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Llanura, superficie plana de tierra, a menudo de gran extensión, resultado de la erosión o de la deposición de materiales. Constituyen casi el 55% de la superficie continental, aunque también aparecen en los suelos oceánicos, con el nombre de llanuras abisales y plataformas. Las llanuras de la superficie terrestre están relacionadas con las antiguas rocas que forman los interiores estables de los continentes, en contraste con las márgenes, de tectónica inestable, de los continentes, donde existen sistemas montañosos. Las llanuras necesitan millones de años para su formación, por lo que la superficie debe ser estable. A ambos lados del ecuador se extienden, simétricamente, sendas zonas de llanura: una serie en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur. Las plataformas de Norteamérica y Sudamérica forman un par y las plataformas africana y euroasiática otro. La siberiana y australiana se pueden considerar como un tercer grupo.
Los planos de erosión, conocidos como superficies de erosión o de planación son resultado del desgaste de las rocas sobre la superficie terrestre. El término ‘superficie de planación’ es más preciso porque muchas de las superficies que podrían denominarse superficies de erosión no son planas. Las principales formas de planicies son: pedillanuras; penillanuras; llanuras de corrosión (etchplains); panllanuras; superficies de erosión marítima o plataformas litorales y superficies de crioaplanamiento o llanuras originadas por el proceso de calentamiento y enfriamiento térmicos.
El término ‘penillanura’ (literalmente ‘casi llanura’) fue introducido a finales del siglo XIX por el geógrafo estadounidense William Morris Davis para representar la fase final de su teoría de la evolución del paisaje, que denominó ‘ciclo geográfico’, aunque es más conocida como ‘ciclo erosivo’. Aunque su concepción de la evolución unidireccional del paisaje, a través de una fase de juventud, de madurez y de envejecimiento, ha sido ampliamente criticada por ser demasiada simplista, se ha corroborado la existencia de las penillanuras, asociadas a climas húmedos y templados. Son superficies casi sin accidentes topográficos que muestran escasa relación con la estructura geológica subyacente y que están determinadas por su proximidad al nivel base, esto es, al límite inferior en el cual todavía actúan los procesos de erosión subaéreos, especialmente los asociados con los cursos de agua. En términos generales, se considera como nivel base el nivel del mar, pero también existen numerosos niveles base locales o temporales. Las penillanuras se generan como consecuencia de la erosión de las formas de relieve y por la remoción del material meteorizado y erosionado.
Las pedillanuras, tal como las definió por primera vez el geomorfólogo sudafricano L. C. King, son superficies originadas por el retroceso de escarpes y por la pedimentación. Los pedimentos son plataformas cóncavas de pendientes muy suaves a pies de laderas abruptas o escarpes. Como estos escarpes son erosionados, a menudo de forma uniforme, en toda su longitud, proceso llamado retroceso paralelo, los pedimentos crecen cada vez más. Con frecuencia los retrocesos paralelos se producen sobre más de una cara de una meseta, que con el paso del tiempo da origen a una colina residual de laderas escarpadas o monte isla (inselberg), rodeada de pedimentos. Las mesas y los cerros testigo tienen orígenes similares. Las pedillanuras tienen lugar cuando prácticamente todos los inselbergs han desaparecido, lo que permite que una serie de pedimentos se fundan en un solo bloque. Los pedimentos y, por tanto, las pedillanuras se desarrollan mejor en regiones semiáridas, donde las infrecuentes pero fuertes precipitaciones pueden arrastrar los derrubios acumulados bajo laderas escarpadas (véase Modelado desértico).
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