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Introducción; La vida de los pastores nómadas; Los nómadas cazadores-recolectores; Los viajeros nómadas; Situación actual de los nómadas
Nómadas, grupos de personas cuyo modo de vida implica desplazamientos frecuentes de un lugar a otro. Por lo general, los nómadas viven en tiendas, refugios cubiertos de hierba u otro tipo de habitáculos temporales o móviles. El término ‘nomadismo’ se utiliza para referirse a este tipo de vida ambulante o errante. Desde la antigüedad, el contraste entre el modo de vida nómada y el sedentario ha sido un tema habitual de debate. Ya en las primeras páginas de la Biblia se menciona a los labradores que trabajan la tierra y “los que habitan en tiendas y pastorean ganado” (Gén. 4,20). Los nómadas más conocidos son los pastores de los países de Oriente Próximo, grupos que se han trasladado, e incluso hoy día, con sus camellos, reses, ovejas y cabras buscando pastos para el ganado con cada cambio de estación.
Los pastores nómadas suelen vivir en zonas áridas del mundo en las que la falta de agua y las condiciones del suelo hacen que la utilización de la tierra para la agricultura sea muy restringida; pero también pueden encontrarse en algunos lugares con abundancia de agua en los que ostentan suficiente poder político para impedir la agricultura sedentaria o en los que han llegado a un acuerdo para coexistir con vecinos dedicados a la agricultura. Existen amplias poblaciones de pastores nómadas en el norte de África, en las zonas áridas del oeste africano y, particularmente, en países del este de África, como Sudán, Etiopía, Somalia, Kenia y Tanzania. Desde los países de Oriente Próximo, a través de Irán, Pakistán y el norte de la India, hasta China y Mongolia, el pastoreo nómada sigue siendo un importante modo de subsistencia. En muchas de las zonas áridas y de tundra de los países de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el pastoreo nómada (incluido el de los rebaños de renos) era un sistema de vida muy extendido, pero los programas soviéticos de colectivización y sedentarización lo han restringido en gran medida. El pastoreo nómada se distingue de la trashumancia, movimiento más limitado que consiste en la migración regular de rebaños y pastores desde los prados situados en zonas protegidas de las tierras bajas, que se utilizan en invierno, hasta los prados que se utilizan en verano, que suelen estar en las montañas. La trashumancia era un sistema muy extendido en los Alpes y en otras zonas montañosas de Europa, y estaba asociado a la idea de una vivienda fija para el invierno y otra para el verano. Los pastores nómadas se hallan integrados en mayor o menor grado en economías regionales con un amplio abanico de actividades económicas. Los pastores venden o cambian sus productos por grano, ropa, utensilios y otros bienes de trueque. Sin embargo, sus economías no están dirigidas a la obtención de un máximo de producción para su venta en el mercado. Normalmente las prioridades de los pastores nómadas están definidas por el propio hecho del nomadismo, y éstas se centran en utilizar a los animales no como productos para un mercado a corto plazo, sino para proveerse de leche a largo plazo; en incrementar y dispersar sus rebaños para minimizar el riesgo de pérdidas; en mantener relaciones a largo plazo con miembros de su comunidad, y en lograr el poder y prestigio que, en esas sociedades, depende sobre todo de la capacidad de manejar los rebaños con destreza según sus propios valores y su cultura. El nomadismo constituye para los pastores una estrategia tanto económica como política. Los nómadas utilizan sus desplazamientos para mantener la autonomía familiar y para evitar la dominación por parte de otros miembros de su propia comunidad o de extraños, incluidas las autoridades estatales. Normalmente, los pastores nómadas cuentan con una organización propia, una estructura guerrera y con armas para defender sus rebaños y prados de los ladrones, o para aumentarlos a costa de otros. La organización guerrera, que constituye una necesidad para los pastores nómadas, puede utilizarse con otros fines; la historia demuestra que los pastores han conquistado poblaciones sedentarias estableciendo en ellas dinastías y elites gobernantes. Los conquistadores mongoles en China, Asia Central y Rusia nos proporcionan uno de los ejemplos más conocidos, pero ha habido muchos otros, como las antiguas dinastías de gobernantes de Irán y de algunas zonas de Uganda, Ruanda y Burundi. En épocas recientes, el incremento de la sedentarización forzosa en múltiples zonas del mundo (aunque los gobiernos aleguen razones de tipo sanitario, educativo y de otra índole) se debe, en realidad, al deseo de controlar desde el gobierno a los nómadas para que dejen de representar una amenaza política y puedan estar sujetos a la estructura administrativa y fiscal de sus respectivos países. Los pastores nómadas suelen tener fama de practicar la igualdad, aunque el igualitarismo que se da entre ellos es tan restringido que el término no parece muy apropiado. Normalmente el concepto de igualdad está limitado a los hombres que son cabeza de familia e, incluso entre ellos, existen diferencias de poder, riqueza y nivel social, según su éxito o fracaso en el manejo de los rebaños. La igualdad no rige en absoluto para los hombres jóvenes, las mujeres y los niños. De hecho, en las sociedades pastoriles nómadas es infrecuente que las mujeres tengan derecho a disponer de animales domésticos, tan valiosos para definir el nivel social dentro de estas comunidades. Los padres tienen más autoridad sobre sus hijos que en casi todas las demás sociedades humanas. Esto es debido a que los hijos dependen de ellos y de los demás hombres de generaciones anteriores para tener acceso a un rebaño que les permita casarse y adquirir el estado de mayoría de edad.
No todos los nómadas son pastores, aunque ése sea el significado de la palabra nomas en griego, de la cual deriva ‘nómada’. La mayoría de los pueblos que hoy se consideran nómadas viven de la caza y la recolección, son ambulantes y carecen de vivienda fija. De hecho, tienden a trasladarse con más frecuencia que los ‘pastores nómadas’. Los pueblos aborígenes australianos, los inuit (nombre que se dan los esquimales a sí mismos), los sans o bosquimanos del sur de África, los diversos grupos de pigmeos de la selva tropical de África occidental y central, los habitantes de las islas Andamán y muchos otros grupos de cazadores-recolectores del sur y sureste de Asia, suelen vivir en grupos de 20 a 30 personas que se desplazan a las pocas semanas de asentarse en un determinado lugar. La mayor parte de los pueblos sedentarios consideran los traslados constantes como algo agotador y difícil, y creen que los grupos nómadas de cazadores-recolectores están obligados por la necesidad imperiosa de acceder a los alimentos y el agua. Sin embargo, la alimentación no suele representar un problema, ya que los nómadas pueden satisfacer esta necesidad con relativa facilidad, a menos que hayan perdido tierras y recursos. Los factores ecológicos son sólo una parte de la historia. Normalmente los cazadores-recolectores se desplazan mucho antes de quedarse sin agua y sin comida, y con una frecuencia mucho mayor de lo que se pueda justificar por razones ecológicas. Sus culturas consideran el traslado como algo positivo y lo utilizan para diversos fines, como alejarse de aquellos con los que mantienen una relación problemática o de elementos extraños depredadores u hostiles, evitando así la posibilidad de que surja un conflicto. Al igual que los pastores nómadas, se desplazan para mantener la libertad y autonomía, y evitar el dominio y el control. También pueden alejarse de ciertas zonas porque en ellas se ha producido una enfermedad o una muerte, para visitar amigos, por placer y para participar en rituales religiosos. Dado que sus pertenencias son fáciles de transportar, consideran que implica el mismo esfuerzo trasladarse o permanecer asentados en una zona determinada. Se han registrado muchos casos en los que los cazadores-recolectores nómadas han preferido trasladar su campamento hasta la presa capturada, en vez de llevar la presa al campamento. A diferencia de los pastores, los grupos de cazadores-recolectores nómadas no suelen depender de propiedades que, en el caso de los pastores, constituyen la base de la desigualdad entre los hombres de diferentes generaciones y entre hombres y mujeres. Los cazadores-recolectores nómadas, ya sean hombres, mujeres o niños, suelen acceder a la comida, al agua y a otras necesidades sin obtener previamente permiso de los miembros de mayor edad. Al recurrir al nomadismo, evitan cualquier control y autoridad sin consecuencias significativas. Lo más importante dentro de su cultura son los valores de autonomía, libertad de movimiento e igualdad y, a diferencia de la mayor parte de los habitantes del mundo, son capaces de poner en práctica esos valores en su vida cotidiana siempre que se les permita mantener su territorio.
La tercera categoría de nómadas está constituida por aquellos que se trasladan de un pueblo sedentario a otro y consiguen vivir como músicos, quincalleros, temporeros, comerciantes, adivinos del futuro y toda una gama de ocupaciones que hoy cuenta con una constante demanda. Existen numerosos grupos de este tipo en la India, los países de Oriente Próximo y el norte de África. Por toda Europa viven los gitanos y otros grupos errantes que son nómadas o lo han sido hasta épocas muy recientes. Algunos hablan el idioma romaní que está emparentado con el hindi y otras lenguas del norte de la India. En todos los países los grupos de gitanos tienen un nivel de vida más bajo que el de los habitantes de las poblaciones sedentarias en las que se mueven. Sus desplazamientos de tipo nómada no sólo sirven para buscar trabajo y oportunidades comerciales, sino también para evitar problemas, conflictos y situaciones de violencia. Desplazarse les brinda la oportunidad de relacionarse con miembros de comunidades sedentarias que no mantengan una actitud de discriminación hacia ellos.
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