde 1571 hasta 1577

Carlos IX tomó la iniciativa en 1571. Con la esperanza de remediar los enfrentamientos en la corte, propició el matrimonio de su hermana Margarita de Valois con su pariente hugonote Enrique de Navarra, e intentó desviar las tensiones internas hacia los Países Bajos, donde esperaba que el apoyo a Guillermo de Orange-Nassau (que estaba preparando una rebelión contra las tropas españolas del duque de Alba) facilitara la unión de católicos y protestantes. Dicho plan fue obstaculizado por los Guisa y por Catalina de Medici, pero el líder hugonote Gaspard de Coligny preparó su propia actuación en los Países Bajos en el verano de 1572, que sólo pudo ser frenada por un intento de asesinato (22 de agosto). Carlos IX, apoyado por su madre y por los católicos, y asustado por los rumores de una conspiración protestante, ordenó la matanza de los líderes hugonotes que habían llegado a París para presenciar la boda de su hermana con Enrique de Navarra. Coligny fue asesinado, y el baño de sangre no tardó en extenderse por París y por otras ciudades, causando la muerte de miles de personas y muchas más conversiones forzosas al catolicismo, entre ellas las de Enrique de Navarra y el hijo de Condé. Este suceso, que tuvo lugar el 24 de agosto de 1572, pasó a ser conocido como la Noche de San Bartolomé.

La matanza provocó otra guerra, durante la cual las ciudades hugonotes de Languedoc formaron una federación independiente, que tomó el control de la provincia. Tras fracasar en el sitio de la ciudad protestante de La Rochela, se alcanzó el acuerdo de Boulogne (1573), ampliando la libertad de culto en algunas villas. Muchos católicos moderados (politiques) también fueron perseguidos durante la matanza, y en la primavera de 1574 se descubrió una intriga politique que pretendía secuestrar al Rey y a su madre. Carlos murió en mayo de 1574, pero su hermano Enrique III prosiguió la guerra contra los hugonotes, los cuales recibieron el apoyo de varios nobles politiques e incluso de protestantes alemanes. El Edicto de Beaulieu, otorgado por el Rey en mayo de 1576, puso de manifiesto la fuerza de los rebeldes, ya que los hugonotes consiguieron libertad de culto en todas las ciudades, salvo París, así como el derecho de guarnición de ocho fortalezas. Los extremistas católicos, que, encabezados por la familia Guisa, rechazaban los acuerdos de Beaulieu, formaron la denominada Liga Santa, que contó con el apoyo de Enrique III. La sexta guerra de religión obligó a los hugonotes, tras el Tratado de Bergerac (septiembre de 1577), a aceptar una vuelta a los términos de 1570.

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