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Ibn Arabi (1165-1241), filósofo y místico sufí hispanomusulmán, también conocido por el nombre de Abenarabí, considerado como al-Shaykh al-akbar (‘el más grande de los maestros’). Además de su importante obra teórica, Ibn Arabi contó numerosas experiencias y encuentros místicos (premoniciones, visiones, diálogo con los muertos, etcétera) que tuvo a lo largo de su vida. Es también autor de libros de poesías místicas.
Abu Bakr Muhammad ibn Arabi, su nombre completo, nació en el reino musulmán de Murcia, en al-Andalus, en 1165. Ibn Arabi fue el primer filósofo musulmán que formalizó el sufismo, corriente mística cuyos dos fundamentos teóricos eran el Corán y la Sunna (palabras y hechos del profeta Mahoma). Lo esencial de este movimiento era la iniciación práctica a los ejercicios espirituales por parte de un maestro a su discípulo. Sus tíos también eran sufíes y su padre fue amigo del filósofo Averroes, al que fue presentado. Los numerosos viajes y estancias en los grandes centros intelectuales del mundo musulmán permitieron a Ibn Arabi hacer, de una parte, la síntesis de las corrientes sufíes y, de otra, difundir a numerosos discípulos lo esencial de su doctrina y la práctica de la vía sufí.
Dios es la realidad absoluta y esta realidad se manifiesta en todas las cosas en niveles diferentes de existencia. La vía (tariq) sufí es, por lo tanto, el método que permite leer e interpretar esos signos de la realidad con el fin de acceder a un estado espiritual cercano a un conocimiento íntimo de Dios. La progresión comienza por la toma de conciencia de uno mismo en el mundo y la obligación del discípulo de volverse hacia Dios y de no ser receptivo más que a él. Esta primera etapa es una renuncia. El segundo nivel es un estado de adoración sin límite y de admiración. El sufí es, en el corazón del mundo, un reflejo de la realidad de Dios. El resultado de la vía sufí es la experiencia íntima y el conocimiento puro de la Divinidad. Tras Ibn Arabi, al Sarraj definió las virtudes que desarrolla el sufí y que marcan su iniciación. En primer lugar, el arrepentimiento y el escrúpulo, luego la abstinencia y la pobreza, la paciencia y la confianza y, finalmente, la satisfacción y la contemplación. Murió en Damasco en 1241. Véase Islam.
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