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Resultados en Windows Live® Corsario, todo aquel que, en caso de guerra entre dos estados, y según el Derecho internacional, se dedica, con autorización de uno de éstos, a perseguir y capturar los barcos mercantes del otro. La actividad de corsario es tan antigua como la navegación. Nació en el Mediterráneo y se remonta a los tiempos homéricos, pero es a partir del siglo XVI, y sobre todo en América, donde adquiere nuevas modalidades, un carácter legendario y nombres que se han hecho muy famosos. Con frecuencia se suelen emplear distintos nombres para señalar actividades diversas de piratería. Por pirata solía designarse al ladrón que robaba en cualquier mar. Corsario, sin embargo, era aquel pirata que robaba en una embarcación armada, con patente o permiso de su gobierno (carta de marca o patente de corso). Durante las edades antigua y media, los estados, al carecer de flotas militares, tenían que recurrir a las naves de particulares, los cuales actuaban legalmente atacando a los enemigos y beneficiándose de las riquezas obtenidas. Hasta fines del siglo XVIII, la actividad de corso no empezó a ser condenada. Otra modalidad de piratería era la ejercida por los bucaneros, inicialmente una especie de aventureros europeos, bastante salvajes, que robaban reses y cerdos en la isla de Santo Domingo y los vendían después a los barcos que atravesaban la zona. Posteriormente se transformaron en feroces piratas. Por último, también se habla del filibustero, nombre dado a ciertos piratas del siglo XVII en las Antillas que lucharon por la emancipación de los dominios españoles de ultramar. Bucaneros y filibusteros deben mucho a la obra de Alexandre Olivier Oexmelin (o Exquemelin) titulada Bucaneros de América, publicada en Amsterdam, en 1678, reimpresa muchas veces y traducida a varias lenguas. Por ella conocemos a muchos personajes legendarios. Andando el tiempo, las islas de la Tortuga y de Jamaica se convirtieron en importantes fortines y almacenes de bucaneros y filibusteros, entrando también en la leyenda. Los piratas y corsarios perturbaron gravemente la navegación española a las Indias desde el comienzo, y solían intensificar su actividad en tiempos de guerra. Entre 1520 y 1559 predominaron los piratas y corsarios franceses (en 1522, el corsario francés Jean Florin se apoderó del tesoro de Moctezuma enviado por Hernán Cortés al emperador Carlos V). De 1560 a 1648, fueron los corsarios ingleses y holandeses, con personajes como Jacques Sore, François Le Clec, ‘Pie de Palo’, los Hawkins (William y su hijo John), y Francis Drake, protegido de la reina Isabel I de Inglaterra. Durante el siglo XVII, cabe recordar a Bartolomé Portugués, Rock Brasiliano, Francisco l’Olonais, Lorencillo y Henry John Morgan. Cuando la Corona española quería proteger la flota de las Indias que transportaba los tesoros americanos, organizaba unos convoyes bien defendidos contra los que no se atrevían los corsarios. Pero, generalmente, los particulares solían incumplir las ordenanzas de seguridad y sufrían a veces asaltos y extorsiones. Las zonas más vulnerables del Atlántico y en las que solían atacar los corsarios eran los aledaños del Caribe y, al llegar a Europa, la zona comprendida entre las Azores y el golfo de Cádiz.
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