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Ricardo Jaimes Freyre

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Ricardo Jaimes FreyreRicardo Jaimes Freyre

Ricardo Jaimes Freyre (1868-1933), poeta, ensayista e historiador boliviano, aunque nació en Arica, puerto perteneciente a Perú hasta 1880, hijo de padre oriundo de Bolivia y de madre peruana. Formó parte del círculo de escritores que se congregó alrededor de Rubén Darío durante sus cruciales años en Buenos Aires.

Durante su larga estancia en Argentina, concretamente en Buenos Aires y Tucumán, se asimiló a la cultura argentina y finalmente adoptó esa ciudadanía. No abandonó, sin embargo, sus vínculos con la realidad boliviana, donde hizo periodismo y, ya en 1893, desempeñó un cargo en la Legación de Bolivia en Buenos Aires. Al año siguiente fundó con Darío la Revista de América, fugaz órgano del modernismo cuyo objetivo era “luchar porque prevalezca el amor a la divina belleza, tan combatido hoy por las invasoras fuerzas utilitarias”. En 1901 se instaló en Tucumán, donde pasó unos 20 años dedicado a tareas culturales, universitarias y periodísticas. Escribió varias obras sobre la historia de esa región. A partir de 1921, su vida fue absorbida por la agitada política boliviana como ministro, diputado y diplomático en Estados Unidos y Brasil.

Su obra poética es breve: en un lapso de casi 20 años publicó apenas dos libros: Castalia bárbara (Buenos Aires, 1899) y Los sueños son vida (Buenos Aires, 1918). Su fama se debe al primero, que apareció con un prólogo de Leopoldo Lugones. La parte más significativa del libro —la primera, que le da título— está compuesta por un poema configurado por 13 composiciones que describen un mundo por completo ajeno a toda experiencia concreta y aun a casi todos los motivos exóticos del modernismo. Las otras dos partes del libro se llaman “País de sueño” y “País de sombra”. Castalia bárbara es un nombre apropiado porque presenta una exaltada visión poética de los mitos de la cosmogonía y la épica escandinava, con su Valhala, sus hadas y sus elfos (véase Mitología escandinava).

La gran virtud del poeta es su maestría musical, que se basa tanto en un fino oído como en un conocimiento de las bases fonéticas de las estructuras rítmicas que rigen al verso (véase Versificación). Experimentó con los de arte mayor, con raros esquemas de rimas y con formas de verso libre. Usó el hexámetro yámbico que también empleaba Darío. Eso coincide con la idea central que expone en sus Leyes de la versificación (Buenos Aires, 1912). Pero si su habilidad versificadora es notable, su visión poética misma no parece ofrecer hoy algo sustancial: es demasiado artificiosa, decorativa y preciosista como para producir auténtica emoción.

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