Resultados en Windows Live®

Mira los resultados de la búsqueda en
Resultados en Windows Live®
Página 2 de 2

Guerras de Religión francesas

Artículo de la enciclopedia
Multimedia
Carlos IXCarlos IX
Esquema
5

El reinado de Enrique IV

La autoridad real se desintegró en unos pocos años, debido a que un gran número de nobles y de facciones religiosas trataron de favorecer sus propios intereses, al mismo tiempo que los campesinos demostraron su descontento mediante una serie de levantamientos. Los problemas llegaron a su punto culminante en junio de 1584, cuando Enrique III reconoció como legítimo heredero a Enrique de Navarra, que había abjurado de su obligada conversión al catolicismo tras la matanza de la Noche de San Bartolomé. Los Guisa volvieron a formar la Liga Santa y se aseguraron el apoyo de España y del Papado, con el fin de conseguir la exclusión de Enrique de Navarra de la sucesión. Enrique III se unió a la Liga Santa en julio de 1585, pero sus miembros desconfiaban de él, ya que la única forma de que pudiera mantener algún tipo de independencia era evitando que cualquiera de las dos partes lograra una victoria rotunda. Trató de enfrentarse a los miembros de la Liga Santa, en París, en mayo de 1588, pero el pueblo expulsó a sus tropas suizas y se puso de parte de la Liga, actitud que imitaron otras ciudades. La humillación real provocó que el monarca nombrara a Enrique I de Guisa lugarteniente general de los ejércitos reales y garantizara que su sucesor no sería un hereje. La ruptura con los católicos fue definitiva cuando el Rey ordenó el asesinato de Enrique I de Guisa, máximo dirigente de la Liga Santa, en diciembre de 1588. Esta acción provocó el levantamiento de las principales ciudades contra el Rey, que se vio obligado a firmar una alianza con los hugonotes. Cuando el rey Enrique III fue asesinado por un fraile miembro de la Liga Santa, en agosto de 1589, Enrique de Navarra accedió al trono con el nombre de Enrique IV. El nombramiento de un hugonote hizo que algunos de los politiques abandonaran el ejército de los hugonotes, y que los miembros de la Liga Santa recibieran apoyo de las tropas españolas desde los Países Bajos; pero la posición de la Liga se vio debilitada por su incapacidad para elegir un candidato católico para el trono. La cuestión iba a ser resuelta en la asamblea general de la Liga de 1593, pero las rivalidades internas y la definitiva conversión del rey Enrique IV al catolicismo en el mes de mayo impidieron solucionar el problema. Aunque muchos dudaron de la sinceridad de la conversión de Enrique IV, el país estaba cansado de padecer guerras y rebeliones campesinas, y durante los dos años siguientes las ciudades y los nobles defensores de la Liga se rindieron o juraron lealtad a la monarquía. En marzo de 1594, Enrique IV entró en París, pero aún hubo de aguardar cuatro años para hacer efectivo su control en el territorio. Primero reprimió un importante levantamiento campesino en el suroeste y después se enfrentó a los españoles en Bretaña y a lo largo de la frontera noreste, consolidando el final del conflicto mantenido contra aquéllos, en mayo de 1598, mediante la firma de la Paz de Vervins, que ponía fin a la intervención española en las guerras de Religión francesas.

6

El Edicto de Nantes

El principal beneficiario del caos de finales del siglo XVI fue la monarquía, a la que recurrieron todas las partes para escapar de la anarquía social. Esto permitió a Enrique IV crear las bases de un absolutismo real que perduró hasta la Revolución Francesa, iniciada en 1789. El único grupo que no siguió este camino fue el de los hugonotes, a quienes se concedió libertad de culto y la defensa de un gran número de ciudades fortificadas situadas al sur y al oeste de Francia, de acuerdo con los términos del Edicto de Nantes, de abril de 1598, que ponía fin a las guerras de Religión. Suponía una solución honrosa para los hugonotes, que veían, sin embargo, perdida la posibilidad de situar a Francia del lado de la Reforma protestante. Su aparente fuerza disfrazaba la realidad: se trataba de un movimiento confinado a una minoría aislada, cuyos privilegios políticos fueron finalmente abolidos en 1629 por el hijo de Enrique IV, Luis XIII, y que, en 1685, veía como el Edicto de Nantes era definitivamente revocado por el hijo de éste, Luis XIV.

Atrás
|
Siguiente
Buscar en esta página
Ver página para imprimir
Enviar




© 2008 Microsoft